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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009. En el que Arnold Vinick y Belén Esteban se morreanHacía tanto tiempo que no me pasaba por aquí que ya ni recordaba cómo entrar en la zona de publicación o dónde publicaba las fotos. En fin. El ala oeste de la Casa Blanca es una serie grande porque al margen de tramas más o menos bien llevadas y personajes con los que casaríamos a nuestra primogénita, nos daba microescenas que hacía a la audiencia pegar alaridos de placer. Recuerdo cuando los demócratas se deciden al final por Santos y sale por la tele como si hubieran inventado la Cocacola. En ese momento, se ve a Vinick levantándose del sillón muy decidido y sin cambiarle la compostura le dice a su equipo "Let’s win this thing". Fantástico. Hoy me ha dado el punto de pensar de que, especialmente ahora que media blogosfera está descubriendo Babylon 5, es hora de hacer uso de la conexión que le mango a mis vecinos para publicar las mongoladas que tengo anotadas en 47 cuadernos y 815 servilletas, aunque solo sea para hacer de consultorio de la Señorita Pepis cuando todos se pregunten qué estaba fumando jms cuando escribió el final de la guerra de las sombras. En fin, que por ahora se acabaron las vacaciones... ...¿mentiendessss? Vender derribosComo todo buen teligioso, paso muchísimo de la crisis y del fútbol y me desayuno empapándome de la TVGuide, Television Without Pity y demás páginas imprescindibilísimas para estar informado de lo que de verdad nos importa. Quien dice «desayunar» dice «pasar el rato en el trabajo». Llevo ya casi un par de años tratando de ignorar un hecho evidente, pero no por ello ignorable: de nuevo vivimos horas televisivas bajas. No voy a negar que esta década ha convertido la tele en todo un acontecimiento, sobre todo si uno tiene pasta y mucho tiempo libre para perseguir «experiencias web», webisodios, y mercadotecnias varias, pero no todo se puede llevar a la charcutería como Lost. Vamos, que no creo que haya mucha gente dispuesta a pujar en eBay por calcetines con tomates usados por algún actor de CSI Sanchinarro que contienen pistas del penúltimo clifjánguer de turno. Me dan penita los redactores de las webs, porque los pobres tienen que vender programas que ni Daniel Écija homenajearía, y cuando hacen sus «top 10» de apuestas fuertes, tienen que meter cuatro kilos de tocino a ver si cuela. ¿Pues no resulta que una de las apuestas fuertes de este año es un espínoff de NCIS con LL Cool J? Por no hablar de que todo lo bueno que aciertan a decir de Flashforward es que sale Sonya Walger. Sonya Walger está muy buena de cuerpo entero, como comprobamos en el horror aquel de Tell me you love me, pero no hay quien nos convenza de que su serie no vaya a resultar la nueva Jericho. [Y la parte inocente que hay dentro de mí dice: recuerda que las Marujas desesperadas y Veronica Mars pintaban fatal cuando leímos la descripción.] Total, que todas las mañanas contemplo con pasmo la temporada que se nos avecina y lo único que me apetece es revisionar episodios de Grosse Pointe, Star Trek: La del calvo o Alias. A lo mejor lo hago, mientras la CW se decide a rescatar Body Politic de la quema. PD: Qué penita que hayan largado a Michaela Watkins del SNL. A lo mejor la puede sustituir Eva Hache. Siempre nos queda la fenomenal Kristen Wiig. Avenida Melrose n.º 4616
Vamos con lo malo por delante. El público está hasta más arriba del último pelo de tanto rimeic ascopenoso y no se molestó en ver el piloto ni Andrew Shue. Al fin y al cabo, lo emite la CW, que es como la Sexta yanqui (aunque no emiten Sé que lo que hicistéis) pero orientada a una audiencia especializada, o eso dicen, porque ni ellos terminan de adivinar a qué audiencia apuntan (¿jóvenes? ¿mujeres? ¿negros? ¿seguidores de Falete?). Por otro lado, aunque Darren Star (algún día nos tocará cantar sus alabanzas) tuvo algo que ver con el piloto, los verdaderos responsables de la nueva Melrose son Darren Swimmer y Todd Slavkin, ex productores de Smallville. Tomemos un poco de aire, abramos los chakras y pasemos por encima de esta cuestión, por favor. Tercero: Ashlee Simpson-Wentz. Por último, esos flashbacks que pintan menos que la cantante de Cómplices. Podría ser mucho peor. Si la serie consigue algo de bola en los medios, quizá sobreviva un año y al menos nos dé la oportunidad de mirar por un agujero cómo transcurre la vida en la mejor corrala del telemundo. A lo mejor los productores tienen algunas ideas jugosas que les rediman de tanto maizal y superhéroes sin capas, y a Ashlee se le podrían soltar todas las tuercas y autoinmolarse en un episodio you don't wanna miss cuando llegue diciembre. Para tal fin, ya estoy manufacturando un altar pagano en mis ratos libres.
En la CW han aprendido de tooodo lo que sale mal en 90210 y han captado algo del espíritu original. Aunque adolece de ese diseño de producción tan insípido y genérico que se ha hecho marca de la casa de toda serie adolescente, se han esforzado en crear personajes y tramas diferenciadas. Arquetípicos, sí, pero con atisbos de echar raíces. Mientras que en Beverly Hills --las comparaciones son odiosas-- todos los protas parecían cortados por el mismo patrón y nos cocinaban secuencias que serían ridiculísimas incluso para un episodio de Física o Química (¿mamadas en el coche a la puerta del instituto?), aquí se molestan en abrirnos las puertas de los pisazos de adobe antes de bajarnos la bragueta. Naturalmente, tiene sus dosis de imbecilidad, psicotropía y dilemas absurdos (¿me prostituyo para pagar la facultad?), pero eso era Melrose Place en toda su gloria, ¿u os habéis olvidado de cómo eran los 90 que nos están obligado a revivir? Tenemos al chico bueno, a la perra que pretende tener buen corazón, a la mala actriz, a los machorros que jamás van al gimnasio (o la biblioteca), esas caras mirando al éter mientras consideran su próxima zorrez y a Michael Mancini. Incluso se palpa esa ociosidad sempiterna de sus protagonistas, como si siempre fuera verano, y la sensación de que las cosas pueden torcerse a lo grande con un irrealismo extrañamente verosímil. Quitémonos de encima los flashbacks de Sydney (resucitándola por segunda vez), añadamos otra vez algo de saxo cutre a la banda sonora y pongamos a trabajar a alguien en Publicidad D&D. ¡Melrose ha vuelto! Regreso a JericóCon un poco de suerte, la semana pasada, David S. Goyer y Brannon Braga experimentaron un breve fogonazo de 137 segundos en el que se vieron a ellos mismos el 29 de abril de 2010 con trabajo. Probablemente la ABC esté contenta con Flashforward y sus 12 millones y medio de telespectadores --es para estarlo-- y no tarde en dar luz verde a una temporada completa más allá de los primeros trece episodios. Permitidme que me sume al carro de los que aún no están convencidos de esta enésima "Nueva Perdidos". Vayamos por partes, amigos. Flasforward comete dos pecados capitales. El primero y más grave es el de tener unos personajes completamente insípidos e indefinidos. Cambiad a la doctora por el chino, al prota por la canguro, o al técnico de la luz por la agente del FBI y la historia no cambiará nada o lo hará poco. Cualquier producto de ficción digno de mención se ha basado en unos personajes bien perfilados en los que se ha entroncado la acción, y no al revés. Aquí parece que los personajes son la excusa y la historia es lo que importa y no al revés, a pesar de que pretendan convencernos de que el fogonazo como el macgufin que lanza la serie.
El segundo es practicar el nuevo deporte televisivo: "Somos la nueva Perdidos". Héroes fue la única que casi lo consiguió. Atrás quedaron Invasión, Proyecto Threshold, The Nine, Day Break, Jericó e, incluso, Eureka. Desde entonces, nadie ha caído en la tentación de una manera tan estrepitosa y evidente, aunque eso se deba más a la ABC que a la serie. Quizá hay que recordar que ni siquiera Perdidos quería ser Perdidos. Perdidos era un drama de 47 personas que caían en una isla desierta y trataban de salir de ella mientras se preocupaban por subsistir. Las drogas en la sala de guionistas llegaron unos meses más tarde. No se puede forzar a una serie, a golpe de publicidad o de lo que sea, a sublimar en el piloto un fenómeno que ha tardado años en gestarse. Los ejectivos de la tele son idiotas por creerlo así, los guionistas más por dejarse convencer y la audiencia... bueno, ya sabemos cómo es la audiencia. Sobre todo, hay que ser honesto con el espectador. Uno no puede creer que haya habido una catástrofe planetaria a las 10 de la mañana y que a media tarde el hospital esté vacío y los médicos se estén haciendo confidencias a media luz. El tema apocalíptico es golosísimo, pero no solo de explosiones-CGI vive el hombre, aunque un helicóptero con el piloto inconsciente tarde más de cinco minutos en estrellarse. Se supone que han muerto millones de personas por causas desconocidas: el drama se tiene que palpar. Aquí, en vez de correr a encontrarse con el amado para abrazarle cuando no pueden hablar con él, los personajes regresan al trabajo sin despeinarse e, ítem más, resuelven el misterio en una conversación que dura aproximadamente dos minutos. Además, los golpes de efecto se ven venir (mi apuesta: el chino is in the garlic). Me recordó a Jericho. Por supuesto Flashforward o, por ejemplo, Física o química pueden convertirse en las piedras angulares de la nueva televisión. Una serie tiene que crecer aun cuando la maquinaria publicitaria no la va a dejar orearse. Las credenciales de los ejecutivos --Star Trek Voyager, Enterprise, Blade: La serie o Proyecto Threshold-- no son las mejores referencias, pero lo bueno de pinchar en hueso y seguir teniendo el favor del público es que solo puedes ir para arriba. Tendrán que invertir en buenos personajes que no posean personalidades de quita y pon y en una trama que no confíe en golpes de efecto o que no base su inercia argumental en fuegos artificiales que exploten antes de irnos a publicidad. Más vale que lo entiendan, por mucho éxito de audiencia que tengan. |