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Otra que embarcaEsta semana ha finalizado la octava temporada de Scrubs tal y como todos nos lo imaginábamos. Sé que a estas alturas estoy prácticamente solo en mi condición de fan de los chicos del Sagrado Corazón, pero hacedme un huequecito y dejadme dedicarle unas líneas a la comedia recién llegada a la ABC, una de mis pequeñas campeonas. No es fácil subirse al carro de Scrubs o disfrutarla de una manera casual. Scrubs ha tratado de reinventarse un par de veces en su forma y, si al final regresa para un noveno año, tendrá que hacerlo de nuevo, esta vez en su fondo. Seguirá siendo una serie que no auna masas, pero eso la hace mucho más nuestra y singular. Dos hombres y medio para las masas. Hay que reconocer que el capítulo adoleció de falta de ritmo durante casi su totalidad, aunque concentró la fuerza y las lágrimas en los diez minutos finales. Viendo el episodio me he dado cuenta de que hace años que Scrubs encontró el paso narrativo que le caracteriza y cambió el traje de serie alocada y llena de sketches por una comedia al uso, más estructurada en torno a un argumento y adornada con golpes de humor y situaciones absurdas. Eso es lo que la hizo descender tanto y tan deprisa tras sus años iniciales, y lo que le ha dado un cierto estado de culto. Si escribir un final es difícil, peor resulta cuando se trata de una comedia. Ahí tenemos el final descafeinadísimo de Friends, por citar un ejemplo reciente. En Scrubs han recurrido al habitual montaje musical que se mueve en la delgada línea que separa la ñoñería del buen gusto y, en esta ocasión, han sabido hacerlo sin defraudar al fan medio. J.D. reflexiona sobre su futuro --posible futuro-- y cuando somos testigos una vez más de su enésima fantasía, el viaje nos hace caer en la cuenta de que puede que jamás volvamos a ver a este minimundo de protagonistas, secundarios y estrafalarios de la semana. Cuando unos personajes con los que has crecido se despiden, una pequeña parcela de nuestro amor teligioso arde y desaparece con ellos. Se hace un poco duro pensar en un mañana en que no podamos disfrutar de la humillación de Ted, de una nueva versión de los «Choca esos cinco» de Tod, de los muffins del doctor Kelso, de la nueva vuelta de turca del celador (¿o es Glenn Matthews?) o del momento en que Sam le pida a Isabel la mano y Turk y J.D. se conviertan por fin en consuegros. Con este panorama, y comenzando a masticar el tortuoso duelo, uno no sabe si cruzar los dedos y desear con todas sus fuerzas un noveno año de Scrubs o dejarse embaucar por la melodía de «Book of Love» y decir adiós con la manita. Otro capítulo televisivo que concluye. Veremos si escriben el siguiente o si nos regalan otro libro. Hasta siempre. Comentarios > Ir a formulario |