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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008. Pongámonos a ello
Lo creáis o no, tengo unos 16 artículos a medio escribir en la zona de borradores --algunos idiotas, otros mucho más idiotas--, ¡incluidas algunas reseñas e ideas sobre estrenos del otoño pasado! así que he pensado que a lo largo de los próximos diez días, mientras el estío se decide a debutar con su sol de justicia, los iré dando salida para poder allanar el camino a lo que nos llega; y cuando arrive julio, el Gran Tubo dirá de qué --y cuando-- escribo. ¿Qué tal si damos una ronda a noticias, chismes e ideas generales? Pues allá vamos. Aún se notan las consecuencias de la huelga de guionistas. El séquito retrasa su estreno a septiembre y reduce en dos el número de episodios de su quinta temporada. Es cierto que la cuarta fue algo irregular, pero muchos confiamos en que la versión masculina de Sexo en Nueva York (gente hablando de idioteces y gastando pasta como si les quemara en las manos) aún tiene chicha que ofrecer. Al menos, nos quedan las aventuras de los Botwin, que tras el final de la tercera temporada, tiene pinta de reinvención; hasta hay dudas de si la canción «Little Boxes» y sus infinitas versiones serán parte de la serie. Weeds, como todas las grandes en algún momento de su historia, se encuentra en la disyuntiva de triunfar o saltar el tiburón. Michael Ausiello se ha cambiado de bando y ahora será parte de la Entertainment Weekly. Como no leo la EW, es un periodista menos que leer con renuencia. Teniendo a Matt Roush, Amy Amatangelo (que ya ha inaugurado la temporada de los premios Amy), Rosa Belmonte, Maureen O’Hara, mis eneamigas, mi mac-rival y decenas de envidiados teleadictos, ¿quién necesita a la Ana Obregón del mundo del periodismo todo el día en la portada de la TV Guide? Eso sí, suerte al concejal Ausiello y a las aussholes.
Terminada la temporada 2007-2008, estas son las series que se caerán de mi ciclo televisivo en 2008: Héroes, Anatomía de Grey y Samantha Qué. No estoy diciendo que las dejaré de ver, pero no las seguiré semanalmente, sino que probablemente rellenen huecos. Tampoco digo que sean malas (o muy malas), solo que no merecen tanta atención. Por ahora, resultan más atractivas Sexy Money o Criando malvas, por ejemplo; y quizá algún día me lance a ver Torchwood, Mad Men o Californication, pero dudo mucho que alguien me convenza para darle una tercera oportunidad a Gossip Girl o a Dexter. Te echaré de menos, Back to you, comedia que ni siquiera ha tenido campaña de salvamento.
No quería hablar de Perdidos porque parece que no hay otra cosa de la que hablar en los blogs y ya sabéis que intento huir de eso, así que lo apañaré en un párrafo. La cuarta temporada ha sido estupenda, pero sigo pensando que más redonda fue la segunda, porque de repente se empezaron a tomar riesgos y a cambiar las reglas del juego: se dejó de sugerir y de jugar a la equidistancia entre el drama y la ciencia-ficción y se decidieron por esta última. La cuarta ha resuelto tramas y ha abandonado ideas que, con sinceridad, jamás podrían explicarse satisfactoriamente, pero no hace más que profundizar en algo que se introdujo hace dos años. De la misma manera que resulta más sugerente un escote que un desnudo total, la cuarta temporada ha mostrado más carne, pero se ha dejado la novedad por el camino. Fantástico año y ojalá los dos que nos quedan sigan siendo tan divertidos y magníficos. Las nuevas Sensación de vivir y El coche fantástico siguen adelante y veremos qué les depara el futuro. Sensa acierta con la cadena, pero uno se pregunta si en la tele de hoy hay lugar para una serie que, asumámoslo, no tiene absolutamente nada que aportar al panorama adolescente actual, salvo el tirón de la nostalgia de los que hoy rondan el final de la veintena y la treintena. Nos apuntaremos al visionado del piloto, pero 90210 tiene aproximadamente dos episodios para convencernos de que moriremos si no la seguimos semana a semana o se hundirá en la más absoluta de las miserias, con o sin Donna Martin. No olvidemos que la Sensa original tuvo tal repercusión que cuando Jason Priestley e Ian Ziering vinieron a España, el ejército tuvo que escoltarles de Barajas a Telecinco por la que había montada en el aeropuerto. No creo que los lifting jokerescos de Lori Loughlin puedan hacer que tal cosa se repita. El trailer no mola nada --«Celia is the contemporary, modern-day mom. She is as cool as her children [...]», ¿pero qué leches dice la tía Becky?--, a ver si este verano se curran otro mejor. Propongo un remake-spin off-crossover de Los primeros de la clase con una jovencita Robin Sparkles de protagonista. En fin, amiguetes, ya véis que no me faltan tontunas para divagar y eso es lo que quiero seguir haciendo un poco más mientras el tiempo lo permita. Puestos al día con las tontunas y noticias más noticiosas, es hora de continuar. Pongámonos a ello. * (c) IreneBTW Es tele para viejosSi seguís las páginas y blogs dedicados a la información televisiva seguro que ya os habréis enterado de lo de la nueva imagen corporativa del Ente. A la nueva página web, presentada hace pocas semanas, se le une el lavado de cara de sus logos y colores, un mejunje de luz, renovación o algo así que nos intentó colar Luis Fernández.
En general, la elección no ha sido del agrado de propios y extraños, pero el logo es lo que menos me preocupa de la nuestra. TVE tiene que entender de una vez por todas que hace 15 años que dejó de ser una cadena para la juventud. Una televisión que nos ha robado del prime time la muerte de Leo, los viajes a África de Carter, los dardos de Bree o las maridrameces de Desmond mientras lo satura de seriales de época o reposiciones de Pretty Woman no está pensando en la totalidad de su audiencia... ni siquiera en la mayoría de la misma. El futuro del Ente, la Corporación o como se denomine hoy en día pasa por subirse al carro de la fragmentación de audiencia; ya que, de facto, es una tele para viejos, que se quiten la careta por fin. Dejen de gastarse las perras en productos carísimos que van a sacar por la puerta de atrás forzados por la inminente llegada del DVD; dejen los experimentos y el rollo de servicio público para La 2, o comoquieran redenominarla, y acepten de una vez por todas que lo suyo es programar pelis de Paco Martínez Soria y concursos mierdas de baile y galas de esmóquin y señoritas florero. El peor nombre de la historia para un bar
En su temporada de expansión, Globomedia, Manuel Ríos San Martín y Manuel Valdivia, desembarcaron en Telecinco con la respuesta española --y, por supuesto, descafeinada-- a Melrose Place; jovenes adultos, guapetes con líos de pareja, trabajo, asuntos familiares que se juntaban en una piscina --algo que, entonces, vestía mucho-- y en un bareto mejicano llamado Más que amigos o, simplemente, el Masque. Te cagas. Resultó la temporada perfecta para lanzar una serie de esas características y no tardó en tener una audiencia discreta pero fiel. Vamos, que se convirtió casi en una serie de culto. Además, se invirtió un poco de dinero para vendernos la serie --hasta usaron la canción «Bitch» de Meredith Brooks para promocionarla, ¡uaaao, qué modernos!-- y, alabado sea el Gran Tubo, se huyó del trinomio «pedos, tetas y mariconas locas» para construir unas tramas basadas en historias tontorronas con personajes no muy caricaturescos. Por fin un producto español desechó la pretenciosidad como punto de partida y consiguó crear algo que se pudiera disfrutar verdaderamente.
La serie tuvo tres temporadas de esas extrañas que se hacen en España (cuando juntas dos episodios seguidos ya se considera una temporada), pero la que tuvo verdadera relevancia fue la primera. Tras ella, rebotó por la parrilla hasta desaparecer, con un cierto final (feliz), aunque el baile de actores --incluido el infecto Javier Martín-- y cambios de tramas acabó por hacerla perder parte de su encanto. Figuráos que hasta el triángulo Mar-Víctor-Nuria tuvo su gracia y todo.
Tengo miedo de verla de nuevo, no sea que se me caigan los palos del sombrajo pero, aferrándome al recuerdo, vaya por aquí un enlace y un homenaje a la mejor serie que Daniel Écija ha producido jamás. |