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Reinventen el clásicoNo os cogerá de nuevas si os digo que internet le ha hecho un enormísimo favor a la televisión. Antes, cuando una serie finalizaba, apagábamos la tele y nos dedicábamos a otra cosa, pero ahora corremos al ordenador (si es que no hemos visto precisamente ahí el episodio) para escribir en el blog, en algún foro, leer artículos sobre el tema o simplemente darle al ratón como locos en IMDB, TV o alguna similar. Gracias a internet, sabemos más --aunque sigamos siendo ignorantes, ya hablaremos de eso--, nuestro corro de amigos se compone de millones de telespectadores y contemplamos el visionado no como algo pasivo e unidireccional sino como toda una experiencia en sí misma donde queremos --y sentimos que debemos-- participar.
Por fin, los televidentes somos una comunidad, raramente organizada, pero casi siempre ruidosa e influyente. Ahí está el tema de los guionistas televisivos; por loable que fuera la petición que escudaban tras una huelga, no hay duda de que sin el apoyo generalizado del público, no habían llegado a nada, a pesar de que la aventura nos destrozó la vida a casi todos los telespectadores (y a los pequeños guionistas). Gracias a internet y al revisionismo/visionado activo, podemos realizar afirmaciones bastante sorprendentes; por ejemplo, que The West Wing le debe mucho a Spin City, que a su vez le debe mucho a El Presidente y miss Wade (así que todo queda en casa). La información es poder. La información y la gratuidad, naturalmente. Hace dos semanas, paseando por un mercadillo, ví una caja de viejas cintas de vídeo. Sobre ella, el VHS de «El camino del guerrero», uno de los mejores episodios de la historia de Star Trek en general y Star Trek: Espacio profundo nueve, en particular. Hace 10 años, algún fan loco habría pagado unas 4000 pesetas porque se la enviaran de importacion a casa. Hace dos semanas, ni siquiera saqué las manos del bolsillo para echarle un vistazo. Nada de esto es nuevo. La prueba está en que si llevo casi cinco años juntando letras sobre la tele, probablemente ni siquiera hace cinco años este tema fuera nuevo o revolucionario. Hay en el ambiente --así me lo parece-- unas ciertas expectativas de que algo va a cambiar, de que se producirá un nuevo salto cualitativo en el mundo multimedia que volverá a afectar a nuestra querida caja tonta y, con suerte, se trasladará al blogomundo. Así lo espero, porque empieza a estar gastado eso de hablar de la «nueva tele» o de definirse a uno mismo como espectador de «tele de la buena» o «tele de calidad» (tecleadlo en el Google y eructad la sintonía de Metrópolis). Vivimos una nueva vieja tele y ya es hora de que el prêt-à-porter dé un paso atrás y regrese la alta costura, pero la de la nueva temporada. Comentarios > Ir a formulario |