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En los límites de la realidad
Los fans del Infierno constituyen un grupo digno de estudio: una inmensísima minoría que grita mucho, un grupo enano que jamás alcanzará su masa crítica, una pandilla que reclama atención infructuosamente con los extraños objetivos de tener algo que decir en los consejos de administración de las cadenas, en la reunión en la que se decide qué publicar en la TV Guide o en lo que Greg García garrapatea en sus guiones. Quizá por esos sueños tan irrealizables y por lo dúctil y volátil de sus opiniones y gustos, el mundo de la tele ha funcionado, funciona y funcionará siempre igual: con ellos siendo los últimos monos y a callar. Hay algo de la cuarta temporada de Perdidos y sus fans del Infierno que me fascina. Durante tres años y medio han sido capaces de aceptar milagros curativos, niños con poderes, números omnipresentes, nubes negras sacadas de un episodio de Tom y Jerry, osos polares en el trópico, fantasmas, los Otros, los otros Otros, los otros otros Otros, carambolas sociales que dejan la teoría de los seis grados de separación en un cuento de Hans Christian Andersen y, sobre todo, el puñetero botón de la escotilla. En el cuarto año hemos visto la rallada definitiva: una máquina que proyecta la consciencia en el tiempo a través de un rayo láser de lo más gay friendly. Bueno, pues todo eso es aceptable para los fans del Infierno. Eso sí, que luego X sea la mamá postiza de Y o que M acabe enrollado con N es una chapuza argumental digna de que a alguien le cuelguen por la entrepierna y le coman los ojos los cuervos. Foros y foros dedicados a la imposibilidad de tal cosa. ¿Véis cómo nos va más el culebroneo que a un tonto un lápiz y merecemos que nos azoten con más temporadas de Prison Break, CSI y House? Comentarios > Ir a formulario
Si te digo la verdad yo lo veo pura y duramente por el culebroneo. El resto de la serie pues bueno, te llevas tu wtf semanal y otra cosa. Fecha: 05/04/2008 03:27. |