Puedes enlazarme: Blog publicado bajo licencia Creative Commons: |
Vamos a votar de la mano de Dylan y DonnaTal y como
Sin duda, ha sido El ala oeste la serie que más didáctica y patriotismo ha hecho en la historia de la tele. A rebufo de aquella, la NBC intentó repetir el éxito --sin conseguirlo-- con Mister Sterling, otro drama político de la NBC ambientado en el universo bartlettiano, y los chicos de Section Eight trataron de darle una vuelta de tuerca al género en la HBO con K Street, infravalorada y aburrida a partes iguales. Algo similar sucedió con Jack & Bobby, que se quedó a medio camino entre el drama y la política. Pero, claro, ninguna de esas series cuentan.
Los modos y medios de las elecciones estadounidenses, comedias de candidatos y apoyos públicos (de ambos bandos) están ampliamente representados en la tele. Una de las primeras cosas que aprendimos los adolescentes españoles, antes siquiera de entender nuestra vapuleada Ley D’Hondt, era que en EE UU, los ciudadanos con capacidad legal de voto tienen que registrarse para poder hacerlo. Dylan McKay se las daba de listo en su 18º cumpleaños, pero se quedó con un palmo de narices cuando descubrió que al no haberse registrado a tiempo, los Amigos de la Bahía --un partido real-- no contarían con su voto. Puede que a Donna --solo pronunciar su nombre produce carcajadas-- se la considere la tontita del grupo, pero se supo registrar a tiempo y pudo votar. Está claro que no fue la primera de los sensas en yacer con varón, pero se les adelantó en algo. ¿Quién nos iba a decir que Caratoro Spelling nos enseñaría civismo?
Otro de los aspectos curiosos (y algo tercermundistas) de las elecciones estadounidenses es que, además de existir el colegio electoral, también se dan las polling stations, lugares oficialmente sancionados por el estado donde se puede votar. De este modo, aunque es poco común, puedes ir a votar a casa de tu vecina, la Basi, mientras intercambias recetas de croquetas. Es algo parecido a lo que vimos en The New Adventures of Old Christine cuando Christine llegó a votar por los pelos al garaje de una vecina con malas pulgas. Luego, te ponen una pegatina de I Vote, que queda de lo más chachipiruli y «demócrata», una palabra que queda estupendamente en los periódicos y panfletos opinadores en general. Olvídate de las Vans y las Dolce&Gabanna, ¡sin tu pegata de I Vote, no molas nada!
Igual que ir al centro comercial, ser elegida reina del baile, que se te cuele una maruja en el súper o que te tonguen comprando tu primer jet privado (la pura realidad), las elecciones son algo tan normal y cotidiano en Estados Unidos, que simplemente se ven como un elemento adicional válido y útil para contar una historia. Ya lo importaremos a nuestras series y, con suerte, no será una excusa más para encabronar más al personal con que si el cejas o el barbas. Si hemos importado la tontuna esa de los niños de primaria, ¿por qué esto no? Comentarios » Ir a formulario
Tio, en serio, después de esta entrada tengo que enseñarte un juego de mesa alemán con el que te vas a cagar.
Fecha: 13/03/2008 20:48.
No pero es un juego de elecciones en el que puedes montarte una campaña superplanificada.
Fecha: 14/03/2008 16:08. |
Tertulias televisivas emitidas 1x01 Series españolas (Piloto)
Archivos
|