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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007. ¡Gafes!
Nuestro nunca suficientemente ponderado Christopher Gorham resulta seguramente el mayor gafe que jamás ha conocido la caja tonta. Él solito hundió Odyssey 5, Jake 2.0, Investigación médica y Out of Practice, que no pasaron de la primera temporada (aún hoy, la cancelación de Odyssey 5, éxito de audiencia y crítica, es algo que tiene perplejos a los televidentes) y, casualidades, participó en los dos únicos años de Popular y el último año de Felicity. Si yo fuera Salma Hayek, le echaría de Ugly Betty sin pensármelo ni un segundo. Lo de Tim Minear tiene delito porque su gafe afecta directamente a las series que él mismo crea o en las que hace de productor ejecutivo. Aunque con Angel le salió bien, su esfuerzo gafístico se ha visto recompensado con el hundimiento rápido y eficaz de Wonderfalls, Standoff, The Inside, Firefly y Drive, además de contribuir a la cancelación de Lois y Clark: Las nuevas aventuras de Superman. El chaval no arroja la toalla, lo cual es encomiable, pero si eres guionista en Burbank, por muy desesperado que estés, no le pidas a Minear que te produzca la serie.
Después de que Shonda Rhimes haya tenido que forzar la sonrisa de pepona más de lo previsto el año pasado para asegurarnos que el elenco de Anatomía de Grey se llevaba a las mil maravillas y que todos meaban Coca Cola, se nos ocurrió decir a los seguidores que la tercera temporada fue bastante truña, y ¿con qué nos salen ahora sus productores para solucionarlo? Con la adición de Chyler Leigh al elenco de la serie en su temporada más crucial. La Leigh ha sido responsable del hundimiento de That 80 Show, Girls Club (no pasó del piloto), North Shore y Reunion. Creo que cuando se enteró de la noticia, Ellen Pompeo se metió cuarenta kilos de silicona en cada labio para compensar el disgusto.
Quizá pronto llegue la hora de enviar una carta al sindicato de actores para que impidan que estos personajes se acerquen a menos de 100 millas de cualquier productora televisiva (os la estáis jugando, Marujas, al contratar a Nathan Fillion). Mientras ese momento llega, creyentes y escépticos, tomad esta lista como queráis, pero si algún día vuestra serie favorita y exitosa cambia de signo o desaparece en algún agujero misterioso de la parrilla, preguntáos si no rondará un gafe de estos por sus guiones, agazapado entre las secuencias con la única intención de tirar de la cadena y mandarla a paseo por las cloacas herzianas. ¡Tenemos culebrones! (VII)
Podría pormenorizar sobre los personajes y tramas de cada una de las series, pero yo creo que con distinguirlos como «el de Peter Krause» (Dirty Sexy Money) y «el de Michael Vartan y Dylan McDermont» (Los machirulos), vamos aviados para hacer un corte grueso, ¿no? Las dos de la ABC, su diferencia principal estriba en que la primera aspira a ser un drama familiar a lo Dinastía --incluida gente con pelas, misterios, hijos ilegítimos, drogas y odio-- con algo de moralina en el personaje del propio Krause, que se vuelve a dejar flequillo como a nosotros nos gusta, pero al que no dudan en pararle los pies cuando mira con desdén a los ricachonísimos Darling. «Creerás que eres mejor que nosotros, pero a ver de dónde ha salido el dinero que ganaba tu padre para pagar tus facturas», le espetan (estoy parafraseando). Perlas así solo pueden ser obra de Greg Berlanti, al que amábamos por Everwood y que pegó la campanada el año pasado cuando se hizo con las riendas de Cinco hermanos, pero que ahora quiere, junto al creador Craig Wrigt (que tiene un currículum impresionante), dar un poco de profundidad a una serie que, de otro modo, estaría tan hueca como Gossip Girl. Quizá lo consiga.
El fallo de Los machirulos estriba en que quizá apunta muy alto y se la puede pegar porque, asumámoslo, Sexo en NY y sus versiones, derivados puede que entretuvieran mucho, pero siempre han sido una chorrada increíble sin la mayor trascendencia. En este caso, tenemos a cuatro hombres en posiciones altas y somos testigos de sus problemillas y chorraditas, en plan cuernos, amantes, imagen pública e hijas rebeldes. Sin embargo, siempre es de agradecer una factura técnica adecuada, actuaciones correctas (creo que me reconciliaré con Michael Vartan y todo) y algo de escapismo sin piedad, sumado al hecho de que, por qué no decirlo, no son el doctor Troy, pero se agradece algo de testosterona en la tele. A mí me han hecho gracia las dos series, pero me inclino por la de los machotes solo porque Michael Ausiello definió su piloto como «un festival de mierda recubierto de asco». A disfrutarlas. Esos implantes zumbanHe de reconocer que nunca fui justo con La mujer biónica; me impresionó que la NBC la anunciara a bombo y platillo, pero me dejó estupefacto el aparente entusiasmo con que foros y aficionados parecieron recibirla. No era nada especial, nada cuantificable, como si no tuviera demasiada empatía con la serie, un pálpito. Me daba la impresión de haberme caído de nuevo en los 70 tras una mala noche de juerga, donde los fusibles resultaban ser la teconología punta y los cardados y hombreras, el último grito (o, más bien, alarido) en la moda. Si habéis leído las cuatro tontunas que dije sobre el piloto, veréis que tras visionar el primer episodio, sigo sin explicarme exactamente por qué el pavo ha puesto más de dos dólares en el producto.
Ya sabéis que me va la marcha, y aunque hacer apuestas salvajes tiene su riesgo, es tan atractivo acertar como fracasar estrepitosamente y que todos de dilapiden un poco en los comentarios, así que además de afirmar que Anatomía de Grey sufrirá un tremendo bajón en su audiencia, os hago testigos de mi corazonada biónica; tras ver los dos primeros episodios, firmo donde sea que no pasará de una temporada y quizá ni siquiera de los 13 episodios iniciales. Incluso mejor que la vida real
Así que no importa si Rachel se abalanza sobre Ross para besarlo, Sydney Bristow esquiva un bombazo enemigo o Delenn aparece con tres estrellas blancas a sus espaldas para defender Babylon 5: no puedes evitar aplaudir y sonreír mientras sientes que una oleada de adrenalina viaja por tus venas, como si tu hijo se graduara en el instituto o te tocara la lotería. Esta temporada, tales momentos me los está dando The Office. No puedo mentir, los amo a todos: a Angela y su rollo Rotenlmeyer, a Dwight y su retraso social, a Kelly y su personalidad ultrayeni, a Tobby con su fachada de hombre seguro e interior de cotilla e inadaptado, al nuevo macho-alfa Ryan... y, sobre todo, Jim y Pam, que deciden abandonar la vida furtiva tras la cámara. Phyllis, Andy y Óscar puede que se alegren mucho, pero yo me alegro más (aunque sea del equipo Karen). Los enfermos televisivos somos así. ¿Qué hacéis que no estáis viendo The Office? Devorando RIS, como si lo viera. Angela: I’m having relationship problems, and since you’re always having relationship problems I thought you’d be able to give me some advice. Hasta Stanley lo está flipando:
A la española¿Sabéis lo que más me molesta de la producción patria? Que por algún extraño acuerdo secreto y endogámico de la industria televisiva de nuestro país, «a la española» signifique «simplificado». Que sí, que nos sabemos la eterna cantinela de «en España no hay medios« o que «no podemos compararnos con los EE UU porque tienen mucho dinero» y tal y cual, pero a la hora de la verdad, cuando se trata de hacer series que plagian directamente de los vecinos del Imperio, me da la idea de que se toman el guión del episodio piloto y un rotulador rojo y se ponen a tachar como locos hasta que les quedan solo dos o tres hojas y construyen desde allí un interminable episodio de hora y media (¿para cuando un The Simple Life con Chábeli y Tamara Falcó?). Veamos un ejemplo, tomado de El Mundo, de la que se ha dado en llamar el Doctor en Alaska a la española: La serie cuenta la historia de Ulises (Miguel Ángel Muñoz), un joven pijo que, tras estudiar medicina en EEUU, tiene que volverse a España a trabajar por problemas económicos. Le destinan a un humilde barrio del extrarradio de una gran ciudad en el que nada tiene que ver con él. Os voy a ser sincero. Si yo fuera solo un poquito más fan de las aventuras de Fleischmann, me lanzaría a la destrucción de Antena 3 hasta que no quedara piedra sobre piedra por mancillar de tal modo el nombre de Doctor en Alaska al relacionarla con semejante bodrio. Afortunadamente, al ser Antena 3, la serie durará aproximadamente dos cuartos de hora y, con años de reeducación y terapia a base de episodios firmados por Joshua Brand y John Falsey, podremos superar este duro trago que nos sirven frío. Cuento los días que faltan para descubrir que esa multiculturalidad que nos venden se construirá a base de un vecino andaluz gracioso (o la variedad del camarero macarrilla con un palillo en la boca), unos inmigrantes sudamericanos trabajadores de muy buen rollo y siempre sonriente, negros manteros de buen corazón, melendis urbanos y un personaje, Ulises (interpretado por el inefable MAM), que empezará la primera secuencia con traje y finalizará el episodio con camisita sin corbata, inteligente e innovador modo que tendrán los guionistas de hacernos ver (en apenas una hora), una evolución radical en el protagonista (muy en la línea española de esas evoluciones imposibles en las que en solo cinco minutos, el protagonista ha pasado del blanco al negro tras mirar mucho a la cámara haciendo muecas). Un insulto a la inteligencia y el buen gusto, vamos. Casi dos años después, sobre todo tras ver maravillas como Aída o La familia Mata, sigo afirmando que en España lo que falta es talento. JJ vuelve a la teleJeffrey anda liadísimo produciendo monstruosidades millonarias como Misión Imposible 3, Perdidos o Star Trek, pero parece que va a desempolvar las carpetas marcadas como Tele en su viejo Mac --todos los gafapastas son iguales-- y escribirá un piloto de dos horas (y 10 kilos de presupuesto) para la FOX donde dará su visión particular de los expedientes X. Se llamará Fringes y hasta se habla de Keri Russell como protagonista. Dios sabe que me apetece tragarme una serie de misterios raros tanto como ver todas las temporadas de Curb Your Enthusiasm seguidas sin ir al baño, pero cuando uno es fanfatal, a esto es a lo que se arriesga. ¿Papá y Felicity juntos de nuevo? ¡No me lo pierdo, Julijustri!
Es que resulta que cuando estás de moda, la gente te ríe hasta los pedos que te tiras y a las cadenas les hace mucha gracia tener Jotajota en plantilla. Fijáos si no en la ABC, a la que no le importa que Abrams se llevara su productora a la Paramount, y que aunque aquello de Six Degrees, What About Brian? y The Catch salió regular, le han comprado otra serie, Boundaries; y no es precisamente que la ABC necesite jitazos en su parrilla, ¿verdad? La última serie familiar de la temporada (IX)
Los enemigos que tenemos cualquiera de nosotros se reducen a la compañera de curro envidiosa, al yoni que te levantó la novia, el controlador de la ORA y los fanfatales de Seinfeld (excepto Jack Donaghey). ¿Sabéis por qué? Porque somos unos mindundis con poco que perder y, por lo tanto, poco que los demás ansíen de nosotros. Sin embargo, a los Duque les tienen envidia en todo el estado por su ron homónimo, tanto dentro como fuera de su mansión estilo colonial, y cuando el patriarca de la familia, Pancho Duque (Héctor Elizondo), decide retirarse del negocio y repartirlo entre sus hijos, todos sacan sus cuchillos, porque ya sabemos que las familias solo se pelean por las herencias y las nueras. A eso se suman antiguas vendettas familiares, politiqueos con el Ministerio de Agricultura y ofertas suculentas de compraventa. Con esta mezcla de mafia, celos, hispanos y dinero, Cynthia Cidre ha creado una serie capitaneada por Jimmy En esencia, ese es el problemaAunque se prodiguen mucho las críticas o comentarios de series en este cuadernito, el objetivo nunca ha sido hacer de vocero de Burbank o de las productoras, sino más bien promover a extender un poco la cultura televisiva en este erial que conocemos como España. En ocasiones me he referido a las políticas televisivas, el fracaso (y cambio) del negocio, a la calidad de los contenidos o incluso a la libertad de los espectadores a elegir lo que deseen ver sin interferencias de asociaciones, de políticos, cadenas o autoproclamados adalides de la calidad y la «inteligencia». La hemeroteca queda para eso. No me gusta demasiado enlazar un texto y lavarme las manos, pero la opinión publicada por Andrés Torres Fuentes en FormulaTV, merece la pena ser reseñada y leída, porque me encuentro en sintonía con casi la totalidad de lo que dice, y resulta una síntesis estupenda de las opiniones aquí vertidas durante tanto tiempo. El eterno regreso de las comedias (X)
Apelando a ese espíritu de «series de negros» ha nacido Cavemen. A partir de unos anuncios muy famosos en EE.UU. se ha concebido un producto en el que se ha sustituido a los «de color» por cromañones y, en tono de comedia, han confeccionado un universo donde seres de aspecto cavernícola conviven con los humanos contemporáneos. En teoría, se trata de una crítica a los estereotipos, pero de un modo muchísimo menos sutil que Aliens in America. Cambiad «los negros la tienen grande» por «los cavernícolas lo hacen a lo salvaje», «nigger» por «magger» y aplicad los clásicos estereotipos de «los negros solo curran de jardineros y porteros» (sustituyendo negro por cavernícola) y os haréis una idea de lo que hablo. Los críticos han cargado las tintas contra Cavemen y la han tildado de grosera o directamente aburrida, pero como esta es la temporada en la que críticos y yo no encontramos punto en común, os diré que el piloto no es tan malo sino que a veces resulta hasta ocurrente, aunque es cierto que no te produce carcajadas o risas histéricas. No parece que será la comedia de la temporada, y no sería una sorpresa que la cancelaran, pero se puede ver en algún huequito (traducción: veré el segundo episodio).
Regresar a la tele después de ser el protagonista de un jitazo tiene que soltarte el vientre a base de bien y, si no, que se lo pregunten a los ex actores de Friends. Frasier y Debra no son tontos, no querían otro The Comeback o un Joey cualquiera, y parece que meditar su regreso ha jugado en su favor, porque Back to You es posiblemente la comedia de la temporada. Con una buena mezcla de drama y humor, la química (o antiquímica) entre la pareja protagonista está bien medida y su comparsa --algo estereotipada-- sabe encontrar su lugar en la secuencia y en el diálogo, apoyando a las estrellas sin estorbar el desarrollo de la trama. Aun necesitan explorar un poco el universo de los secundarios, ya que quizá han jugado la baza inicial de la relación entre los protagonistas demasiado pronto, pero os recomiendo esta sitcom. Una Miss haciendo las Américas
Toda una sorpresa que nuestra miss haya llegado a Burbank y, teniendo en cuenta que su próximo paso es el episodio piloto de See Jayne Run junto a Heather Locklear, un salto cualitativo en su carrera desde El comisario, Paraíso o ¡Ala... Dina! y en ganarse un asiento en mi Olimpo televisivo personal. De este modo, con la suma de una miss a unos títulos de crédito simpáticos, doble identidad absurda, malos de folletín y actores mayormente lamentables (¿en qué momento se volvió Sarah Lancaster tan difícil de soportar?), Chuck se convierte desde ya mismo en mi pecado televisivo de la temporada. Little boxes on the hillsideConrad: Pon las manos así y envíale vibraciones de amor. Así el que se la fume también sentirá el amor.
Nancy Botwin es una tía que se lo monta fatal. Lleva un tren de vida de clase media y cuando se queda viuda con dos hijos, se hace camella. Esa profesión tan liberal le soluciona la vida más o menos, pero su verdadero problema es rodearse de encantadores estúpidos y de incompetentes a los que es imposible no amar. Desde el cuñado vividor y sexoadicto al repartidor de droga enamorado platónicamente pasando por el genial y grandísimo Doug, que es contable y concejal del distrito cuando le sobra tiempo entre porrete y porrete; incluid en el grupo a una asistenta que trabaja menos que un ministro y dos hijos repelentes (uno por adolescente y otro porque sí). ¡Y la pobre Nancy tiene que mantenerlos a todos!
No esperéis una serie con una trama densa e incomprensible, porque básicamente en este melodrama pasan pocas cosas. Lo genial de Weeds son sus diálogos y tooodo el plantel de personajes (bueno, a Shane Botwin podrían despacharle que no pasaría nada). Tranquis por el inglés, que yo la veo en español y me parece genial, mejor que la original (que se mueran los fanáticos del cine turco). La vida MorenoEn una ocasión, cuando preguntaron a Mariano Ozores qué opinión tenía de Pilar Miró, este se limitó a decir que no la conocía, pero que todo el mundo le había hablado bien de ella. Acto seguido, contó una anécdota. Parece ser que la Miró, interpelada en una ocasión sobre las producciones de Ozores, contestó que ese tipo de cine era para albañiles y fontaneros, a lo que le contestaron que España debía de estar plagada de ellos, puesto que las salas de cine rebosaban cuando se proyectaban esas películas.* La rica historieta de Ozores sintetiza eficazmente a nuestro país, donde reina un pulso irresoluble entre los que creen saber lo que está bien (y, por tanto, lo que resulta «de calidad» e «inteligente») y lo que luego vemos los demás. De este pulso surgen, por un lado, unos «pensadores de lo bueno» marcadamente alejados de la realidad y una vasta masa tan reconcomida por sus complejos que ha de crear elaborados mecanismos de defensa para justificar su verdadera naturaleza. «No, si yo veo el Tomate para reírme», «La Patiño da asco» o «Me encanta el Telediario de La 2» son ya lugares comunes que a pocos engañan y, sin embargo, siguen formando parte de nuestras conversaciones diarias, como el amante con carmín de labios en el cuello de la camisa que balbucea excusas tontas ante su esposa. Y, claro, para qué perder el tiempo analizando las apasionadas defensas de «la calidad» que terminan cayendo en saco roto. Ni Bartlet y Toni Soprano podrán hacer nunca nada frente a la Juani o el Síndrome de Ulises. ¿No es hora de empezar a aceptar que las reglas del juego son de un determinado modo, nos pongamos como nos pongamos, y quitarse ya la careta?
Este camino de la razón ya fue recorrido por alguien hace bastantes años y de sus conclusiones acertadas nace un éxito casi imparable. José Luis Moreno es uno de los españoles más profesionales e inteligentes que jamás haya pisado la tierra. Cada vez que se prodiga en los medios, no resulta difícil palpar que no solo se trata de un tipo liberado de esos absurdos complejos que atenazan al común de los mortales, sino también alguien cuyo optimismo y ganas de dar al público lo que pide y necesita no tienen parangón. Muchos de nosotros, más cerca de la treintena que de la veintena, recordamos la presencia de Moreno en todas las etapas de nuestra vida, desde que salía al escenario con Rockefeller, Monchito y Macario hasta las innumerables producciones teatrales del panorama nacional, pasando por las recientes Aquí no hay quien viva y sus incontables variaciones sobre José Luis Moreno y sus muñecos (destaca entre ellas Noche de fiesta). Su último éxito, Escenas de matrimonio, es una serie hija de aquellas matrimoniadas que llegaron antes al teatro y a las pocas semanas de emisión, Telecinco lo ha visto tan claro, que ha despachado a la otrora hija predilecta Camera Café a algún rincón maldito de la parrilla. Y, claro, como es natural, absolutamente nadie ve Escenas de matrimonio, pero cada noche hacen un 30% de cuota de pantalla. Mientras, José Luis Moreno vive feliz porque hace lo que le sale de las narices, se lo pasa bien y encima gana dinero. ¿No sería un mundo mucho mejor si nos despojáramos de nuestros complejos y dijéramos las cosas tal y como son? Ponéos de pie en vuestra mesa de trabajo y gritad a los cuatro vientos «¡¡SÍ!! ¡Me encantan las Escenas de matrimonio, amo a Santi Acosta y Cinco hermanos es un producto para imbéciles!» Haced caso al de los muñecos; yo cada día aplico más su filosofía de vida y es lo mejor. * Siento no daros la fuente y parafrasear a sus autores. Recuerdo leer la anécdota en su día, pero no he conseguido extraer dar con el texto original, así que tendréis que hacer un acto de fe. Responsables de relaciones con los medios, ¿dónde estáis?Envía Isaac a la lista de Locos por la tele esta genial declaración de Miguel Ángel Muñoz: «Me veo muchos fallos y no consigo ser crítico conmigo mismo» ¿Será MAM aficionado a los oxímoron o resulta un simple caso de hablar por rellenar el silencio con frases pretendidamente reflexivas? Sea lo que sea, el chaval se luce y no precisamente enseñando pechoplástico del duro. Si ya hace años que alguien se coscó de las modelos y misses, cuanto menos hablen mejor, ¿no existen casos sangrantes e ilustrativos de que los actores deberían prodigarse poquito en lo concerniente a la verborrea? Por responder a su pregunta --Mi caja tonta, servicio público--, no tiene más que pasarse por algún foro televisivo y seguro que allí encuentra ayuda para desarrollar su espíritu crítico. Se hará notar
Desde la tribuna del espectador, este proceso nos hará sufrir porque ni se sabe lo que harán las teles, ni se conocen las intenciones de las productoras. Los que nos fijamos en el telemundo tendremos oportunidad de seguir aprendiendo cómo funciona. Todo indica que los efectos se podrán sentir hasta en la temporada 2008-09 y en sus pilotos si la huelga se prolonga; las series recién llegadas, ninguna de las cuales está resultando un jitazo, serán las más perjudicadas por un parón en su visionado. ¿Se detendrá la temporada? ¿Se variará su formato y calendario? ¿Se adelentarán los sweeps de noviembre? ¿Se producirán realities sin parar? ![]() Hola, le llamo de la agencia de publicidad D&D, ¿qué le parecería a usted si, para paliar la huelga, se comprase a España los derechos de RIS, científica? La diferencia entre sí y noKristen Bell se incorpora al elenco de Héroes esta noche. Sí. ![]() Pendientes de aro a lo Yeni chandalera. NO. El Seat Ibiza de las series de espíasEn las últimas dos semanas, me he dado cuenta de que pienso en Alias más de lo acostumbrado. Me he estado preguntando por qué, ya que la serie se marchó con tal despropósito que he tratado de bloquear ciertos elementos --como un plano bastante cerrado del culaco de Lena Olin-- para proteger mi ya de por sí resentida salud mental. El tiempo lo cura todo y tras dos años, no duele tanto echar la vista atrás hacia la serie de espías. Pero bueno, eso no es importante. Lo importante es que he descubierto por qué me persigue Sydney: por La mujer biónica. Viendo el cuarto episodio --probablemente el último que vea en un tiempo-- me he dado cuenta de que la serie es todo lo que Alias pudo haber sido si no la hubiesen llevado manos tan capaces. Es como comprarar un Audi con un Seat Ibiza. Sí, ambos coches ruedan, te llevan, tienen radio... pero cada elemento, tomado por separado y comparado uno a uno se encuentra en una división distinta y eso se nota al hacer la suma de todas sus partes. Hay que reconocer que los dos últimos episodios han tenido algo de chicha, pero no parece que el folletín high-tech tenga mucho que añadir al telemundo. Desde Michelle Ryan como protagonista a los decorados de saldillo, la iluminación, los guiones, los personajes acartonados, las personalidades cambiantes y los diálogos insípidos, la NBC se ha gastado muchísimo dinero en un producto digno de Globomedia.
Sí, es cierto que lo de Rambaldi era una tontuna, que las tramas familiares resultaban puro culebroneo y que ciertos diálogos entre malos y buenos estaban sacados de folletines clásicos, pero Alias rebosaba de imaginación --ayudada por las drogas, seguramente, en ocasiones--, buen hacer y grandes profesionales delante y detrás de las cámaras. Tanto, que a pesar de tener un larguísimo y lento declive final, aún hoy en día muchos la recordamos y revivimos con cariño y emoción. La otra, sin embargo, se unirá a Viva Laughlin en el erial de las canceladas. Al tiempo... Si bebes, no protagonices Perdidos
Que no teman Ana Lucía, Lizzy y ese perdido cuya muerte aún no ha salido en España porque dentro de nada se les unirá uno más en el infierno de los borrachuzos: a Daniel Dae Kim --con pelogordo en la foto-- le han pillado con más copitas de las permitidas al volante de su buga. Yo de vosotros, no me encariñaría con Jim. Anuncios, anuncios
Me sucede que tengo que ver los capítulos de la comedia de la NBC como si fueran un todo. Hasta que no llego al final, no puedo elaborar un juicio, decidir si me gusta o no, pero durante el recorrido, no puedo evitar pensar «Típico de Angela» o «Ese es mi Jim» y cosas así. Después de ver el anuncio de Dunder Mifflin me he quedado admirado ante la soltura con la que los guionistas se mueven por el mundo ficticio de The Office y por el mundo ficticio dentro de The Office (apuntalado sutilmente por la trama secundaria de Second Life y Second Second Life) para crear pequeñas piezas que se convierten en clásicos de un modo inmediato (algo parecido a Robin Sparkles en Cómo conocí a vuestra madre o a las canciones de Phoebe en Friends). Puede parecer una tontería, pero el anuncio de Dunder Mifflin, la compañía de The Office, es una pieza maestra que nos recuerda en apenas un minuto, que los tres años y medio que hemos invertido en la serie se han traducido no solo en risas y desesperación, sino en la inmensa recompensa que supone enfrentarse a unos personajes tan reales y tangibles como aquellos con los que compartimos nuestra vida día a día. Esto es así hasta tal punto, que alguien que no siga The Office, o no lo haga con una cierta disciplina, probablemente se le quede el cuerpo igual al ver la publicidad, que es exactamente lo mismo que sucede cuando nos cuentan anécdotas o historias de personas a las que nunca hemos tratado. Con todos ustedes, señores fanfatales, el «verdadero anuncio» de Dunder Mifflin (y no «esa mierda de las manos saludando»), por Michael Scott: (Enlace directo al vídeo) (El anuncio solo, sin secuencias de la serie) Dunder Mifflin S.A.: Papel sin límites en un mundo sin papel. Memeces
Lujuria. Mis gustos han ido cambiando muchísimo a lo largo de los años, pero me he dado cuenta de que hay alguien que ha permanecido inmutable. No importa si era una loca calva con cicatriz en la cabeza, una doctora jipi seropositiva o la M Q más me F de toda la tele: Marcia Cross me hará ir de cabeza al Infierno. Gula. Me comería todas las tartas que se hacen en el Pie Hole, el Peach Pit o en el Central Perk y hasta le daría una tregua a mi vegetarianismo con tal de probar el legen...dario bocadillo de pavo con humidificadora de Monica Geller. Codicia. Si, por ejemplo, saliera en DVD un episodio nunca emitido de Melrose Place y solo existiera una copia, sería capaz de destruir a todos los posibles compradores así como las ciudades donde viviesen solo por tenerlo. Si hubiera más de una copia, probablemente pondría en marcha el mismo plan. El zorripanderío hecho tele es solo mío, ¡so mierdas! Ira. Me invade una oleada irrefrenable de odio ciego y amargo cada vez que leo las audiencias en España. Envidia. A Greg Grunberg: por ser parte de Felicity, por ser coleguita de Abrams, por saber antes que yo qué se cuece en el rodaje de Star Trek y de qué iba The Catch y por tener esa cara de buena persona y dar la impresión de que se lo pasa estupendamente haciendo cualquier cosa. Pero como el Gran Tubo es misericordioso, para compensar le está haciendo pasarlas canutas al tener que aguantar al plasta de Mohinder semana tras semana en Héroes. Soberbia. Sin cortapisas: soy un chulo de mierda y me gusta recordar a los neófitos que YO ya predije que tal o cual cosa iba a triunfar/fracasar o que hace semanas/meses/años ya hablé de tal o cual cosa en este mismito blog. ¡Todo un Ausiello! Pereza. Cualquier cosa que huela a elitismo minoritario que no haya declarado yo (véase soberbia), especialmente si viene del cable. ¿Y vosotros? Locuras de invierno: las fiestas FrinchisCuando internet era ciencia ficción y las teles aún nos tenían agarrados por los machos, los teléfilos teníamos que arreglárnoslas como podíamos para disfrutar de nuestra afición. En contra de lo que los psicólogos, pedagogos y tertulianos puedan afirmar por medio minuto de gloria en antena, los verdaderos teligiosos no somos para nada felices en solitario, sino que nos gusta compartir nuestros gustos y locuras. Puede que ver un partido de fútbol o rajar de la vecina con la señá Blasa esté socialmente más aceptado, pero qué duda cabe que poner a caldo a Amy Abbott o gritar a Sylar que le rebane el pescuezo a Nikki en compañía de tus colegas es muchísimo más divertido. En ese contexto nacieron las reuniones para ver episodios de Friends, más conocidas como las «fiestas Frinchis».
Sin duda la fiesta más épica de toda la saga fue la segunda, donde hasta confeccionamos un menú de episodios --que aún conservo-- con entrantes, platos principales y una carta muy especial de los coorganizadores de tan magno evento. Previo al acontecimiento, tuve que recorrer las confusas calles de Aluche --telita ser cartero en Aluche-- con mi destartalado erredoce y más frío que Rocío para recuperar algunas de mis cintas (nunca prestéis algo que luego os toque reclamar con uñas y dientes, amigos) cuyas etiquetas hechas con ordenador, imprimidas en blanco y negro y pegadas con pegamento de barra eran entonces el tesoro más codiciado de la teligiosidad pandillil. Hoy en día, con la red y las ediciones inmediatísimas en DVD de toda serie habida y por haber, todo eso tiene poco sentido. Hablo de cosas que sucedían hace nueve añitos de nada, y las herederas naturales de aquellas fiestas son las locuras de otoño, las rondas de pilotos, aunque este es el tercer año consecutivo que no se ha hecho nada similar. ¡Va siendo hora de recuperar tradiciones e ir creando algunas nuevas! Tengo algunas ideas... ¿Dos oficinas?Mucha oficina últimamente, pero acaba de saltar la liebre de que la NBC ya está planeando una serie hija de The Office. Por lo que se lee en los foros, no hay mucho entusiasmo ante la idea. Parece que la audiencia somos reacios en general a aceptar este tipo de cambios y refritos, como nos sucedió en su día con Joey o Private Practice, por poner ejemplos recientes. No me atrae mucho que los guionistas interrumpan el hilo de la serie para crear personajes nuevos y «secuestrar» la trama una o dos semanas, pero me interesa que experimenten un poco con el formato, ya que nunca se sabe dónde se gestará la siguiente serie favorita de la audiencia. El mundo de The Office podría expandirse al sótano, con los chicos del almacén, a la sede central de Dunder Mifflin en Nueva York o, como se ha sugerido por ahí, ¿qué tal las aventuras de Vince Vance de Aire acondicionado Vance? ¿Tan desesperado está Silverman como para recurrir a las nuevas versiones y series hijas en su primer año de reinado en la cadena del pavo? Para eso, que nos de nuestra IT Crowd, por favor. |
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