Puedes enlazarme: Blog publicado bajo licencia Creative Commons: |
Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007. Flor de un díaQue la lógica de los programadores es difusa y va en contra de las leyes naturales a nadie se le escapa. A pesar de internet y de la fuerza que nos ha dado para contestar a los poderes fácticos, el mundo del entretenimiento sigue siendo una tiranía poco dadivosa que gobierna y maneja a la inmensa masa televidente. En ocasiones, nos dejamos manipular, engatusar... nos dejamos querer. En otras, la injusticia se hace palpable y se convierte en un bocado doloroso que tragar. Hablo de esas series que se cancelan de un modo tan fulminante que nos hace preguntarnos el por qué de su emisión. El caso más reciente es Drive (¿os acordáis?). Tras tres semanas y cuatro episodios emitidos, se usa la baja audiencia de la serie como argumento incontestable para su retirada y cancelación. Ocho días ha durado la serie en la parrilla. Seamos justos, no se puede acusar a la FOX de no haber invertido dinero en publicidad y promoción de su serie midseason, pero eso hace del desarrollo de los acontecimientos algo aún más extraño e ilógico. ¿Qué pasa por la cabeza de unos directivos que ponen a limpiar coches a Nathan Fillion para luego cancelar una serie de seis episodios cuando se habían emitido solo cuatro? FOX se ha esforzado mucho durante los últimos años en ganarse una plaza fija en la parte más oscura del corazón de los teligiosos. La política actual de la cadena parece encaminada a mantener (y potenciar) las series que son un éxito inmediato -- 24 perdió su frescura hace mucho tiempo, pero sigue generando beneficios y páginas en la prensa, de modo que regresará el año que viene con su séptima temporada y Prison Break ha sido un desastre en su segunda temporada, pero ya están trabajando en su tercera--, tomar decisiones individualizadas a partir de las que funcionan así, así y cancelar las que se hunden en su primera semana. ¿A alguien le suenan nombres como Wonderfalls, Kitchen Confidential, Reunion, Point Pleasant o Skin?. Ya sabéis el porqué. Sin embargo, no es la única que peca de impaciencia y de mala administración creativa y económica de sus recursos. Seguro que desde las alturas, en los despachos de personas como Jack Donaghy se toman a cada momento decisiones relativas a enormes cantidades de dinero y eso termina afectando al razonamiento, pero desde aquí abajo, de la mano de Lorelai Gilmore, no se entiende nada. Todas las cadenas han pasado por momentos complicados, los directivos tienen sus días malos porque son personas como nosotros... bueno, si nosotros viajáramos en aviones privados y tuviéramos 20 esclavos que deseosos de probar nuestra comida por si estuviese envenenada, claro. Por ejemplo, el señor Zucker de la NBC aún se está recuperando de la resaca de Friends y Frasier y aunque la cadena del pavo ha logrado reinventarse con éxitos moderados como The Office, Me llamo Earl, et al. cuando todo el mundo afirmaba que la época de las telecomedias había pasado, ha cometido errores dignos de estudio... de Studio 60, más concretamente. Nunca de la suma de tan buenos ingredientes se obtuvo un plato tan insípido, y lo mismo vale para The Black Donnellys, otra aventurita cara que no llegó ni a la decena de episodios. Sin embargo, tengo debilidad confesa por Zucker y el pavo, mucho más cuando acaban de renovar Scrubs para un séptimo (¿y final?) año. La ABC ha tenido un año desigual, aunque sigue dispuesta a dar guerra como la no-tan-nueva reina de las páginas y foros televisivos. Las Marujas y Anatomía de Grey continúan fuertes así como Perdidos. La cadena del abecedario ha conseguido clavar 5 hermanos en la parrilla y es otro éxito merecido en el que invirtieron mucho dinero, mientras que se pegaron un enorme batacazo con Six Degrees, esa quiero y no puedo que era The Nine y alguna otra. Mención aparte merece Day Break; aunque no fue un éxito de audiencia y la crítica la recibió tibiamente, estaba concebida como una historia conclusiva y su retirada de la parrilla --a pesar de que los estadounidenses pudieron ver el resto de los episodios en línea-- nos sirvió a los pobres plebeyos de doloroso recordatorio sobre quienes son los que mandan. El mundo es muy cruel, pero la ausencia de razón no es exclusiva de las altas esferas; la comunidad-fan tampoco vive ajena a la paranoia y las chorradas mentales. Conviene recordar lo divertidos que han resultado los gritos y susurros de periodistas y aficionados cuando afirmaban que Perdidos --renovada por tres temporadas más-- tenía una crisis de audiencia, ¡algunos hablaban de cancelación! Parece como ese multimillonario que se queja porque ya no factura 2000 billones al mes sino que sus ingresos han descendido a unos meros 1800... si eso es una crisis, que baje Veronica Mars y lo vea. ¿Qué sucede con la detective rubia de bote, por cierto? Complicado saberlo. Un día se oye que la cancelación es segura, otro que la serie volverá para un cuarto año... al final uno opta por esperar a finales de mayo para enterarse, que no queda mucho. Además, os seré sincero: no he disfrutado nada o casi nada de esta tercera temporada y su segundo año fue muy desigual en su conjunto. Con una desastrosa audiencia de 1,8 millones de espectadores en su último episodio, Veronica Mars lo tiene muy mal para regresar (aunque eso no fue óbice en el pasado) y, si se confirma la idea de que para su regreso quieren reinventar la serie e incluso cambiarle de nombre, mejor que nos quedemos como estamos. Ha quedado patentemente claro que la UPN/CW ama a Veronica y que Dawn Ostroff, solo por su apoyo incondicional, siempre podrá contar con uno de mis riñones sanos si lo necesitase, pero hay un momento para todo y con los ojos húmedos os digo que ha llegado la hora de decir adiós a Neptune. También a Stars Hollow, por cierto. A pesar de todo ello, no tiro piedras contra la CW por ahora ya que considero que hay que darle un pequeño margen de confianza porque aún se está definiendo. Este ha sido su año inaugural aunque desde este lado de la pantalla se ha percibido como un año de transición en el que se han movido por inercia... no es un buen comienzo, no transmite confianza o seguridad, pero la marcha de las Gilmore, Siete en el paraíso y Veronica parece el primer paso hacia una verdadera nueva cadena. Con seguridad, nunca terminaremos de entender a las cabezas pensantes de las grandes cadenas, aunque estas sean como Jordan McDeere, y el único recurso al que agarrarnos seguirá siendo patalear, argumentar y filosofar sobre el sexo de los ángeles. Igual que con nuestras relaciones sociales, algunas fallarán estrepitosamente sin previo aviso, pero eso no nos impedirá entablar nuevas amistades. Además, los teligiosos somos inasequibles al desaliento y las cancelaciones, ya se sabe que amamos la televisión sobre todas las cosas. ¡Felicidades Bytheway! Aprovecho la oportunidad --y que les haya robado terminología por la patilla-- para hacer oficial mi más sincera enhorabuena a Bytheway.tv por su galardón en los premios 20Blogs. Hasta ahora, leía, comentaba, admiraba, respetaba y charlaba con Irene y a Montse. Ahora no solo las he conocido oficialmente sino que las idolatro. Aunque el premio destiña, ¡enhorabuena! Cómo comenzó todoEl pasado viernes, tomando algo con Irene y Montse (qué saladas que son) de Bytheway.tv para celebrar su victoria en los Premios 20Blogs, surgió --no podría ser de otra manera-- entre otras cuestiones, el tema de la tele. En un momento de la conversación, Montse comentó que para ella, el desencadenante de toda la furia televisiva que sentimos le vino a partir de Alias. Me hizo gracia y me alegró a la vez porque, en las ocasiones que he pensado en ello, me he dado cuenta de que a mí me sucedió exactamente lo mismo. Algunos de los que me leéis, nacistéis conociendo los PC e incluso entrastéis en la adolescencia cuando los módemes 56k eran algo casi estandar en cada casa o el acceso a internet resultaba más o menos asequible. En mi caso --y me considero un cierto «pionero» en lides informáticas-- la cosa fue un poco más lenta; yo tuve un Amstrad de cinta y en mi colegio había un ordenador con internet que solo tocaba el profesor y que navegaba gracias a Mosaic. Era un tiempo en que Yahoo! era el Google de hoy. Tuvieron que pasar muchos años y peleas en casa para que entrara un módem. Aún quedaba un pelín para que llegara la ADSL barata y popular. La tele ha jugado un papel fundamental en mi vida. En verano salía más tarde a la calle para ver las típicas chorriseries de la época de vacaciones --cuántas mañanas pasaría suspirando por Anita de Rompecorazones, los macarras australianos aquellos-- y en las sobremesas o en las noches de los martes era obligado ver Melrose Place. Mis padres me llamaban entelevisionado y tenían razón, pero peor es andar por ahí robando, ¿no?
Ambas líneas argumentales (preferencias personales y oportunidad) chocaron irremediablemente hace ahora unos 5 años, cuando un amigo poseedor de una línea RDSI (por aquel entoces eras el amo si poseías tal tecnología) me descargó algunas peticiones televisivas y fílmicas para una pequeña reunioncilla en mi casa. Entre el material solicitado estaban los pilotos de Alias y 24. Aunque a muchos se les haya olvidado, ambas series hicieron historia en su día, por razones muy distintas; 24 ha sido más laureada --en mi opinión, porque las patadas y los tiros las da un cyborg con aspecto humano en lugar de una mujer mucho más cercana y emocional-- pero Alias conquistó mi corazón y, como un puñetazo en toda la boca, me abrió los ojos a un mundo que en ese momento se encontraba terriblemente encorsetado por ladrillos como El grupo, Compañeros, Policías u Hospital Central. Sin darme cuenta, había toda una densa selva ahí fuera por explorar, llena de mundos ricos, variados y bien construidos, mientras que aquí nos deshidratábamos en la sabana de la rancia ficción española. Internet surgió como una tabla de salvación, algo que mi cerebro llavaba mucho tiempo reclamando. No podía permitirme tener el eMule encendido y el Bittorrent ni siquiera existía... así que me inicié a través de las descargas por IRC de EFNet, que era un cristo que no veas, con colas, lanzadores, cortes en las descargas y mucha, mucha paciencia. Sin embargo, poco a poco se fue abriendo el camino y tras Alias vinieron los episodios de Friends, Scrubs, 24, el musical de Buffy y demás. Cuando otro amigo usó la conexión de banda ancha de su trabajo para descargarme la primera temporada completa de Alias, supe que estaba (gustosamente) atrapado. Por un lado, tenía una pequeña afición secreta que me divertía y me enseñaba, pero por otro estaba la frustración de no poderla compartir con nadie. ¿A quién le podía contar las cosas de Rambaldi o los discursos del doctor Cox? ¿Cómo sería capaz de explicar las taquicardias que me daban cada vez que Jack Bauer se metía en un refugio terrorista armado solo con una caja de lapiceros Alpino? En ese momento, me daba igual; yo solo quería divertirme y absorber todas esas cosas como una esponja. No me había pasado nada igual desde que descubrí los cruasanes del Mercadona y no iba a dejar que una nimiedad así me estropeara el buen momento. Con la extensión de la ADSL, llegué a la lista de Locosporlatele y cuando me dí cuenta de que cada día bombardeaba a sus sufridos participantes con tres o cuatro diatribas, me dije --animado por la moda bloguera-- si no era momento de comenzar yo mismo una bitácora. ¿Una bitácora de qué?, me dije. Tardé muy, muy poquito en encontrar respuesta a esa cuestión. Llegan las presentaciones a Nueva York
Entre las que se despiden este año destacan los dos batacazos más sonados al ser productos de nombres conocidos y reconocidos: Studio 60 on the Sunset Strip de Aaron Sorkin y The Black Donnellys de Paul Haggis, que nos vendieron como algo hecho, un éxito contemporaneo y bla, bla, bla. Junto a ellas, se despiden también las novatas Raines y Kidnapped y también lo hace Crossing Jordan tras seis años en antena. De las veteranas, ya sabemos que 30Rock y Friday Night Lights se quedan para un segundo año (aunque esta irá al horario horrible de los viernes), que Scrubs retornará para una séptima temporada con Zach Braff a la cabeza y que Héroes, Me llamo Earl y The Office no solo tendrán su hueco en la parrilla sino que tendrán más episodios de lo que se considera normal (25 para Earl, 24 para Héroes y 30 para Office, cinco de los cuales serán de tipo doble o supersize) ¡Qué tiempos aquellos en los que The Office era la más fea del baile y a punto estuvo de no pasar de su miniprimera temporada!
Pocos cambios para la cadena del pavo, pues, que parece concentrada en mantener su tercer puesto en la audiencia, con destacadas incursiones para hacerse con algún triunfo puntual frente a las todopoderosas ABC y CBS, de las cuales hablaremos pronto. Bueno, no, de la CBS no, porque no me interesan nada sus series superpopulares (salvo Cómo conocí a vuestra madre)... pero ya sabéis que yo soy rarito. Entregar la florComo en España esto de la ficción nacional es una moda reciente (y esperemos que pasajera), algunos de nosotros crecimos con Barrio Sésamo y las series adolescentes de la hora de la merienda o de los fines de semana. Gracias a ello, somos la última generación medianamente cuerda al haber escapado de Nada es para siempre o Al salir de clase, --aunque nadie pudiera hacer nada para evitarnos Compuesta y sin novio--. De este modo, crecimos a la sombra de la moralina foránea, mensajes destinados a EE.UU. que, como todos sabemos, es un país más avanzado, pero lleno de contrastes; con los creacionistas por un lado y los de Queer as Folk por otro, esta gente, según tenga el día, te sale por Antequera si les place. ¿Cuál era el tema estrella antaño? En su tele, espejo de la sociedad, era el sexo y la primera vez.
Al principio de la serie, los episodios giraban en torno a Brandon y Brenda y sus problemas para ocultar que eran unos paletos de medio pelo en la gran ciudad. Brenda superó sus complejos cuando se enrolló con Dylan, el maloso del instituto, y fue la envidia de sus rinoplastiadas amigas. Superada la crisis existencial de ser morena y pálida en California, los guionistas le dieron enseguida una nueva duda moral: ¿lo hago O NO? Después de algunos titubeos destinados a que la audiencia no le pusiera la etiqueta de casquivana, aprovecharon el baile de final de curso para irse a un hotel de cinco estrellas --esto es Beverly Hills, muñeco-- y darle al asunto. La romántica velada se resolvió con un «¡Ya!» de Brenda a Kelly entre sonrisitas y abrazos que arrancó lágrimas y sollozos en nuestras mozas carabancheleras y moralejeras por igual. Esto sí que es igualdad y no lo de la paridad de género.
El que la sigue la consigue, eso sí, y al final David se lleva a Donma al huerto, aunque luego lo dejan. ¿Qué os enseña eso, chicas? No temáis, en el episodio final de la serie se casan. ¿Y Andrea? Andrea se suelta el pelo y acaba embarazadísima ¡le está bien empleado por no esperar! Así que, en resumen, si en 90120 pierdes la virginidad fuera del matrimonio acabas o bien loca perdida viviendo en Londres, casada de penalti o directamente casada con tu primer chico. El gran libro moral del amor y el sexo se escribe sin renglones torcidos en Beverly Hills, ¡pues faltaría más! En el caso de Dona, la culpa fue del padre.
En Dawson hubo su drama también y al final Pacey se lleva al huerto a Joey para lo de la flor; a mí es que Dawson me cansó enseguida, eran todos para abofetearlos, pero lo que no tiene perdón es tratar de vendernos a Joey y Dawson para que luego Pacey llegara primero a todos sitios. De nuevo, el personaje vago, chulesco y algo canalla es el que rompe y rasga... la vida sigue igual. En fin, chicas, que la tele enseña un poco como está el percal y si luego el asunto no os funciona, no culpéis a nuestro amado tubo catódico (ni digáis que es una referencia fálica). Lo mismo vale para los pringados treintañeros que siguen sin catarlo por quedarse en casa jugando al WOW y lo tengan idealizado. El sexo es y seguirá siendo parte de nuestra caja tonta y, al igual que cualquier trama la pintan maravillosa o maravillosamente horrible en aras de un mayor dramatismo, la primera vez seguirá resultando una marcianada: ¿Qué otras flores antológicas recordáis? A mí me da pena la pobre Claire Bennett, con eso de que se le regenera todo... Brevemente, la CBS y la CW
Bryan Fuller y la ABC crían malvas
¿Cuáles regresan? La sorpresa del año, Ugly Betty, volverá en otoño y está claro que el triunvirato todopoderoso de Perdidos, Anatomía de Grey y Marujas Desesperadas tiene un hueco asegurado en la parrilla, pero aún hay espacio para la sorpresa: October Road y Notes from the Underbelly también regresan. Entre las nuevas, era un secreto a voces la compra de Private Practice, la serie de Addison Montgomery en Los Ángeles. Tiene su hueco aunque McPherson haya declarado --demostrando su buen juicio-- que se ha de trabajar un poco en el piloto tras lo visto en el episodio puente de Anatomía de Grey en el que echamos el primer vistazo al nuevo mundo de Addison. Ya le dedicaré unas líneas, pero ojalá sea verdad y le den más chicha al asunto. Hay algunas otras interesantes, pero si hay que mojarse, me llama mucho la atención Pushing Daisies, que desde ya queda bautizada como Criando malvas (traducir un -ing por un gerundio queda patillero, pero hoy me siento con ganas de aventura). La serie llega de la mano de Bryan Fuller, un guionista que con el tiempo se ha revelado como alguien muy imaginativo, con sentido del humor y un enfoque de lo cotidiano muy particular. ![]() Fuller creó en su día Tan muertos como yo y Wonderfalls; en la segunda tuvo poca suerte y de la primera, escribió un brillante piloto para marcharse poco después a desarrollar otros proyectos. Anteriormente trabajó en Star Trek: Espacio profundo nueve y Star Trelk: Voyager, con desigual fortuna y ahora mismo es uno de los que está tras Héroes, aunque a mí me gusta más cuando trabaja en su propio material. En Criando malvas, repite el experimento de mirar a la muerte y a las relaciones humanas desde un punto de vista similar a Tan muertos como yo y Wonderfalls. La serie habla de un hombre con la capacidad de resucitar las cosas solo con tocarlas, aunque en el caso de las personas, estas solo viven por un periodo limitado de tiempo, por lo que utiliza su poder único para «el bien», resolviendo casos. La cosa se complica cuando resucita a su primer amor... y esta no vuelve a morir a las pocas horas. El truco está en que si la vuelve a tocar, morirá para siempre. Parece una serie interesante, al menos es la que más me ha llamado la atención, pero su tremendo potencial se ve eclipsado por esa rendija que queda abierta al romanticismo ñoño y a la consabida historia de amor imposible. Resulta muy difícil acertar con este tipo de cosas pero, como he dicho antes, hay que arriesgarse a elegir una ganadora. Un pequeño extra para casi todas ellas y algunos de ellos: Dylan McDermott y Michael Vartan regresan a la tele con Big Shots, una serie donde parece que la adrenalina rebosará por todas partes. ¡Que no!Al contrario que muchas revistas, bitácoras y demás, he esperado un poco para escribir sobre la cancelación de Veronica Mars. Como nunca he leído nada oficial, he esperado un poco a que la información se fuera aclarando y finalmente ha sido Ausiello el que ha despejado todas las dudas en una breve charla con Rob Thomas. De todos modos, con la CW nunca se sabe, de todos es sabido que le encanta montarse jaris con la programación. Caso Siete en el paraíso, por ejemplo... Dicho esto, y a la espera de que alguien diga algo oficial --es la última vez que hablo del temita del cuarto año de Veronica Mars porque ya huele--, creo que es hora de que seamos sinceros. Si de algo no es sospechosa esta cutrepeich es de no adorar todos los aspectos de Veronica Mars, pero hay que estar muy ciego, sordo y discapacitado para no reconocer que su mejor momento creativo hace tiempo que pasó. Thomas tenía pensada una trama inicial que duraría aproximadamente un año; era la muerte de Lilly Kane y el papel que esta jugaba en Neptune y sus habitantes. Por ello creó un pueblo, unos escenarios y unos personajes que encajaban muy bien en esa partida de ajedrez argumental y que escribió con maestría. Para sorpresa y alegría de muchos, la serie regresó para un segundo año que, aunque se pensó con cierta antelación, no fue tan redondo como el anterior. Muchos personajes estaban de relleno, apenas tenían algo que hacer (Duncan, Weevil, Wallace y la medio novia que se sacaron de la manga...) y ya no todos los muebles encajaban bien en la decoración.
Este tercer año que acaba la semana que viene --y aquí me quemáis-- ha sido un despropósito en su mayor parte. Es cierto que la química de Veronica y Keith sigue siendo increíble, pero las tramas han sido sositas, centradas en personajes poco carismáticos (¿a alguien le importó quién se cargó al rector?) y donde la mayoría de los protagonistas han estado ausentes e insulsos (¿recordáis la paliza que nos dieron con Piz el verano pasado?) o incluso cargantes (Parker, te raparía la cabeza yo mismo otra vez para hacerte callar). Si la calidad era el único argumento posible frente a una audiencia penosísima, ¿qué le queda a Mars? Ahora llegará alguien y dirá algo del tipo «Prefiero mil episodios malos de Veronica Mars que cuaranta buenos de, por ejemplo, CSI». Pues yo no, hijos, yo prefiero episodios buenos de Veronica Mars y de cualquier otra serie a malos, que para tele mala eso me enchufo a Hospital central o a Los hombres de Paco. Señores y señoras aficionados a Veronica Mars, dejen de aferrarse a la idea de una serie que fue grande en el pasado como única esperanza de que lo sea en el futuro (o en el presente), es hora de decir adiós y dejarla marchar antes de que se hunda aún más en la ponzoña del marketing y decisiones creativas impuestas desde arriba que lo único que consiguen es fastidiarla más. Hemos esperado suficiente como para poder gritar con orgullo y sin remordimiento: ¡no a un cuarto año de Veronica Mars! La cosa no iba malIt’s... over. You can all go home. It’s over... so over. -- Meredith Grey '
Anatomía de Grey es un culebrón en toda regla. La diferencia estriba en su liderazgo en las audiencias y cuando se emite un episodio nuevo, más de 20 millones de personas se congregan delante de la tele para verlo y comentarlo; claro, eso dificulta mucho poder soltar en toda la cara a su legión de incondicionales que son fanáticos de un culebrón... no se puede luchar contra una masa que tiene estigmatizada la palabra culebrón. Cierto es que a los intercambios de pareja, saltos de cama, líos familiares y líneas de ojos perfectamente definidas tras una guardia se unen buenas actuaciones, algunas sorpresas argumentales y un presupuesto bien invertido. Todo muy profesional y cuidado, sí, pero todo un culebrón... y como todos los culebrones, hay un punto en que el rumbo recto y firme de la trama comienza a tambalearse. ¿Le ha llegado ya ese momento a Grey? Uno de los paradigmas del salto del tiburón es una boda y en Anatomía de Grey ya habido dos bodas y un divorcio este año. Cuando dos protagonistas se casan, cambia irremediablemente la dinámica de una serie; el truco para superar el cambio es hacer de este una oportunidad, una característica atractiva y no un lastre. No resulta imposible, en Friends lo consiguieron con Monica y Chandler, por citar un ejemplo. El problema de la serie no son las bodas, o no el principal, sino la renuencia de sus responsables a permitir que los personajes crezcan, evolucionen y superen sus dificultades. Da la sensación de que no importan las bombas, los ferris, los dramas existenciales o las experiencias cercanas a la muerte que sufran los protagonistas porque a los pocos episodios reinciden en los mismos errores y se comportan de la misma manera infantil y caprichosa. Resulta una experiencia muy frustrante desde el punto de vista del espectador.
Con «Didn’t We Almost Had It All?» se ha escuchado ese sonido especial, inabarcable por los sentidos; un crujido dentro del cerebro que se hace presente cuando sabes fehacientemente que algo no termina de funcionar; es un algo esquivo, intocable, que no terminas de hallar, pero tienes meridianamente claro que si no se corrige, esa disonancia hará saltar todo el conjunto por los aires. El cuarto año de Anatomía de Grey arrojará un veredicto final, especialmente ahora que Shonda Rhimes ha dejado las riendas de la serie --¿alguien más piensa que la historia de Webber y su sucesión es la historia de la Rhimes misma?-- en manos de otros y el equipo creativo se divirá entre Grey y Private Practice, de la que hablaremos otro día. Buena suerte a todos. Loor a los créditosNo es ningún secreto que, cuando haya energías, esta bitácora iniciará una revolución para parar la eliminación de créditos televisivos. Las aperturas son parte de las series y, bien por egoísmo de las cadenas o vaguería de sus guionistas, cada vez se prodigan menos; repasemos algunos desconocidos de nuestra historia reciente porque ¿qué sentido tiene revisar los conocidos? Hay gente que prefiere la vainilla y otros les dan al chocolate. Esta perogrullada viene al hilo de que a cada uno nos gusta una cosa diferente y se trata de hablar de los créditos que me gustan a mí, es decir cualquiera que me sorprenda, me divierta o me haga quedarme pegado al sillón (o, en ocasiones, hacerme cantar y bailar... sí, hijos, así está la cosa). Por su dinamismo, hay títulos de crédito que no son meras separaciones entre el inicio del episodio y el primer acto sino que nos animan, nos complacen y nos ponen de humor para lo que viene a continuación. La absurda idea de que una apertura aleja al espectador de la tele (es decir, bajan la audiencia) solo puede aplicarse a los que están mal hechos. En ese sentido, hay gustos para todo. Una secuencia bien montada con una música que acompañe es simplemente la perfección, independientemente de la serie de la que se trate. Es el caso de LAX, ¡con música de la ELO!: En Smallville usan una fórmula similar: la mezcla de imágenes promocionales con secuencias de episodios al ritmo de una canción no creada exclusivamente para la serie, sino con un cierto recorrido comercial; en este caso, «Save Me» de Remy Zero: Otra opción es sacar los créditos de contexto para que no contengan spoilers en forma de imágenes. Phelan recomendó Standoff en su día y el ejemplo nos viene al pelo: Otro ejemplo es Drive. Aunque no es una apertura demasiado redonda, sí resulta un buen intento de imprimir dinamismo a la presentación de los personajes y unir esto al tema automovilístico de la serie: Desgraciadamente, tanto Standoff como Drive y Smallvile pecan de ese recurso tan gastadísimo y manido que consiste en poner a tus protagonistas con cara de circunstancia y girar la cabeza muy dramáticamente, como si hubieran escuchado un pedo fuera de cámara, lo que podríamos denominar «haz una cucamona y mantén la cara de circunstancias un par de segundos». Esa técnica queda muy bien para Miss España, pero huele a rancio después de haber sido usada tantísimos años en la tele. Es hora de que se innove en ese sentido. Una solución es unir planos cortos en los que los protagonistas no miren a la cámara, como en la apertura de Friday Night Light, que debería estudiarse en «Aperturas televisivas», asignatura troncal de la Facultad de televisión: Algunas aperturas no necesitan ni presentación. Las series que llegan a ser grandes clásicos no lo hacen por casualidad ni suerte, sino por un duro trabajo para cuidar todos y cada uno de los detalles, incluidos los títulos de crédito. ¡Todo el mundo en pie con la mano al pecho!: No podría dejar fuera la ciencia ficción, un género que ha experimentado mucho en el aspecto visual... bueno, no ha experimentado tanto, pero algo sí. Puestos a elegir, me quedo con el poco presupuesto pero muy buenas intenciones de Babylon 5, que alcanzaron su clímax en su quinto y último año con una apertura-resumen de los cuatro años anteriores, uniendo música, imágenes y efectos especiales de manera magistral. Os aviso: si habéis empezado a ver la serie o tenéis intención de hacerlo, bajo ningún concepto le echéis el ojo a este vídeo; os lo destripa todo, todo, todo. Tampoco me olvido de los que adoran ciegamente a la santa H. El concepto de la HBO está a otro nivel y suelen idear sus productos como películas en sí mismas. Por ello, lo normal es que prescindan de la introducción y salten a los créditos para comenzar el primer acto. Ninguna de sus aperturas me llama especialmente la atención, aunque la música de la de Los Soprano es fantástica, pero Carnivale parece destacar entre todas ellas. Va en contra de toda la filosofía crediticia que he predicado, porque la música es anticlimática y también lo son las imágenes, pero como las personas somos la contradicción encarnada, me gusta la apertura de Carnivale. ¿Qué decir de Boomtown? Probablemente suponga la síntesis de las mejores técnicas para crear una apertura y consigue enviar el mensaje adecuado: ¡quédate a verme! Hagan ustedes el favor
Aunque los que os dejáis caer por aquí tenéis un gusto exquisito por la tele --y por las bitácoras--, sé que muchos despistados no saben de lo que hablo en la mitad de las ocasiones. No me lo tomo a mal, no creáis, porque al fin y al cabo lo mío con la tele no es una afición ni un problema mental, es simplemente un estilo de vida que pocos comparten. Sin embargo, mi paciencia y magnanimidad alcanzan su límite cuando por omisión o clara negligencia, os seguís negando a ver la buena tele de un modo activo y riguroso y persistís en castigaros el cerebro con las mismas tontunas de siempre. Llegados a ese punto, solo me queda sacar el látigo y vigilar vuestra virtud catódica y teligiosa. Así que id haciendo hueco en vuestras agendas, olvidáos de Matías Prats y toda la pesca porque a partir de mañana mismo a las 3 de la tarde desembarca Scrubs en Cuatro y los domingos, a partir del día 3, a las 21:30 tenéis a Mary-Louise Parker (la tonta de Amy Gardner en El ala oeste) en Weeds, que es un poco-bastante gafapástica, pero entretiene. Hagan ustedes el favor, un favor a ustedes mismos, y vean estas series. De lo contrario, ya no valdrá ese rollo de «todo es telebasura, no hay contenidos de calidad» o «solo hablas de cosas que no he visto» y lindezas similares. Te quiero, te odio
Algo similar ocurre en nuestro mundo. El deporte favorito este año ha sido irse al baño con la foto del elenco de Perdidos por si se acababa el papel higiénico, pero ahora que se ha superado un enorme bache creativo --y a 24 horas del final de la temporada--, los fans estamos de nuevo que nos mordemos las uñas. Pasó con Alias, pasó con Star Trek, pasó con CSI, ha pasado con Perdidos y Veronica Mars... prepáos el año que viene, Héroes y Anatomía de Grey. No falta razón en algunas de estas críticas; lo curioso, polémico o detestable puede ser el modo que se tiene de llevarlas a cabo, pero la comunidad de aficionados menos radicales, las teles y los creadores tienen que ser conscientes de con quién se van a la cama. Probablemente a Damon Lindelof y Carlton Cuse estaban encantados cuando la gente desvariaba con los números, Lostzilla y el capitán Pescanova comiendo Lacasitos. Entonces no importaban mucho los histrionismos de los fans, pero cuando llegarons las vacas flacas, la cosa se complicó. En honor a la verdad, Lindelof y Cuse han dado una lección magistral de cómo encajar las críticas y aprender de ellas --muchos podrían aprender de estos dos--, quizá porque comprenden como funcionamos. Seguramente, estos comportamientos tan bipolares son minoritarios en los seguidores televisivos, pero por desgracia (y fortuna) para los que tienen que aguantarnos, hacemos más ruido y perdemos el tiempo en hacer páginas, bitácoras y escribir en los foros. De modo que mientras nos traen el litio marca Dharma a nuestro cubículo en Dunder & Mifflin, que nos aguanten, ¿o no? Aclaración: la foto no viene a cuento, pero ¿a qué está buena? Para despotricarComo veo que ya empiezan a alzarse las primeras voces para comentar el final de la primera temporada de Héroes, dejo este texto para que lo comentemos si os apetece. Tratad de comediros con los spoilers en la medida de lo posible e incluso protegerlos de alguna manera. Los hay menos afortunados que tienen que aguantar Cuenta atrás.
La serie se ha caracterizado por un ritmo perezoso y titubeante en varias ocasiones y por la revisión sobre la marcha de ciertas tramas --¿alguien más sospecha que a Simone se la cargaron porque la actriz y Milo Ventimiglia no se podían ni ver? La cara de Tawny Cypress en la secuencia con Peter habla por sí sola--, que hizo que el conjunto tardara un poco más en definirse. Sin embargo, Tim Kring y sus amiguetes han demostrado con «How to stop an exploding man» que algo se ha aprendido en la tele en lo concerniente a atar cabos, pero aún queda camino por recorrer. La serie que más comentarios ha generado de la temporada se despide con algunos de sus personajes en situaciones de grave peligro mortal, pero sin la necesidad de mojarse; los personajes pueden regresar ahora, más tarde o nunca, sin que eso obligue a revisiones en la trama o bandazos serios... si sus actores se portan como profesionales. No obstante, resulta imposible no sentir un regusto a «final de escotilla» con este capítulo tan anticlimático. Los guionistas y la maquinaria publicitaria de la NBC nos habían preparado para una conclusión explosiva en todos los sentidos y, visto lo visto, uno se pregunta por qué han tardado tres o cuatro episodios en contarnos lo que podían haber hecho en uno solo, acumulando las sorpresas finales y dejándonos sin respiración; esto huele a márquetin total, como si se hubiesen guardado algunos ases en la manga que a última hora decidieron no jugar (¿Heroes: Origins?). Perdidos tiene sus fallos, pero comenzó a matar personajes y a sacar monstruos de humo, a 24 solo le falta enviar a Jack Bauer a Saturno y Alias destruyó a los malos y saltó dos años en el tiempo en solo 10 episodios; algunas cosas no les salieron bien y aún los estamos crucificando por eso, pero al menos se arriesgaron a dar un puñetazo en la mesa para imprimir emoción a la partida. Héroes se ha revelado como sorprendentemente conservadora; no nos ha dado un episodio malo, pero nadie de la sala de guionistas se ha enterado de que tenían que escribir un cliffhanger. ¿Qué decís vosotros? ¿Y si fuera verdad?Hoy, mi alumno de 13 años me ha dicho en mitad de la clase, «Yo creo que lo de Perdidos es que los tienen metidos a todos en un programa de televisión» y se ha quedado tan pancho. He de confesar que se me ha parado el corazón, ¿y si resulta que tiene razón y eso es el famoso gran-giro-argumental que nos han prometido los creadores para esta noche? Un niño de 13 años bien podría ser la encarnación de la navaja de Occam. Cuanto más pienso en ello, más sentido tiene.
Save our show!
Quizá una de las más conocidas y pionera en estas lides fue Bjo Trimble, que en 1968 hizo campaña para salvar a Star Trek de su cancelación, cuando la NBC anunció que tras el segundo año en antena, no habría más episodios de Kirk, Spock y compañía. Nunca a nadie se le ocurrió hablarle a las cadenas en ese tono y aunque a nivel de aficionados consiguieron lo que querían y la serie galáctica regresó para un tercer año, a nivel histórico sentaron las bases contestatarias y dejaron claro que la audiencia, aunque poco, a veces sí tiene algo de poder.
Con estos dos precedentes, en la nueva década se ha hecho casi predecible el lanzamiento de una campaña de salvamento para cada serie en peligro, quizá porque la constante en estos casos es la existencia de una audiencia baja pero muy fiel, acceso a internet y mucho tiempo libre. Los nuevos tiempos exigen nuevas estrategias y no vale con inundar a las cadenas con cartas, sino que hay que hacerlo con clase. Así, para salvar Roswell se enviaron, además de cartas, etiquetas de tabasco; se eligieron cartas del tarot para la campaña de Carnivàle y los seguidores de Dark Angel enviaron códigos de barras a la FOX para que la serie regresara para una tercera temporada. La serie no regresó porque la FOX puso todo su dinero en el piloto y primera temporada de Firefly. Curiosamente, al medio año eran los aficionados a Firefly los que estaban inundando la FOX y la UPN con cartas para pedir el regreso de esta a las pantallas.
«¿La UPN?», diréis. Sí, la UPN, ya que las campañas de salvamento no solo centran sus esfuerzos en llamar la atención de las cadenas donde se emite la serie en cuestión sino también ponen énfasis en encontrar posibles nuevas casas al objeto de su pasión. El Sci Fi Channel, por ejemplo, es un «nuevo destino» muy popular para series de corte fantacientífico, ya que en su día salvó del sueño de los justos a Stargate SG1 (entonces en Showtime) y Sliders (en la FOX originalmente).
Logísticamente hablando , quizá la campaña más currada fue la que pusieron en marcha el año pasado los seguidores de Everwood. Con la fusión de la rana y la U para formar la CW, se cayó Everwood de la parrilla, así que su audiencia reunió dinero y montó ¡una noria! como las de los pueblos cerca de las oficinas centrales de la CW a la que incluso asistieron actores de la serie y periodistas del medio. Un gran esfuerzo que, por desgracia, no obtuvo la respuesta deseada.
La versión del espejo de esta campaña la protagonizaron los seguidores de Straczysnki cuando Showtime renovó Jeremiah para una segunda temporada. Enseguida apareció una noticia en clave de humor pidiendo a los fans que montaran una campaña llamada «Cancelen Jeremiah» para que así pudieran montar una campaña de salvamento y que esta regresara para un segundo año. Actualmente hay varias historias montadas en internet para hacer regresar distintas series. Como una resaca de las presentaciones neoyorkinas, surgen como setas páginas en internet que muestran su desacuerdo con las decisiones de los peces gordos. Tenemos la clásica de todos los veranos, Save Veronica Mars, a la que este año se añaden Save Gilmore Girls y la que parece más currada, NUTS for Jericho, donde los seguidores de la serie quieren inundar la CBS de cacahuetes para mostrar su disconformidad con la cancelación de la serie. Al menos, si no consiguen que vuelva, puede que los trabajadores de la CBS sufran graves infartos por elevados índices de colesterol tras hincharse a cacahuetes; no es lo que querían, pero sí un consuelo. Si sois adictos a este tipo de iniciativas, podéis estar al día de ellas en la página Save my Show. Cómo saberlo¿Cómo medir tu
Bueno... cualquiera que sea la prueba, si al poner Studio 60 y ver a Allison Janney, gritas a pleno pulmón «¡Cejotaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!»,está claro que has reventado del medidor. Si encima le hablan en alemán a un pastor ídem y piensas en Rex, ya la cosa se confirma. Una serie de catastróficas desdichas
En pocas palabras --por la naturaleza de la serie, no quiero hablar demasiado de su argumento--, Traveler cuenta la historia de dos estudiantes universitarios modelo que para celebrar su graduación deciden pasarse el verano viajando antes de que con el otoño tengan que empezar a buscar trabajo, casa y demás (¡porque el otoño es un rollo!). La cosa se complica cuando, por una serie de acontecimientos inconexos y aparentemente inocentes, incluida la existencia del misterioso Will Traveler, se ven metidos hasta el cuello en una trama que el FBI está investigando... y hasta aquí puedo leer.
El caso es que el piloto, aunque se haga lento en algunas secuencias, encierra sorpresas, está bien hilado, plantea sus cuestiones y se percibe su potencial una vez que el argumento se despliega ante nuestros ojos. Ayuda mucho la presencia de William Sadler como padre de uno de los protagonistas y Steven Culp como agente del FBI encargado de la investigación principal. Ahora que el verano da paso a batallas más suaves y calma la paciencia de las televisiones y espectadores, esta es mi primera recomendación. El piloto se emitió el pasado 10 de mayo y la serie continúa su andadura de 8 episodios el miércoles 30 (incluida una repetición del piloto) Adiós, Kevin ReillyLa NBC le ha enseñado la puerta a su presidente, Kevin Reilly, y este ha decidido abrirla y marcharse. No ha sido un año del todo redondo para la cadena, que ha quedado entre cuarta y tercera a medias con la FOX, y parece que quieren darle nuevos aires al canal del pavo. Por ahora no van a nombrar a nadie, pero Ben Silverman (que produce The Office, Ugly Betty y 30 Days entre otras) es el mandamás en funciones en estos momentos. Cuando entra alguien nuevo en cualquier empresa, lo primero que busca es dar un par de golpes de efecto para que se note su llegada y su presencia. A veces esto trae cosas buenas y otras, solo es tocar las narices por tocarlas. Reilly llegó a la NBC cuando estaba viviendo su particular «fin del principio», una etapa de transición en el lento declive de la audiencia (tras la marcha de Friends, Fraiser y Will & Grace et al.) que el presidente afrontó con la llegada de Me llamo Earl, Héroes y el replanteamiento que insufló vida a la insufrible The Office inicial. Las dos últimas apuestas personales de Reilly son las geniales 30 Rock y Friday Night Lights, de baja audiencia, pero muy valoradas por los medios y un grupo selecto de espectadores. ¿Corren peligro ahora Liz Lemon y el entrenador Eric Taylor? Ay, amigos, qué dura es la vida de espectador-sufridor. Actualización: Supersize no more! ¿Llegan los primeros cambios a la cadena? La NBC ha anunciado que se acabaron los episodios supergrandes, una marca del pavo desde la temporada 2000-2001 que comenzó con Friends (y que en España no disfrutamos) y que luego ha exportado ocasionalmente a otras series. Qué pena, ¿no? |
Tertulias televisivas emitidas 1x01 Series españolas (Piloto)
Archivos
|