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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007. Sólo por eso
En noviembre se estrena un telefilm basado en las andanzas de la Pegasus y en enero llega la última temporada, de 22 episodios, donde se resolverá el final culebronesco del tercer año. Espero que le hagan sitio a Heather Locklear, porque es lo que le falta a la serie para ser Melrose Place en el espacio. Una última temporada; sólo por eso seguiré viendo Galáctica. Cuando éramos jóvenesHay una serie que sigue estando entre las más vistas, pero que apenas recibe portadas, publicidad y elogios chorras por parte de la crítica. Se llama Urgencias y acaba de concluir su temporada décimotercera en televisión.
Parece complicado mantener la maquinaria publicitaria y corporativa trabajando durante más de una década y no se puede negar que Urgencias ha pasado por baches creativos muy, muy importantes. Resulta comprensible si tenemos en cuenta el baile de guionistas y de actores que han desfilado por la sala de espera del County General. Como fan devoto de la serie, os confieso mi desesperación ante personajes como Lucy Knight, Jing-Mei Chen o Dave Malucci, pero por cada uno de ellos siempre tendremos a Anna Del Amico, Elizabeth Corday, John Carter y muchos más, por no hablar de esos episodios muy especiales, que lejos de lastrar al drama, lo hacen aún más grande.
Con la adición de John Stamos y Stanley Tucci al elenco, parece que Urgencias no solo no va a echar el cierre, sino que parece preparse para una nueva reinvención de sí misma con la nueva oleada de capítulos que supondrá la décimocuarta temporada. Quizá con la intención de dar un aire de modernidad, se ha subido al maldito tranvía de eliminar los títulos de crédito, casi un personaje más de la serie, una seña de identidad de la que se han visto obligados a prescindir seguramente por la avaricia publicitaria de la NBC. ¿Por qué me importa eso? Ya sabéis que a mí me van las locuras y que soy un apasionado de lo que me gusta; cuando soñaba con entrar en la facultad de Medicina (y los años que pasé en ella), me imaginaba a mí mismo con el pijama verde, codo con codo con Anthony Edwards y Noah Wyle, en los títulos de crédito... pero me pasaba cuando éramos jóvenes. ER forever! La duodécima temporada de Urgencias se emite actualmente los fines de semana en La 1, en el increíblemente adecuado horario de madrugada, donde no ve la tele ni Perry (Cox). MaridramasAlgunos personajes, por su popularidad o versatilidad, son el objeto del sadismo de los guionistas, su juguete favorito para golpear, tirar y destrozar. A los espectadores nos encanta verlos sufrir, llorar, patalear y reinventarse a cada momento, dando una voltereta mortal que solo puede acabar en rotura de la crisma por múltiples lugares. Lo mismo viajan a la Luna que se sacan una carrera sin ni siquiera ir a clase que descubren hermanos perdidos o les crece un brazo tras haber sido abducidos por alienígenas... en apenas un año. Estoy hablando de un tipo de personajes dignos de estudio: las maridramas.
«No lloréis, que me voy a casar con ella», que diría el otro: al final de la serie, parece que Kelly y Dylan acaban juntos, pero todos sabemos que si hubiera habido una undécima temporada de 90210, se habría hecho lesbiana... como poco.
Está claro que esta chica solo podía acabar siendo una fumadora compulsiva y alcohólica total, aunque a los guionistas se les haya olvidado tan importante dato, por lo que la doctora Lockhart disfruta de vez en cuando de alguna birrita que otra. Solo le faltaba que le echaran un helicóptero encima...
No pasa nada; para no desentonar con su fascinante vida, Desmond hace uso de esas visiones para el bien, porque todo poder conlleva una gran responsabilidad y ser guionista de Perdidos es un trabajo muy estresante como para desempeñarlo sobrio.
Maridramas las hay a millones y resulta fácil detectarlas cuando ponemos un producto en perspectiva. Incluso muchas series asientan alguno de sus pilares en estos personajes, bien secundarios o protagonistas. ¿Qué no le ha pasado a LaForge en Star Trek: La nueva generación o a Sydney en Alias? El verdadero talento estriba en hacer que no se note demasiado que tus personajes han experimentado en tres temporadas lo que una persona normal no experimentaría en cincuenta vidas o, en otras palabras, dar verosimilitud al asunto. Por eso las amamos y, si me apuráis, se hacen imprescindibles en todo elenco. Pasa y siéntateSi a estas alturas no sabéis que me muero por los huesos de Babylon 5 y Straczynski es que lleváis poco por esta mierda de web o la leéis muy por encima. Para mí y muchísima más gente, Babylon 5 supuso un punto y aparte en el mundo de la tele. A la luz del trailer de la nueva peli ambientada en ese universo, directa a DVD, es un buen momento para arrojar una mínima reflexión televisiva... pero lo primero es lo primero (posibles spoilers): El regreso del proyecto babilonia a la pantalla es como reencontrarse con un viejo amigo al que ves de upfronts a february sweeps, aunque no por eso se deteriore la relación. Bien es cierto que las últimas aventuras en ese mundo han sido flojitas y que al propio Straczynski le han entrado ocasionales delirios de grandeza derivados de su enormísimo ego, pero al final el primer amor es el que permanece y nunca jamás podré olvidarme de aquel rico universo de personajes entrañables, tramas épicas y una historia tan bien hilada y llena de sorpresas, que haría sonrojar a mucho guionista quiero y no puedo que pulula por nuestra tele. Reconozco que esta parece la semana de la nostalgia, pero qué se le va a hacer si a los clásicos les ha dado por despertarse de la siesta y volver a dar lecciones de cómo se crea de verdad un verdadero mito televisivo. Bienvenida de vuelta, amiga, pasa y siéntate. La primera temporada de Babylon 5 se vende en DVD en España así como el piloto a unos precios ridículos. Merece la pena. Las cosas cambianCuando los cambios son sutiles y se hacen a largo plazo es difícil apreciarlos sino los ponemos en perspectiva. Que nos quedamos calvos, echamos tripa y las patas de gallo dejan de ser una entelequia para convertirse en una realidad se comprueba con facilidad cuando rescatamos alguna foto nuestra tomada hace algún tiempo. ¿No os lo creéis? Para muestra un botón:
Tranquilos, el tema de hoy no es el tempus fugit aplicado a la estética sino a las costumbres; en concreto, a los usos y costumbres informativos en España. Lo he reiterado por aquí en múltiples ocasiones: el objetivo de esta bitácora, más que escribir sobre lo que me interesaba, fue escribir sobre aquello que yo mismo habría querido leer y no encontraba. En noviembre de 2003 resultaba complicado que una página en español hablara de los conceptos de saltar el tiburón, spoilers o te desgranara la biografía de J.J. Abrams. No, amigos, la llamada blogosfera española estaban orientadas hacia otros temas. No hay que extrañarse; al fin y al cabo internet es un reflejo de nuestra sociedad y nadie iba a preocuparse en hacer un blog y una guía de episodios de Policías, en el corazón de la calle (lo preocupante sería lo contrario), ni dedicaría sus cinco minutos de blogloria a parlotear sobre Alias o 24, completas desconocidas en nuestro país. Algo ha cambiado el panorama desde entonces. El punto de inflexión es difícil de situar en el tiempo, pero las cosas son distinas en el momento actual. De repente, las cadenas hacen cosas impensables como gastarse el dinero en fracasos del calibre de Vanished, Six Degrees o Standoff, ¿a qué viene todo esto? ¡Pero si hace años teníamos que suplicar que alguien emitiese bombazos como El ala oeste o 24! Quizá la extensión del ADSL y el refinamiento de los métodos de distribución (¡yo llegué a intercambiar material por correo postal!) ha popularizado la cultura televisiva y donde antes había un secarral, ahora ya empiezan a brotar algunas hierbas. De repente, la minoría dispersa se ha encontrado en la red y crea y genera contenidos que retroalimentan al propio grupo y lo hacen crecer. Ha sido un proceso lento y paulatino, pero ya se ven los resultados: las teles doblan las series a toda velocidad para emitir episodios y vender DVD casi al ritmo de EE.UU., las comunidades y webs de series surgen como setas y, sobre todo, la sección televisión de los periódicos tiene hasta columnistas y hace mucho tiempo que dejó de ser una triste página testimonial para convertirse en una sección más o menos trabajada. ¿De qué iba El Mundo si no a informar de que han McDespedido a Washington? Anda que no habríamos agradecido entonces que nos tuvieran al día con el culebrón Lena Olin/Alias, ¿verdad? Uno no puede evitar sentir un cierto desasosiego, en parte porque estamos muy, muy cerca de caer en ese pozo inmundo que resulta el llamado universo friki y sus absurdeces asociadas y en parte porque, cuando algo que es tuyo, que te es íntimo, se populariza, ¡se convierte automáticamente en lo peor! La prueba de ello es que anoche ví un trozo de Héroes en la tele y noté que me resultaba cansina... Pero acabaré este texto con un tono positivo al admitir que, en el fondo, hay que estar agradecidos de que se nos empiece a dar una cierta relevancia --merecida, por qué no-- en nuestro micromundo --España y el español--. ¡Qué erial era mi valle en los comienzos y cómo ha cambiado la cosa! Que no cambie demasiado ni muy rápido, pero que dure mucho esta nueva tendencia. Readmit Washington!
Quizá por ese espíritu rebelde (o espíritu Helo), uno no puede permanecer callado ante los recientes acontecimientos, absurdos, caprichosos y que obedecen a una táctica de estupidez generada por los medios y el interés particular de unos pocos, e institucionalizada en su inmensa cobardía por las productoras televisivas. Admiro las series por lo que son; lo que acontece fuera de cámara me da igual y creo que así debería suceder para todo el mundo. A poco que rasquemos, encontraremos actores drogatas, borrachos, pornoadictos, pegamujeres, ex miembros del elenco de A dos metros bajo tierra, tiroteadores en sus tiempos libres, etc. que siguen trabajando y viviendo de cara a la galería; de hecho, es muy probable que el binomio de actor y persona no problemática sea una simple entelequia. A muchos nos importaba --y nos importa-- bien poco la vida de los demás, si tienen hijos, si se miden el lomo, si hacen ritos satánicos o de si su abuela fuma... sobre todo cuando esas noticias no aportan nada y solo sirven para que algunos periodistiquillos confundan sus intereses personales con los del público o para arrojar una cortina de humo sobre un declive creativo puntual o permanente. El caso es que han echado --o, más técnicamente, no han renovado el contrato-- de Anatomía de Grey a Isaiah Washington por llamar mariconazo a T.R. Knight. El suceso tuvo lugar hace meses, en el contexto de una pelea privada en el plató de rodaje de la serie, algo por lo que Washington ya se disculpó y se dispuso a enmendar.
Y yo me pregunto, ¿es eso justo? ¿Acaso pedíamos la cabeza de Aaron Sorkin porque se pasara el mitad del tiempo colocado mientras escribía El ala oeste? ¿Hemos boicoteado 30 Rock a pesar de que Alec Baldwin use a su hija como puching-ball emocional? ¿Dejamos de ver Alias porque Lena Olin quisiera cobrar más que Donald Trump por cada episodio en el que participara? Evidentemente no, pero en el mundo de lo absurdamente correcto, existe la doble moral así como pecadores de tamaños variables y pecados que se pagan a distintos precios en la hoguera de las vanidades que sustenta Burbank y Hollywood. Así que, por coherencia, por otorgar a los problemas la importancia relativa que tienen y por una simple cuestión de afición televisiva, solo pido una cosa muy sencilla: que readmitan a Isaiah Washington, porque la cosa no es para tanto y porque, sorpresa, ¡a la mayoría nos da exactamente igual si es homófobo o socio del Almendralejo F.C.! Unos comentarios (ombliguismo, enésima parte)
A finales de mes dejará de funcionar el reenvío de los comentarios a vuestras direcciones de correo. Por el sistema de Yahoo!Groups, el reenvío solo puede hacerse a mano (al menos desde mi correo) y como tampoco hay tanto tráfico ni son complicados de seguir, he optado por dejar de prestarlo; muchas gracias a los que estáis apuntados a la lista o alguna vez lo estuvistéis. También os recuerdo que la bitácora se tomará un par de mesecitos de vacaciones en verano y probablemente en julio y agosto haya poco o nada de material nuevo. Así también descansáis de mí, que no viene mal.
Mientras lavo la cara al blog o no, quiero refrescar un poco la sección de audiencia, que siempre me pareció una iniciativa simpática, un guiño a los propios lectores. Estuve considerando retirar algunos iconos, pero luego me pareció una falta de respeto para aquellos que en algún momento compartieron su tiempo conmigo y los demás, así que simplemente aparecerán iconos nuevos. Permaneced atentos, pues, a lo mejor recibís vuestro merecido homenaje. Nunca ha sido este un cuaderno de muchos lectores, pero lo hemos pasado bien juntos y eso es lo importante, lo que anima e inspira --qué necesario resulta a veces-- a seguir. Gracias a los que seguís comentando (a pesar de las enormes dificultades matemáticas que presenta la enigmática pregunta de seguridad de Blogia) y a todos esos que estáis «en la sombra», daos a conocer, que el mirarse el ombligo es una experiencia más placentera si se realiza en comunidad. La zona de los amigos
Esta conversación tan inocente en apariencia, recoge una perla incalculable de sabiduría. Qué tiempos en los que Joey se perfilaba simplemente como un ligón delgadito antes de reconvertirlo en un ligón tonto y fofito, ¿verdad? Igual que con los chicos y chicas que queremos conquistar, las series tienen un período limitado, una ventana de cortejo, para captar nuestro amor incondicional antes de que se conviertan para siempre en nuestras amigas, aquellas a las que veremos muy de vez en cuando, en algún capítulo perdido de Telecinco a las 7 de la tarde del domingo. Uno se desarrolla mejor como persona cuando se conoce bien a sí mismo y comprende sus limitaciones; se vive más feliz así. Nuestra faceta telespectadora no se encuentra ajena a esta idea y, a algunos de nosotros, pasado cierto tiempo, las series no nos llaman. No importa cuánta publicidad generen, el número de espectadores que tengan o que nos la recomiende nuestra amada en el lecho de muerte: han pasado a la zona de los amigos y es altamente probable que nunca nos sentemos a verla o, pasada una o dos temporadas, seguirla de cerca. Así que lo siento por Ángel, Kitchen Confidential, Bones, Recue Me, Boston Legal, The Unit, et al., pero no creo que jamás crucemos caminos. A este paso, posiblemente se muden a esa zona Entourage y, ¡glups!, Friday Night Lights. Se decidirá lo que queda de mes. Este asunto, ¿es solo achacable al evidente deterioro de mi precaria salud mental u os sucede a vosotros también en mayor o menor medida? Era por esto
Sabía que Chandra Wilson me encantaba por alguna razón más allá de sus indiscutibles cualidades interpretativas y la enorme humanidad y madurez de la doctora Bailey y ahora creo saber por qué: a la doctora nazi le gustan los culebrones. ¿Lo mejor? No solo no se avergüenza de ello, sino que se ha apuntado a co-presentar la gala previa a la entrega de los Daytime Emmys (los Emmys de los culebrones). Esta afición que me hace amarla mucho más solo representa la punta del iceberg de lo que parece ser Wilson. Merece la pena leer la entrevista de Michael Logan a la intérprete; desde aquí se palpa la simpatía y humildad de una gran actriz. Consideradme, votantesComo la temporada otoñal ha tocado a su fin y las cadenas se están dedicando a rellenar los huecos de parrilla como pueden, la prensa y los peces gordos, para no aburrirse, se dedican a complicarse un poco la vida para pasar el tiempo. Como las audiencias importan poco y las críticas de las series de verano se usan para envolver los bocadillos light del Subway, el centro de atención está puesto en los Emmy. Camilo José Cela dijo en su día del Premio Cervantes que estaba «cubierto de mierda». Luego se lo dieron a él y parece que ya no había excrementos por encima, pero, ¿acaso voy a negar a un Nobel? Pues lo mismo pienso yo de los Emmy, como también comenté en su momento; no me habrá premiado la academia sueca, pero opiniones tengo para dar y tomar. Mi divorcio no impide que disfrute de toda la farándula que rodea a los primeros premios televisivos (con permiso de los Culebroni), especialmente el rodillo publicitario que se traen las cadenas con la revista Variety; ¡porque si no sales en la Variety no eres nadie! Desde finales de mayo, las cadenas normales y las de cable han empezado a pagar portadas y páginas interiores para que los votantes elijan sus series como las más mejores del mundo mundial. Por ejemplo, la NBC ha hecho un esquema básico de corrección de color para algunos de sus productos y lo ha mandado a la revista:
Interesante pero monótono, aunque sería una pena que 30 Rock no ganara el Emmy a la mejor comedia (al fin y al cabo, ya no está la insufrible Raymond para robarlo), aunque a mí me da igual porque desde mi divorcio no me afectan estas cosas.
Lo mejor para ganar es apostar a todo. A pesar del enorme (y esperado) batacazo de Anatomía de Grey el año pasado, donde no obutvo ningún premio gordo (ni fino, creo recordar), los de la ABC contraatacan y deciden nominar a la serie «a todas las categorías dramáticas». ¿Desesperación, eficiencia, ahorro...?
Hay que reconocer que pese al final desastroso de la tercera temporada, los dos primeros tercios de este año han sido bastante espectaculares, pero resultaría toda una sorpresa que la serie ganara alguna categoría principal... aunque ya sabemos que estas cosas no van por el mismo camino que el talento o la justicia. Recordemos que los galardones se empeñan en premiar tontunas como Curb Your Enthusiasm y obviar a Jaime Pressly. Si eres una cadena pobre, como la FX --la ñapas del cable--, maximiza tus recursos. La FX tiene series tan buenas o mejores que la HBO o la Showtime, pero su fama es menor (la vida es dura), así que para qué esforzarse en romper un cliché de cemento armado; de ese modo, ha metido todas sus series en un anuncio y al suspiro de «Here goes nothing», lo ha colado en la revista.
Muchas veces, lo interesante es simplemente estar ahí por el hecho de estarlo, para dejarse ver y que sean los demás los que decidan. A veces sucede que no sabes con exactitud quién es el protagonista principal de tu serie o quién entra mejor por el ojo. En esos casos, se puede optar por la solución de la FOX, con un anuncio de las principales caras de su parrilla, o la CBS, con su anuncio de todo el elenco de CSI a lo Abbey Road.
Lo interesante es aprovecharte de las caras conocidas que tienes en nómina porque la apuesta resulta bastante poco arriesgada y suele salir bien... no si yo fuera el que emitiera mi voto, pero ya me entendéis. Por ejemplo, solo por protagonizar aquella tortura china sin gracia llamada Seinfeld, Julia-Louis Dreyfus es una estrella televisiva --comparable, en términos simios, al mono Marcell-- y la cadena no va a dejar pasar la oportunidad de recordárselo a todo el mundo. En la foto, no obstante, sale con cara de estárselo pasando en grande y, lo reconozco, las personas que salen riendo me pueden, porque soy un chico fácil:
¿Qué decir de Hugh Laurie? No tiene carisma, reinterpreta al doctor Perry Cox (con peor gracia) y tiene una cara que sugiere corrupción infantil y pedofilia, pero se le reconoce como gran actor y mejor personaje... Está claro que, quien entienda los Emmy, que los vea y los sufra. Yo prefiero los Amy Awards, que para algo son cosa de mi novia secreta, TVGal, y puedo participar activamente en ellos. Remedio para los spoilers
Mientras, para evitar males mayores, he optado por finalizar de ver la serie de una vez (acabo de comenzar con la quinta temporada) y poner en marcha un cordón sanitario (algo laxo) consistente en cerrar cualquier página que tenga la combinación de palabras «Sopranos finale» o similar, lo que no es muy fácil porque el tema de la semana (pasada) es el final de la serie. Sí, no importa que en España nadie vea la serie por la Sexta (o los que alguna vez lo hayan hecho, te espeten en la cara que es un rollo): ahora resulta que medio país es fanfatal de la sórdida existencia de Tony y su familia. Por cierto, para rollo, en lo que se ha convertido Los 4400. El comienzo de la cuarta temporada (anoche, en la USA Network), más aburrido aun que el final de la tercera y la trama no solo tiene menos sentido que nunca sino que da la impresión de que han apretado el botón de reset. Oficialmente, la serie se sienta en el banquillo de las dudosas desde ya mismo. Me pondré con Deadwood, uno nunca sabe cuándo le va a venir bien familiarizarse con el acento bronco y las expresiones atávicas del lejano oeste. ¿Véis como no odio a la HBO? Para que vuestra visita no sea del todo en balde, os recomiendo una página sobre la que escribió el otro día Warren Keffer en Locosporlatele. ¿Nunca os ha pasado que véis la barrita del Bittornado en el 70% y pensáis, «Pues me podría dejar ver ese 70% mientras se descarga el otro 30%»? Yo sí, como debieron pensarlo los de Stage 6, una página al estilo YouTube, pero fundamentada en DivX, de modo que se puede ver lo que estás descargando casi al tiempo que lo haces y con una calidad muy alta, incluso a pantalla completa. Ahora, ¡hasta podréis improvisar las fiestas de pilotos! Locuras de primavera: la boda de Letizia
Como decía entonces, si se van a hacer las cosas, mejor tratar de divertirse haciéndolas. Si vas a ver pilotos, que sea con una fiesta; si te vas a tragar la voz en off de Meredith, mejor con amigos para hacer comentarios hirientes; y si vas a ver Melrose Place, que sea con una selecta lista de invitados a los que no les avergüence saberse ante uno de los mejores productos que jamás haya dado la tele. Es que, lectores y sin embargo amigos, a mí la Boda Real me importaba más bien poco, pero mi madre, antileti declarada --somos como los Walker: antagónicos pero nos amamos--, es bastante prorrealeza y pro Borbones. La casualidad quiso que la boda de Letizia coincidiera con un crucero que llevó a mis progenitores amados (pero con un pésimo gusto televisivo) a lejanas aguas donde la señal institucional de TVE se recibía peor que las críticas en la productora de Straczynski. De ese modo, quedé encargado no solo de grabar el Real enlace sino todos los posibles programas especiales (incluido el de la Campos ¡aaaaargh!) relacionados con el mismo. Uno es un chico bien mandado y no iba a fallar en mi cometido así que, aplicando la máxima de la diversión a toda costa, opté por ver la televisión del único modo que entiendo: haciendo una fiesta... ¡una fiesta de coronas! Con la Boda Real pasó un poco como con Noche de Fiesta y Crónicas Marcianas, que tuvo audiencia millonaria, pero a todo el mundo le parecía una castaña y la pilló por casualidad. Parece que invitar a la gente a tu casa a ver algo así queda demasiado "reunión Tupperware", así que me aseguré la asistencia (pequeña pero selecta) mediante el soborno a mis amigas: a cambio de hacerme compañía, cocinaríamos con la Thermomix, que es la tercera mejor opción tras una joya o un libro de Anne Geddes. Así que colgué una guirnalda del techo, conseguí unos abanicos de la boda (¿qué es una fiesta sin tener merchandising oficial?), nos pusimos una corona en la cabeza cada uno (la mía era del Burger King) e hicimos croquetas para aburrir. La Boda fue un rollo --salvo el momentazo de ver entrar a todos los invitados a la Catedral de la Almudena y una porra improvisada sobre cuándo caería el chaparrón que amenazaba a la ciudad desde la víspera--, pero yo no falté a mi promesa de grabárselo todo a mi querida mamá (más de 16 horas de grabaciones para cuando regresara de viaje) y encima lo pasamos bien en amor y compañía, ¿qué más se le puede pedir a la televisión? Éramos pocos...Lo que nos faltaba. Una lesbiana, muy activa en la comunidad homosexual estadounidense, ha iniciado una campaña para que la ABC readmita a Washington en Anatomía de Grey. Me encanta ver que hay personas que luchan sin complejos contra el pensamiento
Heroes Jumps the SarkYa me lo habían advertido, pero se ha confirmado: Héroes suma a David Anders a su abultado elenco para la segunda temporada. ¡Qué fácil es hacer feliz a los seguidores de Alias!
¿Os imagináis que su misión fuera matar a Peter Petrelli y lo consiguiera? ¡Doble felicidad! El centro no aguantaMedio de broma, medio en serio, lo he dicho más de una vez aquí (y mis eneamigas también): Anatomía de Grey puede pegar el petardazo en la cuarta temporada. Si bien creativamente es complicado vislumbrar por dónde puede salir una serie --ahí está la resurrección de Marujas Desesperadas o El ala oeste y el bajón increíble de Galáctica--, la química de su elenco suele constituir la base sobre la que afianzar el producto, y lo que está sucediendo este verano con Isaiah Washington, daría para un reality en toda regla, muy al estilo The Comeback. Como un merengue gigante que se pone delante de un ventilador y lo pringa todo, lejos de acabarse la mala sangre, a la Rhimes se le está desmandando el corral de gallitos cosa mala; ahora que está de patitas en la calle, el alter ego del doctor Burke está tirando de la manta sin miramientos, sacando a la luz los tejemanejes de los despachos de la serie. Mientras Knight calla --quizá la táctica más sensata--, Washington ha sacado a la palestra a Patrick Dempsey y Shonda Rhimes, golpe de efecto al más puro estilo La ley de Los Ángeles. Igual que sucedió con el tema «Veronica Mars en el FBI-Veronica Mars cancelada», este tema está bien para tenernos ocupados un ratito --y a los blogueros (y periodistas) nos da algo de chicha, para qué mentir--, pero nos encontramos a dos o tres notas de prensa de aburrirnos soberanamente. La ABC debería poner orden en todo este asunto si no quiere que el merengue lo acabe pringando todo. |
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