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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007. La segunda parteQuizá queráis contextualizar este texto-secuela con este otro sacado de esa bitácora de guasa y sensiblería llamada Tabula Rasa. Los crossover son así. ¡Oh-Dios-mío! 24 horas más tarde, ¡los mundos vuelven a chocar! Impagable comienzo del primer acto de Veronica Mars esta semana: Galáctica*, porno por internet e inadaptados en una convención. La perla, ¡Veronica también encuentra risible la bolsa de plástico de American Beauty!
Y el superextra de la semana:
Uno ve estas cosas y se pregunta, ¿por qué los críticos que escriben cosas como que los diálogos de Aquí no hay quien viva son ingeniosos todavía conservan sus puestos de trabajo? * Creo que algún día tocará hablar de como me recuerda Tricia Helfer a Kristen Bell y viceversa. Entre otras cosas, son rubias, pero muy listas y saben actuar. España miente
No sé a vosotros, pero a mí las cuentas no me salen. Así que, o la encuesta está mal hecha, o los telespectadores mienten, lo cual no es novedad. La novedad es que mienten a lo grande. Masi Oka: niégate. Esta semana ha salido Masi Oka haciendo de él mismo en Studio 60, lo cual es la enésima vez que aparece en... bueno, en cualquier parte. Corre un serio riesgo de ser el premio churrasco de este año. Masi, no te dejes: te van a quemar más rápido que a Las Ketchup. Adiós Matt, Danny, Jordan...
La pena en el caso concreto de Studio 60 es que comenzaba a encontrar su camino y el episodio del lunes pasado, «The Harriet Dinner», fue con toda probabilidad el más divertido, intenso y emocionante de la corta vida del drama. Algunos estaremos esperando con ganas al resto de los capítulos. Mientras tanto, con su retirada, NBC ha terminado consolidar el estatus «de culto» que muchos ya le habían otorgado. La suma es mejor que las partes¿Qué puede ser mejor que un episodio de Scrubs y Keri Russell? Un episodio de Scrubs con Keri Russell. ¿Y aún mejor? DOS episodios (aunque haya que esperar hasta mayo). Retocar el arte (adenda)Como pequeña adenda a lo publicado sobre los retoques a Star Trek, os pongo un enlace a Trekweb donde podréis ver algunas imágenes de «La máquina del Juicio Final», el episodio que citaba en al artículo. No pinta nada mal. Vamos a tomarnos un descanso
Cada serie es como un elemento más de mi vida: están los vecinos a los que saludas cuando pasan y poco más (CSI), los amigos del alma con los que siempre sabes que puedes contar aunque haga siglos que no veas (Urgencias), los grandes amores (Felicity) y las grandes decepciones (Jericho). Las relaciones cambian, alguien te sorprende positivamente y se cuela en tu vida (5 Hermanos) y algunos otros se alejan de ti (O.C.), incluso clavándote un puñal en la espalda que ya te veías venir (Galáctica). ¿Y las parejas? Hay algunas series que, como un flechazo, te hacen sentir mariposas en el estómago solo con oír su nombre, con ver a alguno de sus actores en los titulares. Es un amor que te quema, te consume, y no hay muro que no saltarías para correr a su encuentro. Acuden a tus brazos con una sensación embriagadora que hace que olvides todo, incluso que los momentos de pasión tienen un fin, casi siempre catastrófico. Es el punto en el que me encuentro con una de mis grandes pasiones: Perdidos. La cuestión es demasiado compleja y dolorosa como para analizarla aquí al detalle, pero desde mayo, a la serie y a mí se nos ha ido apagando el amor. Quizá sea que me siento totalmente manipulado, manejado como un pelele a su antojo; tras un final de temporada espectacular, sus creadores nos prometieron que al regreso del verano veríamos una minitemporada llena de sorpresas y con una minitrama propia. No solo no cumplieron su palabra sino que encima se pusieron a filosofar sobre el sexo de los ángeles y se les escapó de las manos el vastísimo mundo que ellos mismos habían confeccionado. Tampoco han cumplido cuando dijeron «sí, es verdad, esta minitemporada no ha sido lo que esperábais ¡pero ahora los nuevos episodios sí serán lo que esperáis!». A veces tengo la sensación de que Perdidos es una huida hacia delante y que dentro de unos meses, ni siquiera sabrán dónde se encuentran. ¿Saldrá entonces Jack de la ducha de la escotilla dándose cuenta de que ha sufrido una pesadilla que ha durado varias temporadas y retomarán la trama desde allí? Si eso sucediera, quizá los críticos televisivos lo calificaran de genialidad, en consonancia con la descarada línea ascendente de peloteo-previo-pago que están teniendo todos los medios de comunicación con la serie. Digo previo pago porque me resulta totalmente imposible de creer que no exista ni un solo crítico de los principales medios que se haga eco del creciente descontento que existe en parte de la comunidad fan y que absolutamente todos los episodios sean calificados como «te cagarás encima cuando lo veas». Vale que Kate está tremendísima, pero hasta yo me he cansado de verla gritar y hacer pucheros, máxime cuando hay tramas que se abandonan, que no tienen sentido o que simplemente son cortinas de humo (ay, el humo) innecesarias y frustrantes. Así que, como los novios que ya no se entienden pero se siguen amando con recelo, voy a poner un poco de tierra de por medio para ver si al menos, con el tiempo, podemos ser amigos. Así que Perdidos (y Galáctica), vamos a tomarnos un descanso. Hasta tenéis permiso para tiraros a la tía de las fotocopias. ¿De quién es?Hay una página web dedicada a una de las actrices de The Catch, el proyecto fallido de JJ Abrams y Greg Grunberg, que ha colgado un pequeño vídeo de la serie. La web es Darling Daylia y el vídeo es este: Si os soy sincero, el vídeo no ha despertado en mí demasiado interés en la serie; un interés estéril porque quizá recordéis que se trataba de un drama pensado para la temporada pasada (2005 - 2006) y cuyo proceso de creación estuvo lleno de cambios, retrasos y reinvenciones. Aún querría echarle un ojo si pudiera, no obstante, y eso vuelve a traer a primera fila la eterna cuestión de a quién pertenece el arte y las obras que en él se inscriben. En su día, la ABC pagó para tener el piloto entre sus apuestas y al final optó por no seguir adelante, de modo que ahora estará cogiendo polvo en alguna estantería de su archivo. Toda elaboración de una obra es un parto difícil y un crecimiento todavía más complicado como para acabar olvidado en algún oscuro sótano; ¡incluso el peor episodio de Mis adorables vecinos es fruto de un esfuerzo! El abaratamiento de los soportes y la tecnología actual permiten hacer cosas impensables hace solo cinco años. ¿Quién iba a pensar en los 90 que no solo no utilizaríamos cintas sino que tampoco serían necesarios ya el CD y el DVD para ver y conservar nuestros episodios favoritos? iTunes ha sido la punta de lanza de un mercado sostenible que ofrece beneficios a los vendedores y precios asequibles a los que compran; J.J. Abrams tiene un cierto nombre y Greg Grunberg es uno de los protagonistas de la nueva sensación de la temporada. Si tenemos en cuenta que cualquier cosa enlatada solo genera moho, ¿no podría hacerse una especie de saldillo de pilotos perdidos para teléfilos? Quizá no reportara beneficios pero al menos se podría costear el precio del rollo de cinta virgen. Ya están aquí los Héroes
Desde el principio, la serie olía a un nuevo e inteligente giro de tuerca dentro de la temática fantástico-paranormal que explotaron Expediente X, Perdidos, Más alla del límite... ¿No os lo creéis? Pues ya lo dije en marzo, hace casi un año. Automolismo aparte, la serie tiene sus más y sus menos pero en esencia, merece la pena dejar entrar a este drama sobrenatural en nuestra casa y que sus tramas sirvan de revulsivo ante programas inmundos, realities pellejos y pornografía emocional varia que sazonan de pestilencia nuestra parilla. Hasta ahora, siempre se ha citado la ausencia de alternativas y el deseo de evadirse del tedio de la cotidianidad como las causas de ciertos comportamientos gregarios en los telespectadores (un tema que quiero tratar pronto, quizá mañana...) Si una serie de superhéroes con buen corazón (la mayoría) con vocación didáctica (seguro que se emite en DUAL) no sirve de evasión, ya me diréis el qué entonces. Como ya os la contamos, es tontería reincidir en el tema; solo avisaros de que será complicado que veáis la serie y no simpaticéis con Hiro y Ando, babeéis por Claire o Peter respectivamente, envidiéis el cutis de Mohinder u os preguntéis qué médico habrá aplicado un tratamiento antihormonal a Eden (qué grimaza de chica). Ilustra el texto una foto de Nathan Petrelli, al que según varios chorratests me parezco. No sé yo, pero envidio que no tenga mofletes ni papada y es con diferencia el que mejor viste de todos ellos. ¡Hey, es la Meredith número dos!El otro día expresé sin palabras mi preocupación por el rápido proceso de descomposición del rostro de Ellen Pompeo. Os confieso que en el último episodio tuve serios problemas para concentrarme en la trama de Meredith por su rostro desconchado y eso que Máscara es una de mis películas favoritas de mi infancia. Es cierto que hay algún fanfatal suelto de Meredith (algo temerario, los Meredith-haters son la penultimísima moda en los foros televisivos), pero es el momento de obviar tal hecho y poner fin a este espectáculo dantesco. La niña es la favorita de la todopoderosa Shonda Rhimes --no en vano, la serie se llama Anatomía de Grey-- así que tenemos poco que hacer. Sin embargo, en la televisión pocas cosas son imposibles y si Alicia Goranson (Becky) era sustituida eventualmente en Roseanne por la guapísima Sarah Chalke (conocida desde entonces como la Becky número dos), ¿por qué no hacer lo mismo con la Pompeo? Y por pedir, ¡incluso podríamos buscar a alguien que supiese actuar! Aquí tenemos algunas candidatas:
Björk Guðmundsdóttir. ¿No os partís de risa cada vez que Meredith se autodefine como una persona oscura y problemática? Vamos, que parece que nos la quieren vender como una mezcla de Lex Luthor y la tía Marta de los huevos Kinder. Si lo que quieren es problemas pero de verdad, que contraten a la desequilibrada de Björk y eso les enseñará lo que es tener a alguien tocado del ala a un lado y otro de la pantalla. Eso sí, a lo mejor tienen que doblarla para que los diálogos no parezcan una psicofonía, pero seguro que los técnicos de sonido que hayan trabajado con Lydia Bosch podrán ser de gran ayuda en este terreno. También suma puntos en las categorías elenco multirracial y fans sesudos. ![]() Estas son solo algunas candidatas para el puesto, ¿se os ocurre alguna a vosotros? Si los productores se animan, pueden preparar el cambio para los may sweeps y despedir la temporada con un toque de distinción que afiance más a la serie como lo más visto de la semana. Ya se sabe que el reinado en la parrilla es breve y la audiencia se aburre rapidísimo de todo. Lo que da de sí un mes
30 Days, renovada ya para una tercera temporada, es una serie documental en la que una persona —a veces Spurlock, a veces algún estadounidense anónimo— quiere ponerse a prueba en algo y se somete a un cambio radical durante 30 días. En ocasiones quiere examinar su fe, otras veces es su estilo de vida y otras quiere trasmitir un mensaje a los que le rodean. Para que la serie tenga gancho, se suele centrar en temas actuales (homosexualidad, inmigración, ecología, cárceles...), pero el protagonista siempre tiene que seguir unas normas preestablecidas que varían en cada programa. Igual que Super Size Me, se suele partir de un cliché pero nunca se fija un objetivo claro; no se trata de demostrar nada o de imponer ninguna idea y eso juega a favor de la historia y del espectador porque muchas veces el curso natural de los acontecimientos nos lleva a lugares inesperados y sorprendentes. A veces, el protagonista no finaliza su mes y otras el experimento tiene consecuencias en la existencia del que se somete a él, que cambia para siempre. Los prejuicios que el espectador pueda tener al comenzar un nuevo episodio de 30 Days tampoco impiden disfrutar de ello. Cuando en el episodio piloto, Morgan y su prometida Alex se marchan de Nueva York para vivir en un ambiente rural y sórdido cobrando solamente el salario mínimo, nos podemos hacer una idea de que la cosa no puede salir demasiado bien, pero el capítulo es intenso, sorprendente, mucho más interesante y profundo que cualquier reality que nos echemos a la cara. No os preocupéis, la pareja sobrevive la odisea, pero da que pensar.
La primera temporada también se ocupará de cómo puede encajar un joven cristiano conservador en Castro —una suerte de Chueca en San Francisco— cuando jamás ha conocido a un homosexual o lo que supone ser ateo o musulmán en Estados Unidos. Quizá los episodios más interesantes son los menos esperados: un casi cuarentón que quiere volver a ser joven gracias a terapias hormonales y deporte o qué les sucede a dos derrochadores de energía que gastan a todo trapo cuando les llevan a vivir a una granja de comeflores que solo consumen aquello que son capaces de producir por sus propios medios, incluida la electricidad (una pista: uno de ellos acaba haciéndose con un rifle y sale a cazar al grito de «¡Quiero carneeeee!»). Aunque ha pasado sin pena ni gloria por las pantallas, 30 Days es una serie interesante. Nos acerca más a la vida de individuos distantes en los que podemos reconocer a veces parte de nuestra propia personalidad y, a la vez, emociona, divierte o nos hace contemplar con horror escenas lamentables aunque cotidianas. Es casi, casi, como un Gran hermano, solo que no te sientes sucio cuando lo ves. La cara oculta de la luna
Sin embargo, toda historia de éxito lleva asociada una amargura, un regusto agrio que se puede obviar en sus comienzos pero que se hace evidente con el transcurso del tiempo, cuando la senectud de la criatura arroja arrugas y fatigas a la par que sabiduría y golpes de efecto. El truco estriba en retrasar esos signos de manera natural todo lo que se pueda. La longeva serie de suspense y ciencia ficción tuvo muchos baches por el camino, incluida una muerte fatua, una resurrección tan celebrada como esperada y un par de años finales de estertores narrativos, polémica y críticas para todos los gustos. De nada de eso nos ocuparemos hoy, no obstante, porque sobre ello hay documentación de sobra a lo largo y ancho de esta red.
La prima de Expediente X fue Millennium, que se emitió en Canal+ durante unos añitos. En ella, se establecía que lo paranormal era un hecho --al contrario de la duda razonable en la que mamá X se movía en sus primeros años-- y el agente Frank Black se dedicaba a investigar unos casos aún más misteriosos y oscuros que los de Mulder y Scully. La serie tenía vida propia pero la progresiva huida de la audiencia hizo que tras su cancelación repentina después de tres temporadas, hubiera una especie de final para el personaje de Frank y su esposa en el episodio «Millennium» de Expediente X. A pesar de su corta vida, recibió muchos premios, buenas críticas y, en perspectiva, resultó ser lo único de Carter que cosechó algo de éxito sin tener una X en su título.
Harsh Realm --cancelada tras tres episodios-- trataba de añadir un nuevo punto de vista a todo aquello de la ciberrealidad que tanto se puso de moda a mediados de los años 90 con películas como El cortador de césped; ¡nadie pareció darse cuenta de que llegaron casi una década tarde! Contó con Terry O’Quinn, abonado a las series Carter, y la voz de Gillian Anderson y no tenía que ver con Expediente X para nada (aunque muchos ven en el episodio «First Person Shooter» de Expediente X, emitido medio año después, un homenaje a esta serie). Sin embargo, formaba parte de lo que podíamos llamar «los mundos de Carter», o las series que el guionista escribía para la Fox, expectante porque aquel les diera un nuevo juguete con el que liderar las ondas durante una década más. No fue así, como tampoco lo fue The World on Fire, una aventura mano a mano de Carter y J. Michael Straczynski (Babylon 5, Jeremiah) que ni siquiera llegó a rodarse. El devenir de los acontecimientos en el universo televisivo es en verdad durísimo, tan lleno de recovecos y oportunidades como tortuoso; no sabemos si Chris Carter se retirará para siempre o algún día firmará un guión que le devuelva a los primeros puestos de popularidad. Por fortuna, a pesar de que ahora reside en la cara oculta de la luna, al menos en España le recordaremos como el responsable de aquella forma increíble de contar historias, de ese modo de mezclar géneros y de columpiarse en los estándares de la profesión con valentía y gracia para hilvanar aquellas historias. Ya tengo a mi repescada
En ese proceso de repaso, hace dos años descubrí Veronica Mars y me enamoré de ella sin remedio; en el otoño de 2005, la que se hizo con mi corazoncito fue Me llamo Earl y este año, el honor recae en 30 Rock. Sabed que lo digo con la boca pequeña, porque el piloto no me atrapó --digamos que estaba bien--, pero el segundo episodio me ha hecho reír tanto y tan alto como hacía tiempo que no me pasaba. De 30 Rock se ha dicho de todo y yo añadiré al montón, usando términos de culebrón, la etiqueta de «malvada hermana gemela de Studio 60»; 30 Rock (apócope de 30 Rockefeller Plaza) es el mundo de la telecomedia visto desde la telecomedia, una teleserie sin risas enlatadas (¡bien!) creada, producida y protagonizada por la talentosa Tina Fey (Saturday Night Live), que arranca cuando la crisis de audiencia de The Girlie Show obliga a incorporar a un nuevo protagonista a su elenco mientas la propia televisión, la NBC, suma un nuevo directivo algo estrafalario a supervisar las operaciones creativas de la cadena. Suena muy parecido al arranque de Studio 60, ¿verdad?, pero para nada hablamos de copias, referencias o plagios (¿cómo podría ser si las series se estrenaron a la vez?) sino de elementos accesorios que simplemente se utilizan como propulsores del argumento. 30 Rock es una mezcla de ingredientes aparentemente iguales a la serie de Sorkin que, sin embargo, arroja un producto completamente distinto. Tina Fey y Alec Baldwin no son Matthew Perry ni Bradley Whitford ni falta que les hace; ellos dos solos son capaces de aguantar el peso de la serie con sus diálogos ingeniosos, los flashbacks absurdos (impagable cuando ofrecen pizza a la audiencia para sobornarla y que accedan al cambio de nombre del programa) e incluso el humor físico de 30 Rock. La serie tampoco pretende aleccionar a la audiencia con largas diatribas envueltas en alta moral, sino divertir y sabe no tomarse en serio a sí misma.
Así que ya tengo mi repescada de este año y, si vosotros queréis, también podéis darle un tiento. La consumiré con cuidado y responsabilidad, con la esperanza de que futuros episodios no echen abajo mis expectativas, pero con la alegría de haber descubierto en ella algo divertido e interesante que echar al saco cada semana. ¡Si no la cancelan! España también existe
Así que empecé a vivir al margen de la tele en España. Llegó un momento que saqué la tele de mi habitación y los contenidos televisivos de la prensa despertaban en mí tanto interés como la sección taurina o deportiva. Lo que yo leía era EE UU y solo EE UU. Imagináos mi sorpresa, pues, cuando de repente España ha entrado con relativa fuerza en la edición digital de Variety, cuya vocación internacional de informar del mundo del espectáculo me ha traído noticias de España a mi pantalla. Como un recuerdo olvidado, moribundo bajo capas y capas de polvo y desorden, ha regresado una idea tan sencilla como clara: en España también se ve la tele. Curioso que haya sido a través de una publicación estadounidense, ¿no? Eso sí, la noticia es sobre una ficción de allí, ya que aún no se atreven con joyas como MIR o Manolo y Benito corporation. Menos mal. Y, ¿cuál es la noticia? (un extra). La noticia del Variety es que Heroes arrasó con la audiencia en su estreno telemadrileño. La serie levantó a la cadena hasta el 15,5%, casi 5 puntos por encima de su media habitual, por encima de Anatomía de Grey (14,8%) y Prison Break (6,6%). La propia publicación reconoce que al folletín superheroico le ha ayudado mucho el boca a boca y la enorme cantidad de descargas de la serie que se han producido antes de su estreno. Que vengan los de la MPAA, la SGAE y demás y nos digan de nuevo eso de que descargar perjudica a la industria. Esta noche es el segundo asalto de Heroes en la tele. A ver qué tal les sale. Si funciona, no lo toques
No soy precisamente un crítico de Addison. La actriz que la interpreta no solo es bellísima sino que ha conseguido dar profundidad a un personaje que se pensó exclusivamente para crear problemas y para que la audiencia se cebara durante algunos episodios. Kate Walsh lo hizo suyo; con su encanto y buen hacer lo llenó de matices y humanidad hasta el punto de encandilar al público unánimemente y en menos de diez episodios ya formaba parte del elenco de la serie. Es más, la doctora Addison Montgomery se me antoja, junto a Miranda Bailey, como la única persona con dos dedos de frente de toda la plantilla del Seattle Grace. Es comprensible que la ABC quiera estrujar a la niña bonita, a la serie con más éxito del momento, pero la idea no solo es prematura, sino que puede marcar el momento de inflexión en la vida de Anatomía de Grey. «Divide y vencerás», decía César; «saltar el tiburón», decimos otros. J.J. Abrams se lo pasa bien
Hace tan solo diez años, Abrams era alguien con ilusión que había escrito algunas historias con fortuna mayor (A propósito de Henry) o menor (Siempre joven, Armaggedon). El 29 de septiembre de 1998, la WB estrenó Felicity, su primera aventura junto a Matt Reeves, que unió a crítica y público a la hora de las alabanzas hacia la serie. Aunque en ella, J.J. apuntaba maneras de hombre renacentista --escribía, dirigía, componía música y hasta cantaba-- no fue hasta 2001 con Alias cuando obtuvo un cierto reconocimiento de su talento a nivel doméstico. Aunque el drama espía bebía mucho más de lo que pensáis de la primogénita del gafapasta, Alias tenía un lenguaje distinto y un enfoque más turbulento a la hora de dibujar las relaciones humanas y el concepto de familia. El último año de Felicity y el primero de Alias fueron contemporáneos y por aquel entonces ya se alzó alguna crítica de que la concepción y gestación del thriller había supuesto el abandono (y consiguiente merma de calidad) de Felicity. Sin embargo, gran parte de la audiencia había dado la espalda a la señorita Porter entre su segundo y su tercer año de facultad y ahora estaba encandilada con los avatares de la señorita Bristow y su doble vida, por lo que aquellas opiniones no tuvieron demasiada repercursión. No interesaban mucho.
Igual que Felicity, Alias se resintió muy gravemente de la huida de su papá a tierras más cálidas. Perdidos, así lo sentimos, fue el principio del fin de Alias, que cayó en picado a partir de su tercer año (contemporáneo del primero de los de la isla), como el propio Abrams reconoció el verano entre la tercera y cuarta temporada, y jamás se recuperó. Ahora, aquellas voces sonaban con más fuerza o, por lo menos, supieron hacerse escuchar. Mientras Jack, Kate, Boone y Hurley se tostaban al sol y obtenían galardones sin parar, Sydney, Irina y Marshall lo pasaban fatal en los audímetros y ya no figuraban en todas las categorías de premios y entrevistas. Dos años después, Alias se marchó de la televisión con un final programado aunque precipitado (y malo), mientras que Perdidos figuraba entre las tres series más vistas de la semana. La tendencia de Abrams a emprender nuevas aventuras continuó y ya durante el segundo año de la fantasía isleña concentró su creatividad en el desarrollo de otra serie, The Catch, y al rodaje de Misión Imposible III, su estreno como director cinematográfico. También preparó la producción de dos series nuevas, Six Degrees y What About Brian, y su productora, Bad Robot, tenía bajo la manga más ficciones en desarrollo. Sin duda, 2006 fue un año en que Bad Robot se tornó en un hervidero de ideas que arrojaba noticias día sí y día también.
La pregunta que subyace a este comportamiento y que nadie parece quererle hacer a uno de los creativos de Hollywood en apariencia más simpáticos y cercanos es cómo afronta el proceso de desarrollo de sus propias obras. Algunos aficionados opinan que se debería ocupar de acabar lo que empieza o, como mínimo, supervisarlo mucho más estrechamente. Otros pensamos que el fallo principal de Abrams hasta ahora ha sido el no saber acertar a la hora de escoger una mano derecha que comprenda su peculiar manera de entender el proceso de contar historias, algo que ha corregido con Perdidos, si nos fijamos que su segundo año --el más fuerte y versátil desde el punto de vista creativo-- ha funcionado sin él. Sin embargo, aquellos que admiramos la creatividad y el ingenio por encima de todas las cosas, podemos comprender el hecho de que cuando una idea se te cuela en la cabeza, no puedes parar hasta quitártela de encima y que, por mucha ilusión que te haga algo o por mucha vida que te hayas dejado en crearlo, al final todo aburre y se buscan nuevos horizontes, pastos más verdes. Resulta un ejercicio arduo el encontrar un equilibrio entre diversión, talento, creatividad y fidelidad a uno mismo mientras se busca desarrollar nuevas líneas y jugar con la innovación. En la tele y en el cine, tienes poquísimas oportunidades de demostrar lo que vales y la audiencia y los jefazos son caprichosos y cambiantes. Si tanto queda al azar, a merced de tener un buen día o una idea feliz, ¿por qué no intentar obviar toda esa presión y divertirse mientras dure el momento? Viendo su currículum en la IMBD, desde luego parece que J.J. se lo está pasando bien. Que le dure muchos años. La gran familia de la WBHay algo que siempre me entusiasmó de la WB: el esfuerzo que hizo para dar una imagen cohesionada de familia numerosa. La cadena nunca estuvo en la primera división televisiva por muchas razones, pero eso no echó atrás a sus jefazos. Siempre tuvieron muy claros sus objetivos, el público al que querían dirigirse y el tipo de negocio en el que se movían. El tiempo les dió la razón moral y cuando anunciaron su fusión con la UPN (que trató de reinventarse infinidad de veces sin éxito), la mayoría de la parrilla de la cadena sobrevivió al traumático proceso. Puede que Heather Graham jamás tomara café con James van der Berk, que Sarah Michelle Gellar no pudiera estar en la misma habitación que Scott Foley y que Alysa Milano quizá quisiera que David Boreanaz le mordiera el cuello, pero eso no resultaba óbice para que al principio de cada temporada, la WB abriera fuego con un promocional donde juntaba a todos sus actores. Como no podía ser de otro modo, el anuncio era una excusa para recordar a la audiencia lo que representaba la cadena: juventud, diversión, frescura, culebroneo y ausencia de complejos. Con un una musiquita que aderezara el festival pillacaras, allí saltaban al ruedo todos guapísimos, arregladísimos y con cara de haberse vaciado un bote de Xanax antes de que los focos se encendieran. Cuando celebramos la I Ronda de Pilotos, hubo un intento de hacer un pillacaras para dar más emoción al asunto. Las promos que usé entonces fueron las de 1999 y 2000, que con la perspectiva que da el tiempo, parecen las más redondas (la prueba es que reusó la música del 99 para sus promos finales): Faces of theWB (1999 - 2000) (enlace al vídeo) Faces of theWB (2000 - 2001) (enlace al vídeo) Parece curioso que nadie haya reparado en que estos pequeños detalles son fundamentales. No solo hay que crearse una imagen con las series que emites, sino que hay que saber venderla y hacer que el público la acepte como suya. A la larga, garantiza que la gente conocerá tu producto y hablará de él aunque sea minoritario. Fijáos en las promos y veréis que conocéis a todos o casi todos los que salen en ellas, ¿acaso pensáis que si la CBS o la NBC hicieran algo parecido, seríais capaces de reconocer a los actores de todas sus series?. El año pasado, la WB se marchó para siempre, pero hasta eso lo hizo con clase también: Otra vez comiéndome las uñasParece que esta vez sí. Regresa Babylon 5 (aquí, la foto con el nuevo logo). Será en julio de este año cuando salga a la venta «Voices in the Dark», la primera nueva historia de Babylon 5 en formato «directo a DVD». Ahora mismo están con la posproducción. Han sido tantas las veces que nos hemos quedado en las puertas, que uno ya no sabe qué pensar, pero de ilusión también se vive. |