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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. La muerte del género es relativa¡Se acabaron las vacaciones! Aquí estamos de nuevo para darle al mando a distancia con soltura y artritis del pulgar
Cuando Friends se despidió de las pantallas hace ya casi tres años, todo el mundo se lanzo a afirmar que la comedia televisiva estaba muerta y que pasarían años antes de que el género regresara a la tele. Una exageración obvia si tenemos en cuenta que al año siguiente ya asomaron productos como The Office y dos años después asistimos al nacimiento de series como Everybody Hates Chris, Me llamo Earl, y Cómo conocí a vuestra madre. Sin olvidar que por la pantalla seguían comedias buenísimas como Scrubs. La muerte de la comedia ha sido declarada en muchas ocasiones sobre todo coincidiendo con el final de series paradigmáticas del género como Frasier, Cheers, Seinfeld o MASH. Quien dice comedia, dice cualquier otro género (salvo el drama). La ciencia ficción y la fantasía también estaban en el vagón de cola hasta que desembocaron en la pequeña pantalla Perdidos, Galáctica, Héroes o Sobrenatural. Ahora se empieza a hablar de la muerte del género drama-culebrón con la despedida de The OC y seguramente cuando acabe 24 se dirá que la acción ha completado su ciclo en la televisión. La realidad, sin embargo, nos dice que eso son supersticiones televisivas, si me permitís el término que no se cumplen Pero en algo se tendrán que entretener los críticos y los fans desaforados, ¿no? Dejadles desahogarse pero no os creáis ni una sola de sus palabras. En consideración
Por ahora, tengo un par de ideas, pero me falta madurarlas, aunque serán preguntas relacionadas con la propia bitácora así que los veteranos (o los que sepan usar bien el buscador de la parte inferior) se llevarán el gato al agua. Vosotros, ¿tenéis alguna sugerencia? Mientras tanto, podéis votarme en el concurso de blogs de 20 Minutos, ¿no? La mona se viste de seda
Quizá por esa magia que rodea al proceso creativo --y que muchas veces las cadenas devalúan al convertirla en cifras y comunicados-- las noticias que más pican mi curiosidad son precisamente el desarrollo de nuevos mundos televisivos. Y sí, soy un fijo de las Development News de The Futon Critic. Aunque la noticia tiene más de un mes de antiguedad, no parece que nadie se haya hecho eco de ella, y como tenía ganas de comentarla, hoy la saco del tupper ware. Se trata de Fugly, la nueva serie que se está gestando en Amigos de García Productions, la productora de Greg García, el creador de Yes, Dear y Me llamo Earl.
Potencial, la serie tiene un rato, y dependerá de el enfoque que García y sus chicos le den. En mi cabeza, es una especie de La ciudad no es para mí pero con un protagonista a lo Brad Pitt que esconde un Paco Martínez Soria en su interior. Desde luego, si son capaces de usar el concepto de basura blanca del mismo modo con que lo hacen en Me llamo Earl, tendrán un fanfatal a este lado del charco. Premios para JaimeYa sabéis que nos hemos divorciado y que he decidido pasar totalmente de todos los premios del mundo pero como el alcohólico que suspira por un mísero cubata, me gustaría iniciar un movimiento revolucionario para que Jaime Pressly se lleve absolutamente todos y cada uno de los premios relacionados con comedia televisiva que se entreguen durante 2007 en el mundo.
No me preguntéis por qué pero Joy me encanta. De acuerdo que es racista, egoísta, mala persona, no tiene metas en la vida y tampoco entiendo la mitad de lo que dice... vamos, el típico fenómeno de la naturaleza del que querrías estar lo más lejos posible. Sin embargo, a la vez resulta graciosa, ocurrente, decidida, es buena madre y tuvo el buen criterio de dejar tirado a Earl por alguien que es mucho más inteligente que todos ellos juntos. Vamos, que me tiene conquistadito.
Me cuesta pensar en Me llamo Earl sin Joy y viceversa. Jaime Pressly ha hecho muchísimo por el personaje y no creo que fuera alguien tan adorable sin ella. Su interpretación podría ser una mera caricatura de un cliché de estadounidense medio pero es una caracterización en toda regla que redondea al personaje mucho más allá de lo que jamás habríamos imaginado. Jaime muestra un amplio rango interpretativo que pone al servicio del personaje y lo hace suyo en palabras, gestos y acciones. Si eso no merece un reconocimiento, pues ya me diréis el qué entonces. Mientras ese momento llega, ¿a qué esperáis para empezar a ver Me llamo Earl (los miércoles a las 21:45 en la Sexta) de una vez por todas? ReferenciasEn su mayor parte, la ficción televisiva es un ejercicio de escape de la realidad o un uso de esta como trampolín para evadirnos durante unos minutos al día. Quizá por eso cuanto más irreal es algo, más nos gusta (¿dónde está el éxito de Perdidos y Heroes, si no?) Incluso las series más enraizadas en lo cotidiano tienen sus grandes momentos en las breves fugas de la lógica (Urgencias y sus helicópteros). Con Scrubs pasa lo contrario: son todos tan marcianos que cuando hacen una referencia cruda hacia algo actual no puedes evitar sonreír, como si te dieras cuenta que en el fondo, fondo, fondo, estamos todos bajo el mismo sol. Es una chorrada, pero no puedo resistirme a compartir con vosotros la perlita de Jordan sobre la depresión posparto: «No puedes librarte de esto a través de la pura voluntad, el pensamiento positivo o haciendo caso a los consejos de una gran estrella de Hollywood y el escritor de ciencia-ficción muerto al que adora. Necesitas ayuda» Es un chiste gastado pero, no sé por qué, contado en Scrubs te da risa. Será que amo a los personajes o será que la actriz está embarazadísima y parece que te hace más tilín que las gracias las haga una ballena con patas. Sea como sea, me encantan las referencias, ¿recordáis el clásico de hace dos años? ¡El doctor Cox no dejaba títere con cabeza! Las nuevas estrellas
En EEUU hace años que la televisión superó al cine en variedad y calidad de contenidos. Sus productos son más innovadores y atractivos en su conjunto que los que vemos en las pantallas de cine.
Igual que las marcas han conseguido legiones de fieles, ciertos creativos se han hecho un hueco en los corazones de los espectadores. Pero esta es una tendencia reciente. En el pasado, salvo el raro caso de Aaron Spelling, los Jerry Bruckheimer y John Wells de antaño fueron olvidados y la historia los ha relegado a ser plumillas al servicio de sus estrellas. Ya hablé en su día un poco de ello. Por fortuna, los tiempos cambian y la justicia termina llegando también al mundo de la televisión. Hoy en día, ya no nos sirve solo saber cómo acaba una historia sino que queremos saber cómo se concibió y se ejecutó. Puedo sentir una devoción enfermiza por Felicity Porter o Sydney Bristow pero de nada me sirve que Keri Russell o Jennifer Garner pasen horas hablando de lo mucho que les gustó interpretarlas (es más, me interesa muy poco); prefiero que me cuenten cómo se metieron en el papel del personaje y, sobre todo, quiero que su padre me hable de lo que le pasaba por la cabeza al escribirlo. Es cierto que esta no es la regla general. Algunos prefieren investigar hasta la extenuación si Isaiah Washington llamó «mariconazo de mierda» a T.J. Knight y plagar los foros de mensajes de odio hacia la ABC por no poner al actor de patitas en la calle, pero para mí es una experiencia mucho más enriquecedora ser capaz de ver cómo ambos actores --que seguramente no podrán ni verse en la vida real-- son capaces de ser los mejores amigos en la pantalla. Como yo, muchos televidentes han reordenado sus preferencias a la hora de consumir y aunque antes los nombres que atraían a la audiencia eran los de los protagonistas, hoy las de sus productores son su primer criterio a la hora de ponerse delante de la pantalla. La ABC no solo ha sabido reinventarse con éxito sino que demuestra que su popularidad no es casual y está fundamentada en conocer muy bien cómo funciona la cabeza de esta nueva generación de telespectadores más sabia y selectiva. I concurso «Felicity Porter» de cultura televisiva
El concurso es sencillo. Consiste en adivinar el nombre de los cuatro polloperas que acompañan al texto del artículo «Las nuevas estrellas», publicado el 18 de enero de 2007 en esta página. No se tendrán en cuenta las posibles faltas de ortografía (ej: Jhon por John) pero hay que ponerle intención al asunto (ej: John Mayer no es lo mismo que Phillip Mayer) que para eso se inventó Santa IMDB. Las respuestas no se deben escribir en los comentarios de la bitácora. El concursante que lo haga, queda descalificado. Las respuestas deben ser enviadas al correo de Mi caja tonta, que se sitúa bajo el logo de la bitácora (empieza por rockandrollstar) con el asunto «Felicity es la más mejor». Podrá concursar todo aquel que lo desee con el número de respuestas que quiera pero solo se permite una respuesta por correo y no vale enviar la misma respuesta mil veces. Entre todos los que acierten se elegirá al ganador mediante un riguroso sorteo a dedo. Aquel recibirá como premio un pack de DVD de la primera temporada de una de las cuatro series creadas por los polloperas. La que el ganador elija. Excepcionalmente, si el ganador ya tuviera la primera temporada de la serie elegida, podríamos mirar el comprarle otra temporada de la misma serie para que así complete su colección y su estantería tenga mejor aspecto para que las vecinas se caigan de culo al verla. El concurso comienza hoy, viernes 19 de enero de 2007 y se podrán enviar respuestas hasta las 23:59 horas del jueves 25 de enero de 2007. El nombre del ganador se hará público durante el viernes 26. Se comen la pantalla
En general, se suele considerar scene stealers a los personajes secundarios (o terciarios) cuya breve aparición hace que merezca la pena cada segundo que pasan en la pantalla, eclipsando incluso a los protagonistas de la serie. Ejemplos se pueden encontrar muchos y seguro que vosotros tenéis alguno en la cabeza (¡para eso están los comentarios!) Entre los que se me ocurren a mí, está Quagmire, de Padre de familia, cuyo «Tomatomatomatoma» merece figurar en el imaginario popular junto al «Ja-jaaaá» de Nelson (Los Simpson) o al «¡Oh, Dios mío!» de Janice (Friends), otros dos secundarios populares. Además de aportar coletillas ocasionales, otros personajes gozan de un protagonismo puntual que transforman la vida de los principales de la serie para siempre (¡que se lo digan a la «chica de las fotocopias»!). ¿Qué decir de Joy Turner que no haya dicho ya? Cierto que podría considerarse protagonista y no secundaria, pero está claro que se come la pantalla.
No os escapáis sin la referencia a Felicity, serie que no habría sido lo mismo sin Richard Coad. Richard representaba al clásico plomo insoportable que a fuerza de verle, terminas tolerando, aunque siempre tenga la peor frase en el peor momento. A pesar de todo ello, llegó a ser presidente de los estudiantes de la Universidad de Nueva York con su popular eslógan: «Pizza gratis todos los viernes» En mi DisCoMe gustan muy, muy pocas cosas de las que se emiten por la tele y las que me gustan, o bien las repiten hasta la saciedad (Los Simpson o los dibus de las tres en la Sexta) o no estoy en casa para verlas. Lo que hago es baj... obtener copias de seguridad de las que hay por internet. Así que si quiero ver un episodio de algo, me siento, lo veo sin anuncios y cuando acaba, sigo con otras cosas. Muchas veces hasta hago algo mientras lo veo como ordenar papeles, poner al día mi agenda y cosas así. Si viviera en EEUU, seguro que necesitaría un TiVo por eso de que los lunes y los jueves son muy estresantes y porque, qué leches, es un aparato al que sacaría partido si fuera un asimilado de la tele yanki. Pero como aquí ni lo tengo ni lo necesito, uso mi disco duro. ¿Y qué es lo que hago con mi MódeMo y mi DisCo durante la semana? Los lunes, los pongo a trabajar con las Marujas Desesperadas y con Cinco Hermanos (mala traducción, me da que hay una hermana que no han contado) y, ahora que la han cambiado de día, Galáctica. Los martes ya están en mi casa Cómo conocí a vuestra madre, Heroes, Everybody Hates Chris, Studio 60 y What About Brian? (la serie no es muy allá, peeeeeero...). 24 salió de mi parrilla el año pasado y Prison Break saltó el tiburón, así que ninguna de las dos son ya parte de mi consumo habitual. Los miércoles es el turno de Veronica Mars. Los jueves, desfilan por el cable Friday Night Lights y Knights of Prosperity. Dentro de poco, regresará Perdidos aunque estoy a nada de sentarla en el banquillo... ya veremos. El viernes es la locura tras el superjueves estadounidense: Me llamo Earl, Scrubs, Urgencias, The Office y Anatomía de Grey se ponen a la cola. Menos mal que no me gusta CSI. He añadido a la lista el piloto de The Dresden Files, que se emite los domingos. No parece a priori que la serie me vaya a enganchar ya que me da la impresión de que se ceñirá al «caso de la semana» pero cuando vea el piloto os lo diré. En fin, puede parecer que veo muchas cosas al día, pero en realidad dedico una hora y poco al día a ver lo que llega. El resto del material se va acumulando para los fines de semana o la época en la que no se emite nada (¿alguien se acuerda de cómo era la cara de Veronica Mars? ¡Hace siglos que no ponen un epi nuevo!). Ahí está mi parrilla, ¿cuál es la vuestra? Retocar el arteCualquier cadena de televisión se enfrenta a un problema constante: tiene que rellenar su parrilla durante 24 horas, siete días a la semana. Cuando tienes programas que funcionan en determinado horario, puedes relajarte al pensar que al menos durante meses (años, en el mejor de los casos) tendrás algunos huecos llenos. El problema viene cuando diseñas una parrilla completa y esta hace agua por todas partes, aunque eso es harina de otro costal. Para las cadenas que centran su actividad en la sindicación, el riesgo es menor, ya que lo que hacen es comprar series de segunda mano que ya han sido probadas en el mercado. Por ejemplo, Los Simpson llevan 18 años en antena y Urgencias, 13, así que si eres dueño de un canal sindicado, saca la chequera, programa las series a razón de un episodio diario, y échate a dormir. La dificultad para muchas productoras, sin embargo, estriba en que hay series que aguantan peor el paso del tiempo. Yo sigo tragándome los episodios de Embrujada cuando hace su aparición por Telemadrid, pero reconozco que no es porque la serie siga siendo fresca hoy en día sino porque estoy absolutamente enamorado de Elizabeth Montgomery. En esa línea de lo que aún vale o no, ¿qué nos puede ofrecer la serie clásica de Star Trek* en una época de Galácticas, Guerras de las galaxias, Matrix y Futuramas? O, en términos de negocio televisivo, ¿cómo se puede vender a los nuevos espectadores una serie que tiene cuarenta años?
En general, esta medida ha sido recibida con buenos ojos por la comunidad de aficionados y no se ha avistado ningún grupo de seguidores haciendo vudú al logo de la CBS o la Paramount, a diferencia de lo que sucedió cuando George Lucas anunció que iba a retocar (por segunda vez) sus tres películas originales de La guerra de las galaxias. Este tipo de intervenciones trae a primer plano del debate la eterna pregunta de quién es el verdadero dueño de lo que nos es entregado y de si es lícito cambiar lo ya visto en nombre de lo que se quiera esgrimir como argumento (mayor fidelidad a lo original, aumento de ventas, restauración...). Mi opinión en todo este debate es que el dueño de todo es el que lo concibió en un principio. Es su visión, es su arte y suyo es el éxito o e fracaso del mismo. Por mí, Leonardo bien podría levantarse de la tumba y ponerle un bigote a la Mona Lisa: el cuadro es suyo. Otra cosa es que luego los receptores de ese arte queden convencidos del resultado. Pero veamos el ejemplo práctico, un breve montaje sobre el concepto de los cambios que se han hecho en Star Trek. Merece la pena echarle un ojo, especialmente si conocéis la serie. El vídeo es del episodio «La máquina del Juicio Final» («The Doomsday Machine»): Star Trek se creó en una época en que la televisión en color no estaba del todo extendida y los decorados se concebían en su mayor parte para que quedaran bien al ser vistos en blanco y negro. Asimismo, se tenía poco dinero para hacer los efectos especiales y sonoros (muchas veces, había secuencias completamente recicladas de otros episodios) y el dinamismo de las secuencias en el exterior brillaba por su ausencia porque importaba menos que confeccionar un buen guión. A la hora de elegir, se prefirió superar las limitaciones a la hora de escribir y actuar que a la hora de hacerlo bonito. Una muy buena elección que hoy en día sigue siendo válida, aunque no mucha gente la tenga en cuenta. Resulta complicado dar una respuesta categórica y universal a la pregunta de si es lícito alterar algo que se consideró finalizado y definitivo hace años. Lo mejor es hacer un examen de conciencia sobre lo que de verdad motiva esos cambios y si se tiene en mente el concepto original o algo un poco más mundano. El rasero por el que se mide el éxito son las perras, para qué engañarnos, pero en un mundo perfecto de tribbles y ausencia de divisas, la bondad de los cambios lo dará la intención del que se atreva a desempolvar los pinceles y retocar el lienzo.
Con todo esto en mente, ¿merece la pena realizar una «mejora» de lo ya visto? Creo que sí, máxime cuando las modificaciones se han realizado con muy buen gusto y cuidando los detalles, para que los bipbip y los añadidos no sean una distracción sino un apoyo de lo principal, que es la acción y los personajes. ¿Y qué hay que objetar a un estudio que se ha preocupado de poner en manos de gente que lleva más de una década diseñando decorados, vestuarios, efectos y accesorios para la saga en vez de traer profanos para hacer el trabajo? En otras palabras, no se altera la esencia sino que se refina. ¡Que viva Star Trek al menos 40 años más! Como el artículo se ha quedado corto en vídeo e imágenes, podéis ver muestras del trabajo realizado en Startrek.com, Dark Horizons y The Trek Movie Report * Para los no avezados: es la serie de los pijamas, los colores chillones y el señor Spock. Y el ganador eeeeees...
¿Qué tal resultó averiguar el nombre de los cuatro polloperas que aparecían en el artículo del concurso? Se trataba de: Aaron Sorkin, creador de Sports Night, El ala oeste y Studio 60, así como la mente que estuvo detrás de las películas Algunos hombres buenos y El Presidente y miss Wade, de la cual sacó ideas para su obra cumbre, la ya citada El ala oeste. Shonda Rhimes era la segunda en discordia, la mente de la que salió Anatomía de Grey (y el horror de la película de Britney Spears) y a la que echaron atrás hace unos años una serie sobre corresponsales de guerra que ahora la ABC ha repescado y probablemente tenga lista para el año que viene. Amy Sherman-Palladino era la otra chica, creadora y jefa de Las chicas Gilmore hasta la temporada pasada, y que también estuvo relacionada con otros productos como Roseanne y El secreto de Veronica. Bill Lawrence era el último de todos ellos, con esa carita de apenado, una de las mentes más surrealistas del mundo de la tele y de la cual se escaparon un día Spin City, Scrubs y la infravalorada con cierta justicia Nobody’s Watching. ![]() Media luz y silencio: está claro, me voy a hacer una foto de los pies He de descubrirme ante la sapiencia de los concursantes. No ha habido muchas respuestas y absolutamente todas los correos han acertado. El concurso era difícil (yo ni siquiera había visto la cara de Amy Sherman-Palladino hasta que colgué la foto) y los que se han atrevido, han demostrado tener mucha cultura televiva. ¡Eso tiene premio! El ganador lo elegiré al modo tradicional: apuntaré los nombres en un papelito con el que haré una bola, la echaré en una bolsa, removeré el contenido y de ella extraeré una bola con el nombre del ganador. Está claro que no tengo tantos medios como las chicas de Bytheway para derimir estas cuestiones, pero es que ya se sabe que las que valen, valen y los que no, a letras. El ganador podrá elegir entre la 1ª temporada --u otra si ya la tienen, si es que estamos que lo tiramos-- en DVD de El ala oeste, Anatomía de Grey, Las chicas Gilmore o Scrubs. Como ni Sports Night ni Spin city están editadas en España o en zona 2, quedan fuera del catálogo de premios. Una pena. Y sin más dilación, el ganador eeeeeeeeeeees: ¡¡María del Mar J.M.!!
Muchas gracias a todos por participar, espero que lo hayáis pasado muy bien y que sigáis volviendo por aquí aunque no dé premios absurdamente y al tuntún. De todas maneras, dentro de poco, plantearé otro concurso cuyos detalles aún estoy pensando. La dificultad será similar, pero no os quejéis ¡porque la fama cuesta! ¡Es la música, estúpidos!La sinergia empresarial entre los estudios cinematográficos y musicales para aumentar las ventas ha tenido, por una vez, un efecto positivo no solo para los peces gordos sino también para los pobrecitos espectadores: la música ha entrado de par en par en la tele para quedarse. La televisión siempre se ha considerado un género menor, la hermana pequeña del cine, la comida rápida de la industria que mantiene a los espectadores entretenidos y felices. No significa que no existiera calidad antes, que la había, sino que no se explotaban las posibilidades del medio en su totalidad. La música ha sido uno de los aspectos que más rápidamente ha evolucionado en la última década, tras años de silencios y bandas sonoras crudas. Ahora estamos en un momento en que hay series cuya música es casi tan importante y reconocible como los propios actores y las tramas; las melodías son una parte más (¡afortunadamente!) de todas las piezas que componen un episodio. Pensad en Alias, en Scrubs o en Anatomía de Grey y decidme si podéis separar la banda sonora del resto de elementos que conforman los capítulos. Es más, Alias fue empeorando según fueron sacando canciones de los episodios, ¿solo casualidad? Muchos televidentes hemos descubierto infinidad de grupos y hemos variado nuestros hábitos musicales gracias a esta nueva forma de hacer tele. El caso más espectacular es quizá el de Anatomía de Grey, que no solo se esfuerza en encontrar tonos que acompañen y definan sus tramas sino que titula sus episodios a partir de canciones. La música no solo es contenido sino que resulta continente. Con esa filosofía, la serie se aprovechó de Snow Patrol y estos de la serie para hacer el vídeo de uno de sus últimos temas, «Chasing Cars», que sirve como recapitulación de lo sucedido al final del segundo año: Todo tiene su lado malo y aprovechado. Me viene a la cabeza el caso de Smallville, una serie creada, producida y emitida por la Warner, que mete canciones a capón en varios de sus episodios, vayan con la trama o no. A veces resulta ridículo ver un capítulo con siete u ocho temas que saltan sin sentido y que, misterios, son de artistas de la Warner que acaban de sacar un disco. Pero, como todo, hay maneras buenas de hacer las cosas y las hay malas, pero eso no resta mérito a esta tendencia tan saludable. El melómano que hay en mí lo agradece y lo aplaude. Anatomía de Grey regresa a Cuatro el próximo día 8 de febrero con nuevos episodios. Es mi obligación recomendaros uno de los mejores dramas que moran ahora mismo en la parrilla. A ver si les dura mucho tiempo. Fase de negación¿Sabéis? Llevo casi ocho meses en estado de negación. Es algo que me va a terminar matando porque trato de reprimir malos pensamientos y enterrarlos en lo más profundo de mi subconsciente y eso no puede ser bueno. Desde que ví el final de Alias, mi yo racional está empleando hasta la última brizna de energía en retener a mi yo más instintivo, que solo tiene ganas de decir muchas cosas (ninguna de ellas buenas) sazonadas con palabrotas e invocaciones a la Willow chunga por el final (ese final) de la serie. Es posible que trate de compensar ese sentimiento de culpabilidad y negación (¿cómo voy a hablar mal de papá Abrams y mi amada Sydney?) con un renovado amor por Felicity y todo lo que J.J. toca (incluso What About Brian?)o a lo mejor ahí reside la clave de mis continuas visitas a la nevera sin motivo aparente, pero es un duelo que aún estoy pasando y cuyas consecuencias no estoy preparado para afrontar aún. Cuando parece que las heridas empiezan a sanar, practico masoquismo y me da por ver las versiones coñeras de MADtv. Y no ayuda, porque me hace recordar que en sus primeros años, incluso cuando Alias tenía cosas de risa, se hacían con tanta gracia y talento, que eran buenas. ¡Qué verde era mi valle! Cuando los mundos chocanHay veces que me siento un poco tonto viendo Veronica Mars. No es porque veamos la serie cuatro gatos o porque cada día tenga menos chispa, no --por poca chispa que tenga, es un festival de fuegos artificiales al lado de ceseíes y jauses, sin ir más lejos-- sino porque se me escapan alrededor de ocho de cada diez referencias culturales de la serie. De modo que cuando estoy considerando el confeccionar una camiseta de inculto recalcitrante, hacen un comentario sobre Garden State. No puedo evitar sonreír (y ajustarme unas metafóricas gafas de pasta): dos de mis pasiones audiovisuales acaban de hacer contacto de un modo sencillo, suave y nada afectado. ¿Será una señal?
Y ya que estamos, he de confesaros que me voy a pedir un papá como Keith para Reyes. Lo pediría para antes, pero no sé si Sus Majestades van a tener tiempo de clonarlo, engendrarlo y hacerlo crecer para mi cumple. |
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