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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007. ¡Atrás, seguidores de U2!¿No os habéis parado a pensar alguna vez la idiotez que encierran los conceptos de «tendencia» y «moda»? Hace algo de tiempo, las hombreras, la licra, los cardados imposibles y las gafas de sol gigantes hacían furor (véase Armas de mujer, sin ir más lejos). ¿Qué decir de los pantalones fusó o de los calentadores? Lo más de lo más durante un periodo indeterminado de tiempo para luego quedar enterrados en lo más profundo del armario... y regresar más de una década después. ¿Quién se inventará todas estas cosas y decidirá lo aceptable y lo abominable?
Sí, amigos, desde que a J.J. Abrams y a todo el equipo creativo de Perdidos y Alias les pusieran el dinero y el volante de la franquicia en las manos, la cautela de los seguidores trekkies se ha ido transformando en felicidad y, tras el doble golpe Spock, en un entusiasmo sin límites. El doble golpe Spock consiste en el fichaje de Zachary Quinto como el nuevo Spock y en que Leonard Nimoy (el Spock original) haya afirmado sin tapujos que ha leído el guión y le ha encantado. Para qué queríamos más: convenciones, páginas web, publicaciones del medio y el habitual encanto de los perdidos funcionando a todo trapo para ir allanando el terreno a la llegada de la peli el día de Navidad del año que viene. Triple síndrome de U2 con esta historia; por un lado, a mí ya me molaba Zachary Quinto desde que prestó a participar en aquella horripilante –pero adictiva hasta la muerte-- pseudobiografía de Tori Spelling, so noTorious, así que llevo un poco mal que el chaval se haga megafamoso de repente; por otro lado, Star Trek siempre será mi primer amor fantacientífico y, mira, tenía su punto que la gente te escupiera y te pegara palizas por gustarte “lo de las orejas” en vez de “cosas normales” como los Europe o el Real Madrid... ahora los trekkies nos convertiremos en los reyes del patio y me pregunto qué haremos con los clásicos pringados de las películas (que siempre eran fanfatales de Spock), ¿serán los veneradores de HBO* y dueños de iPod los nuevos pringados? Me refiero en plan aceptación universal.
Por último –¡ay, por último!-- está J.J. Abrams, que desde que le regaló la primera temporada de Alias a Tom Cruise y firmó con Damon Lindelof la reescritura del piloto de Perdidos es toda una superestrella. Bien que me alegro, ya lo dije en su día, pero mi yo visceral no puede aguantar tanta fama y atención de los medios. No es que sea un envidioso, pero tenéis que saber que cuando vi el piloto de Felicity, ni siquiera en internet (la internet pregoogle, preyoutube y prehistórica) había una foto de mi gafapasta favorito y ahora es que te la regalan comprando un kilo de naranjas. Como decía, es un mundo raro este de las modas. Mi madre apareció el otro día en casa; me había comprado una camiseta de Nintendo... resulta que ahora la vende Fórmula Joven de El Corte Inglés. Ahora es moda. Pues, ¿sabéis que os digo? Quedáos con Quinto (ay, cómo se estrelle Héroes esta temporada) y devorad Star Trek hasta no dejar miga si queréis, pero si Salou era de Fresita, J.J. Abrams es solo nuestro (ya sabéis a quién me refiero).
J.J. Abrams nuestro que estás en Burbank. Alia[s]
* Tiene un contrato para hacer una serie para la HBO y me tendré que comer mis malas palabras con patatas, ¡qué duro es ser coherente y fanfatal a la vez! La nueva temporada (¡ooou-llea!)Reconozco que tengo un morro que me lo piso y que he demostrado ser alguien sin palabra, pero no me podréis negar que al menos me sacudo la vergüenza de encima y persevero en mi idea de regresar, año tras año, al noble intento de mantener un blog relacionado (directa o tangencialmente) con la tele. Alejarse del ordenador y la televisión durante una temporada es doloroso para las personas como yo, para las que el verano es sinónimo de sofá y reposiciones sin fin en La 2 por las mañanas, pero supongo que según te haces mayor, has de atender otras obligaciones. No obstante, puedo verme perfectamente dentro de diez años aprovechando mis vacaciones para disfrutar de mi teleadicción públicamente aireada. No se puede regresar al maremágnum informativo así como así, no hay cabeza que lo aguante y, con sinceridad, tras casi dos meses sin pisar suelo catódico, las brumas de mi teleignorancia se disipan para revelar una vastísima cantidad de información, presentada en colores brillantes, bocinas atronadoras y letras gigantescas... de repente me he reencarnado en Alfredo Landa en La ciudad no es para mí. Tiene sus ventajas, no creáis. Además del baño de humildad que te obliga a darte, regresar casi como un extraño sirve como cura de desintoxicación de las noticias machaconas, cronistas con un ego mayor que su talento y de proyectos cuyo nombre se cuela por las rendijas de nuestra conexión y de los que nunca volvemos a saber; lo más importante, me acerca un poco a los lectores menos avezados que caen por aquí casi de casualidad y que no tienen ni idea qué es un TiVo o de qué pie cojea Ryan Seacrest. Qué ganas tenía de regresar y recibiros con los brazos abiertos. Indescriptible el cosquilleo que siento al ver el logo rojiblanco de TV Guide o al ponerme al día con las columnas de mi novia TV Gal y la emoción --atrás quedó la ansiedad-- de rellenar de chorradas la cajita blanca que me permite comunicaros con vosotros. Con la misma música y el clásico baile de caras en el elenco (¡y nuevos peinados), ruedan los títulos de crédito en la pantalla: bienvenidos a la nueva temporada de Mi caja tonta. Los días perdidos de Babylon 5
Lost Tales llega en un buen momento para ocupar y consolidar un espacio en el medio; la estrella de Galáctica se apaga y Abrams y compañía aún están trabajando para reavivar el fuego de Star Trek a partir de las ascuas que otros dejaron, así que puede que la hora de Babylon 5 haya llegado otra vez. «Voices in the Dark» consiste, en realidad, en dos historias relacionadas por un encuentro en la estación de dos personajes, pero que funcionan de modo independiente. Por los anuncios vistos, parecía que las dos partes iban a imbricarse la una en la otra y que la trama iba a transcurrir por ciertos derroteros familiares --las sagas galácticas--, pero Straczynski ha querido regresar con dos relatos muy, muy fieles al espíritu original de la serie: uno de pura fantasía donde religión y ciencia se dan la mano y otro que examina el alma misma, la bondad y la capacidad de redención. El mayor triunfo de Lost Tales estriba en su fidelidad a lo que promete: encarnar la realidad tangible de que aún queda mucho que contar en este mundo, que el universo babilonia se asemeja a un vastísimo libro de miles de páginas del que apenas hemos leído un centenar y del que aún se pueden arrancar dos hojas al azar para construir una nueva historia emocionante con ellas. Babylon 5: The Lost Tales estará disponible en España el 9 de octubre de 2007 bajo el título Babylon 5: Los relatos perdidos. Os doy toda la libertad del mundo para regalármela. La señora Colombo
Resulta complicado saber los años que Colombo lleva en la tele. Su primera aparición fue a finales de los 60 y, desde entonces, entre series y telefilms, prácticamente ha estado todos los años en antena por lo que le conocemos más que a nuestro propio abuelo. Calculad, pues, las referencias que habrá podido hacer a su señora. A pesar de ello, y quizá por querer explotar una posible franquicia, la señora Colombo sí apareció en la tele. Se trató de, ni más ni menos fans de Star Trek, Kate Mulgrew, la capitana-almirante Janeway de la serie Star Trek: Voyager aunque, eso sí, muchos años antes de calzarse un moño para perderse por el vasto espacio exterior (os confieso que a mí el rollo moño de la Mulgrew-Janeway siempre me ha molado un poco).
Criando malvas¿Sabéis qué? He visto el trailer de Criando malvas y me ha dado una impresión muy, muy buena. Sí, sé que el sexto sentido de mis eneamigas les dice que se va a estrellar estrepitosamente --y aportan razones contundentes--, pero el inocente que vive en las cloacas de mi teleadicción se niega a creer que, a priori, algo con tan buena pinta se estrelle nada más despegar (especialmente con un promocional así de trabajado). Sí, la fantasía y la muerte no han tenido mucha pegada pero, ¿quién iba a pensar que las fumadas mentales de Perdidos y el cómic hecho televisión de Héroes reventaría los audímetros? Así que meto el pie en el río y me lo mojo al afirmar que el piloto de Pushing Daisies se llevará el gato al agua; pero como lo que os gusta es el riesgo y mis salidas de tono, aquí van dos apuestas: la supervivencia de la serie dependerá de que mantengan vivo el romance de los protagonistas (Anna Friel es la hermana gemela perdida de Zooey Deschanel, a la que amo desde que la ví en La guía del autoestopista galáctico) y de esa mezcla de humor negro y cuento de hadas que se adivina en el anuncio. ¿Otra apuesta? Visto lo visto en el pseudopiloto, o los responsables de Anatomía de Addison rehacen el concepto de ¿la comedia? y su tono, o la hija de Anatomía de Grey se pegará un castañazo espectacular... aunque sobre eso me extenderé otro día. ¿Qué tal la semana que viene? ¡Buen fin de semana a todos! Un par de tontadas sobre Anatomía de Addison
Por desgracia, Private Practice (nombre horrible que jamás volveremos a repetir), ha tomado a la Walsh y le ha obligado a interpretar a un personaje que en nada se parece a la doctora Montgomery. Es loable el intento de crear una serie-hija diferente a la madre por parte de Shonda Rhimes, pero no se puede plantear la historia de un personaje querido por el público precisamente eliminando lo que la audiencia ama de ese personaje. En otras palabras, Shonda: no queremos una Meredith cuarentona.
Pues menos mal, pero el señor McPherson debería obligar a que los guionistas revisaran también los personajes. Estos resultan más niños que los de Seattle y aunque la Rhimes afirme que la serie es opuesta a Grey --allí todos son personas sensatas que quieren convertirse en médicos, aquí son médicos buenísimos que quieren ser personas--, tras el pseudopiloto, uno no puede quitarse de la cabeza muchas secuencias de tercera regional y diálogos dignos de la mejor época de Periodistas. Destacamos el homenaje a «la hora Coca Cola light», en el que tres cuarentonas babean por el torso desnudo de un postadolescente con una tabla de surf... en la recepción de la clínica.
Así que trabajad, trabajad, malditos, porque como a la vuelta del otoño nos regaléis secuencias que avergonzarían al peor guionista que jamás haya escrito un episodio de Los vigilantes de la playa, nos va a faltar tiempo para echaros abajo el chiringuito. Ist das Fernsehen der beste Babysitter?Con esa pregunta --¿Es la tele la mejor canguro?-- se descolgó nuestra profesora el otro día y me resultó gracioso todo el asunto no solo por mi historia personal con la caja tonta sino porque al ser un curso de extranjeros, tendría la oportunidad de ver cómo funcionan las cabezas foráneas respecto a la cuestión. Mi gozo en un pozo, al final se llegaron a las mismas conclusiones vacías, partiendo de los clichés descoloridos de siempre (sí, caballero, deje a su hijo frente a la infecta Los hombres de Paco y limpie su conciencia luego echándole las culpas a Antena 3 de todo). Lo gordo vino cuando la gente se puso de acuerdo a la hora de afirmar que nuestro amado electrodoméstico fomenta la agresividad y el estrés en los niños y que es fatal, fatal para ellos. Supongo que si dos se matan viendo el fútbol, automáticamente podemos deducir que el fútbol es mortal (y por tanto, debería ser prohibido). ¿Qué hacemos con los toros, muerte en sí mismos? Todo conclusiones falsas, ad hoc, ergo propter hoc, que diría el presi Bartlet (y los libros de filosofía y lógica). Todo este rollo suena a los mismos argumentos de la industria audiovisual contra internet*, que se fundamentan en una inmensa falta de conocimiento (y amor teléfilo). Simplemente no entienden (como no entiende la gran masa poco inclinada a la reflexión) lo que es la tele y la atacan porque no la conocen, ni quieren conocer sus muchos aspectos positivos y beneficios. ¿Acaso no sería mucho mejor persona Nieves Herrero si viera más episodios de Everwood o Las chicas Gilmore? * O han calado en la población o los han copiado de esta, ¡mal en cualquiera de los dos casos! ¡Esos colores, esos pelos!Ayer me topé con Corrupción en Miami haciendo un barrido por la tele y pude disfrutar de su encantadora apertura. Los flamencos rosas, la lancha saltando, los planos del mar tomados desde un helicóptero ¡y ese grafismo! conforman una secuencia que estará para siempre en mi memoria: Me choca completamente que los 80 y principios de los 90 pariesen unos títulos de crédito sin parangón (MacGyver, El equipo A, Fama, Luz de Luna...) y que sus series, sin embargo, resultaran tan malas y sosas (oh, Dios mío, ya está Tonto metiéndose en un jardín). No me entendáis mal, las ficciones servían para pasar el rato y, a veces, acertaron a la hora de crear iconos de su tiempo, pero la única razón por la que hoy se las tilda de «míticas» estriba en que teníamos menos de diez años cuando las veíamos. Revisad El equipo A; ved más de dos episodios y atrevéos a decir que sus argumentos son cautivadores y sorprendentes. No quiero pintarme como un desagradecido; tienen su encanto, ese dulzor que aporta la nostalgia y hoy no tendríamos grandes creaciones televisivas --o nuevas versiones-- sin sus abuelos de cardados imposibles y licra rosa, igual que Picasso necesitó sus pinturas ruprestres y Delibes, las glosas que originaron nuestro idioma; pero me mantengo firme en la opinión de que la caterva de series de sobremesa ochenteras, mejor las dejamos en el olvido. Que reposen sobre una gloria no del todo merecida. Queremos creer en Bryan Fuller (I)
El argumento brota de estos fenómenos. Ned posee la habilidad única de resucitar a los muertos con solo tocarlos, pero el poder tiene dos contrapartidas; la primera, que si los vuelve a tocar, caen muertos de nuevo y para siempre; la segunda, que si viven más de un minuto, otra persona cercana deberá morir para compensar el desequilibrio producido. Como resultado, Ned ha desarrollado una personalidad muy particular y trata de vivir discretamente sin que su secreto salga a la luz. Todo va bien hasta que dos acontecimientos diferentes cambian su vida: un investigador privado descubre su poder y le propone un lucrativo negocio y su primer amor muere en extrañas circunstancias. Criando Malvas hace uso de tres personajes principales y un par de secundarios para crear su mundo. Chi McBride interpreta a Emerson Cod, el detective irónico y socarrón que probablemente acabemos amando; Anna Friel encarna a la resucitada Chuck, alguien dispuesto a pasarlo bien en su segunda oportunidad; Christin Chenoweth hace de Olive, que parece destinada a ser la Screech de la serie y, por último, Lee Pace como el ya mencionado Ned. El capítulo repite la fórmula de narrador con voz en off para acentuar el tono de cuento que el guionista quiere imprimir en la ficción. Sin embargo, ya desde la primera secuencia, se hace pesada, forzada, innecesariamente dulce durante casi todo el episodio. Entre los personajes principales se atisba una historia de amor, pero mucho menos intensa (o interesante) de lo que se sugiere en el anuncio --oh, descubrimiento: ¡los tráilers engañan!--. El prota se dibuja acartonado, algo que guarda relación con la historia que se nos cuenta; los guionistas y el actor han de encontrar un modo de hacer a Ned interesante pero agradable a la vez. A pesar de lo dicho, casi todo funciona bien en el episodio: la foto, los diálogos, las interpretaciones, pero no parece haber nada en «Pie-lette» que lo haga sobresalir o desmarcarse de otros grandes ensayos de series anteriores. Queda la sensación de que contiene una historia estupenda para un telefilm o película cinematográfica, pero, ¿para una serie de larga vida? Cuando uno acaba de ver el piloto de Los Soprano, El ala oeste o Babylon 5 tiene el pálpito de que aún queda historia en el cajón, cartas que nos irán repartiendo según avance la partida. Con Criando malvas, tras dar el primer paso queda la sensación de que han quemado casi todos los cartuchos, las sorpresas, los reyes de la baraja. Lo mismo que sucedía con Wonderfalls y Tan muertos como yo, otras ficciones firmadas por Fuller. Le concederemos el beneficio de la duda esperando que haya aprendido de sus tropiezos y refinado su modo de desarrollar esa creatividad tan atractiva que bulle en su cabeza. |