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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006. Sin Red
Me tomé unos días para pensar exactamente qué quería hacer. Por mi faceta de escritor frustrado, me gusta contar historias; por mi faceta de médico frustrado, me gusta descubrir (y enseñar) cosas nuevas; por mi faceta en desarrollo de lingüísta, me fascina el poder de la palabra y su relación con la mente. Tenía muy claro que aunque las noticias y los comentarios sobre los episodios no serían el destino del cuaderno sino el origen de aquello sobre lo que iba a divagar. ¿Qué sentido hay en traducir o transcribir noticias de otras páginas? Con todo ello en mente, algo de tiempo libre y demasiada poca vergüenza, me hice la pregunta fundamental: ¿cómo puedo mezclar todo esto para imprimir carácter a los textos y a la página? La respuesta no ha terminado de llegar claramente aún a fecha de hoy, sino que se sigue formando y transformando como algo vivo y dinámico donde se desechan elementos y se incorporan otros, se fortalecen algunos aspectos y a otros se les da la patada, según el tema que se esté tratando o mi propio ánimo o fin al tratar ciertas cuestiones. En resumen, sí conseguí darle un tono personal a esto, aunque el núcleo seguía siendo la tele y el aura que le rodea. A algunos les gustaba y a otros no tanto, al fin y al cabo, es el reflejo de uno mismo. El tiempo hizo que tuviera épocas de acelerón y otras de enfriamiento y que al final lo fuera aparcando. Si usamos un símil televisivo, podríamos hablar de descansos forzados, cambios de horario y repeticiones para llenar la parrilla, amén de problemas técnicos constantes (gracias, Wanadoo, por todas esas imágenes que se colaron en el sumidero que llamas servidor y que nunca volvieron).
Quise dejarlo pero me resultó imposible. Siempre surgían ideas para escribir. Al principio las reprimía, tratando de dar efecto al cerrojazo (mejor dejarlo cuando aún gozas de cierta calidad) hasta que las olvidé, pero seguían llegando. Los comentarios ocasionales (pero muy bienvenidos) de "haz el favor de volver" no ayudaban demasiado en el proceso de "superación del primer amor". Así que habrá que rendirse a la evidencia y decir eso de que el espectáculo debe continuar. Siendo fiel a los elementos consituyentes originales, debe continuar, aunque quizá variando algunas cosas para obtener mayor libertad y flexibilidad. No sé qué voy a hacer, no sé qué voy a contar ni qué voy a escribir o cómo lo haré. Aunque camino por un sendero que ya he recorrido con soltura antes, siento que piso tierras nuevas o que estoy saltando sin red, pero que sea lo que tenga que ser: aquí estamos. Dicho de otra manera: comienza la segunda temporada. Comida rápida
¿Nunca os ha pasado que habéis disfrutado enormemente de algo y que, pasado el momento, os empezáis a sentir mal, os sentís engañados y sabéis que habéis hecho mal? Pues esa es la sensación que he tenido con algunos finales de esta temporada. Los giros argumentales han sido buenos, la pasta gastada en el episodio se ha empleado en una buena producción que ha hecho que el episodio brille, incluso algunas interpretaciones han sido muy buenas y tu corazón ha viajado en taquicardia de principio a fin. Sin embargo, a los pocos minutos de haber acabado, te has dado cuenta de los muchos agujeros argumentales En otras palabras, te has comido una pizza grasosa tú solito y ahora tu tripa no te deja mover para alcanzar el bicarbonato y vas a pasar toda la noche con acidez. Lo malo es que el presidente de Pizza TV está en la tele riéndose al ver que millones de espectadores han cenado lo mismo que tú y sin pudor está afirmando las bondades de su producto, que es sólo un aperitivo de todo lo que tienen pensado comercializar en septiembre, cuando llegue la nueva temporada. Por seguir el símil, que sirva esto de aperitivo para hablar de los finales de temporada de ciertas series. Ya irán cayendo. Defensa imposibleEn varios textos anteriores ya me he referido al término telebasura y por qué no me gusta usarlo demasiado. Naturalmente, soy aún menos partidario de dejar la televisión en manos de organizaciones civiles o políticas para que la regulen a su antojo en nombre de "lo que nos conviene". Hay cosas que hay que dejarlas seguir su curso, aunque a veces estemos tentado de intervenir en ellas. Como, por ejemplo, para modificar la imagen que se tiene de nuestra tele en el extranjero. Qué pena que no entre a valorar la enorme calidad de las series de producción propia (¿alguien ha visto ese horror que es Con Dos Tacones?). Gracias a Patch por el texto. ¿Quién Mató al Señor Burns...Otra Vez?
Sé que estoy en un grupo muy minoritario, pero no me molesta demasiado la política que sigue Antena 3 con Los Simpson. Quizá es porque no soy un seguidor acérrimo de la serie o porque en realidad (oh, paradoja) apenas veo la tele. La cadena los repite hasta la saciedad y muchos de los episodios me los sé de memoria aunque no me esfuerce en aprenderlos, pero la mayoría siguen manteniendo su gracia, su frescura, y aún son fuente de citas y sabiduría popular. No estoy diciendo que repetir una serie hasta quemarla (aunque, en este caso, el propio adjetivo quemado suena quemado) sea lo más deseable o correcto -que no lo es- pero egoístamente sé que si estoy en la cocina (el único lugar donde veo la tele y en el que suelo estar de paso) entre las dos y las tres de la tarde, tengo algo en la pantalla que realmente me apetece ver, y no he que tragarme debates políticos sesgados o un programa de corazón de marras. No es bueno lo de Los Simpson, pero peor sería que nos metieran un ¿Dónde Estás, Corazón?, formato exprés. Atentos, chicos, dentro de poco: Doctor Who. Prólogos galácticos
Aunque en un principio, todo este tema evocaba en mí el viejo oeste, será porque la Galáctica del "presente" es un calco de la sociedad estadounidense actual, parece que los derroteros de la serie transcurrirán por la intriga, la ciencia ficción más pura y la púrpura del poder, enmarcado en el momento más álgido (y por tanto, más decadente) de la sociedad humana. En lugar de arena y saloones, ahora pienso más en megaciudades de edificios titánicos y asépticos. Moore y Eick, reinventores de Galáctica, Estrella de Combate, estarán presentes en su concepción, aunque el episodio piloto vendrá de la mano de Remi Aubuochon, guionista de 24.
Por el lado bueno, no sólo tenemos oportunidad de obtener dosis doble de Galactica cuando ambas series compartan parrilla sino que además podremos disfrutar de dos estilos narrativos (y seguramente visuales también) dentro de un mismo universo: dejaremos las aventuras para los tripulantes de la Galáctica y la intriga para los habitantes de Caprica y el resto de las once colonias. Incluso se pueden plantear algunas tramas que duren siglos, meternos en la cabeza de los cylones (algo que echo en falta y empieza a pesar sobre la serie) y añadir nuevas facetas a una humanidad demasiado deshumanizada para mi gusto. Ya puestos, ¿qué tal Alexander Siddig como antepasado del doctor Baltar? Los actores son clavaditos. La Caja Lista
Leo en El País del domingo la columna «A la parrilla» de Juan Cueto. Defiende, no sé si en serio o irónicamente, el pasado día del orgullo friki, sobre todo por «una importante contribución lingüística [...] Ya no es posible por más tiempo utilizar la voz «friki» como hasta ahora, sin ton ni son, confundiéndola con la telebasura rosa o amarilla». Pero no es eso lo que me ha llamado la atención, sino una observación más cercana a nuestra lista: «A los frikis les gusta mucho la tele y sin complejos de ningún tipo, formato o género, en plan tío Warhol, y son teléfilos tan empedernidos como fuimos los cinéfilos». Tengo una hija de doce años. Da cosas por elementales que yo a su edad ni siquiera sabía que existían y conoce datos que yo hace poco que llegué a conocer. El problema es que -y lo llevo viendo en muchos críos desde hace tiempo- generalmente no saben lo que ven. Es tanta la información que no logran procesarla, no tienen tiempo. Es un problema que tenemos muchos adultos también. Entonces, frente a la «caja tonta» llega la «caja lista», el ordenador o, en realidad, internet. Si la primera nos hacía meros espectadores pasivos de todo lo que nos quisieran poner aunque tuviéramos sesenta canales, la otra nos permite elegir qué vemos y cuándo. Por supuesto, si en la primera el volumen de información era bestial, en la segunda es simplemente abrumador, con todo lo bueno y malo que esto conlleva. Pero las opciones de customización (¡toma barbarismo!), de personalización de nuestra parrilla y de nuestro tiempo libre son enormes también. En esta lista se ha dicho, y con muy buen criterio, que pocas series seguimos ya con el horario que nos impone tal o cual cadena. No sólo el horario: el orden (o desorden) de capítulos, las (interminables e irritantes) pausas publicitarias... Personalmente, hace bastantes meses que no utilizo el vídeo. Yo, que antes tenía ocho o diez cintas sólo para grabar lo que quería ver semanalmente. Es más, varias series y películas que tengo en VHS las estoy comprando y consiguiendo en formato digital. En mi trabajo -que me lo permite- me organizo con mi portátil para ver uno o dos capítulos de alguna serie, nueva o antigua. Esos niños de los que hablaba antes, la próxima generación, no ha «mamado» como nosotros lo de los derechos de autor (derecho innegable por nosotros). Ellos han podido acceder desde el principio a cualquier cosa que estuviera «colgada» en ese limbo virtual que es la red... ¡y pagando sólo la conexión! ¿Quién les va a decir a ellos cuando tengan veinte o treinta años, que tiene que pagar por una canción o por un videoclip? O se ponen las pilas los de la SGAE y se inventan algo, o se les acaba el chollo. Y, bueno, otra prueba de que «el mejor cine está en la tele» es un reportaje que se titula exactamente así en Cinemanía. Nos habla de unas veinte series que vemos o veremos. Un muy breve resumen y unas breves anotaciones de sus mejores armas. Destacan frases como «Dinámica, atrevida, cruel, rodada con estilo nervioso, y sin complejos. Adictiva» (The Shield) o «Una serie capaz de hilvanar diez líneas de guión sin perderse y con la sola ayuda de una dirección espléndida y unos diálogos de lujo (o sea: sin tiroteos ni gilipolleces de ninguna clase)» (The Wire). Además de estas nos presenta otras como Prison Break, Oz, Huff, My Name is Earl, Everybody Hates Chris, Curb your Enthusiasm, Supernatural, Galáctica, Estrella de Combate, Surface, etc... Como ya dijo alguien en esta lista, las mejores películas se están haciendo ahora para la televisión... Perdonad el rollo. |
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