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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006. El fin es más realEl fin es inevitable. Con los dos promocionales nuevos de Alias, la ABC nos anuncia algo que se hizo oficial hace tiempo y es que Alias se marcha para siempre. Ha sido al ver los anuncios cuando la verdad se ha hecho patente en mi cabeza de una vez por todas. Tangible, cruda, real.
Y es que no importa la montaña rusa emocional que ha supuesto la serie, su calidad irregular en los últimos años o la pérdida de dirección de la misma. Alias seguía ahí, con sus personajes, con su mundo, con su chispa tan característica que nos hizo enamorarnos de ella desde un principio. Qué idiotas hemos sido al dar por hecho que Sydney seguiría a nuestro lado incondicionalmente. Alias, menudos cinco años. Cinco años increíbles en muchos sentidos y cuán cierto es que te echaremos de menos. Aún quedan algunas piruetas hasta que baje el telón. Cuando ese momento llegue y hagáis una reverancia para el aplauso final, sólo podremos decir "Hasta siempre". Ya Tenemos Presidente
¡Dioses! Está siendo una temporada muy dura esta en la que estamos. Además de decir adiós a Alias, también se marcha El Ala Oeste, que en los dos últimos años había remontado el bajón creativo de sus días centrales. Y qué duro es decir adiós a algo cuando está en una nueva primavera creativa, cuando ha retomado gran parte de esa dinámica que la ha hecho hacer historia merecidamente. Empezando por el final, el fallecimiento de John Spencer fue resuelto como no podría ser de otra manera, con la muerte del propio Leo McGarry, momentos que me tuvieron llorando como un niño pequeño. La ficción se cuela de nuevo en la realidad y los actores que lloraban a su compañero fallecido se tornan en los personajes que lloran a su amigo perdido. ¡Qué grande Martin Sheen! Y qué grande el funeral de Leo, con filas y filas de caras conocidas y consternadas, y con una gran carga emocional y simbólica, con un ataúd cargado por dos presidentes: el saliente y el electo. Lejos de toda sensiblería, el episodio recupera el tono dramático tan característico de El Ala Oeste, con esos momentos de comedia, drama, miradas, símbolos, diálogos, planos descuadrados, alegorías, enfoques, desenfoques, silencios y largos movimientos de cámara que han caracterizado a la serie desde su comienzo y que parecían haberse desvanecido.
Así, cuando parece que El Ala Oeste estaba dando sus últimos pasos de baile como una manera sencilla y grácil de salir de la pista, el candidato a la vicepresidencia Leo McGarry fallece a las pocas horas de cerrarse los colegios electorales y hace que la victoria de Santos abra un nuevo capítulo en la historia de la legislación (¿qué se hace cuando se muere el candidato en medio de la jornada electoral?). El tándem Santos/McGarry queda cojo y de nuevo, los guionistas se ven con la chicha necesaria para impulsar un poco más la ficción, como cuando se descubrió que el presidente tenía escleroris múltiple, como cuando dispararon a Josh, como cuando Glenallen Walken asumió la presidencia temporalmente, como cuando Qumar... como la mejor Ala Oeste que todos recordamos.
Decidieron los guionistas, sin embargo, que la muerte de Leo era mazazo suficiente para los demócratas como para desalojarlos también de la Casa Blanca. No puedo estar más en desacuerdo con ellos, creo que es un criterio muy blando y sabiendo que El Ala Oeste finalizaba este año, no era necesario encontrarles trabajo en la Casa Blanca a nuestros protagonistas así que una derrota permitiría por fin a todos estos tener algo así como una vida social.
De hecho, este año se ha caracterizado por no darle demasiado trabajo ni siquiera a los habitantes actuales de la Casa Blanca. Casi toda la séptima temporada y gran parte de la sexta se ha ocupado de la política de los partidos y no hemos tenido casi actividad de intramuros, algo casi imperdonable, una vez que la familia de la avenida de Pensilvania se había recompuesto con los cambios en el gabinete de asesores y estaba encontrando su sitio. Es precisamente la certeza que la verja del jardín se cierra para siempre en mayo lo que parece haber dado un poco de cuerda a los viejos conocidos, por lo que se han empezado a atar cabos que llevaban años sueltos y cuyo olvido era tan vergonzoso como característico de las tramas. Sobre la lotería de la vicepresidencia, los rumores apuntan a Sam Seaborn (Rob Lowe) como el futuro número dos de la administración Santos pero yo pienso que si analizamos el perfil que buscaban en Leo (alguien con experiencia en defensa y exteriores, los puntos flacos de Santos), parece que la mejor elección es Nancy McNally, la antigua asesora militar hasta que fue sustituida por Kate Harper. Un latino y una mujer llevando las riendas del país, como si eso fuera a pasar, pero al fin y al cabo se trata de ficción -y de la buena- ¿o no?. Instinto Maternal
Por primera vez en un tiempo, la serie ha vuelto a acercarse a esa Alias que a muchos encandiló. Un episodio doble (bueno, dos episodios sencillos unidos por la varita mágica de la cadena) que tiene todo lo que los seguidores de la serie vamos buscando: un final de infarto relativamente bien resuelto, donde Sydney tiene que salir de una situación imposible por sus propios medios; un equipo de espías que se cierra en torno a nuestra agente favorita y que remueve Roma con Santiago para ayudarla, sin importar lo que eso suponga, como una gran familia unida en el mundo de la inteligencia planetaria; humor, mucho más que el que se haya utilizado en los últimos años y no hablo simplemente de las gracietas ocasionales de Marshall; intrigas, espionaje, recontraespionaje, segundas, terceras y cuartas intenciones; alias, como no podía ser de otra manera. Y claro, mamá espía. Visto lo visto, sería genial que Alias pudiera mantener este nivel hasta su despedida. Además, su audiencia el miércoles fue un 20% superior a la media de esta temporada. Anda que si ahora les da por renovarla... Supersize MeLa NBC lleva un par de años enfrentándose a una crisis de audiencia, propiciada por la marcha de series insignia como FRIENDS o Frasier y por la buena marcha de la ABC. Quizá por eso, está pensando en volver a la fórmula de los episodios alargados (supersize episodes) que tan bien le funcionó hace unos pocos años, combinándola con los clásicos finales especiales con los que todas las series acostumbran a despacharnos al acabar cada temporada. Porque en una semana, entramos en la recta final de la temporada 2005-06. De este modo, tanto Will & Grace (que se despide este año), The Office y My Name is Earl serán elongados por la cadena, estas dos últimas en su episodio de final de temporada, y pasarán de veinte a cuarenta minutos, doblando su dirección, lo cual, por cierto, se está convirtiendo en una práctica bastante habitual. Sin ir más lejos, Perdidos, Alias y Anatomía de Grey también se despedirán este año con un episodio doble. Aunque lo mejor lo dejo para el final. No es nada oficial, ni nada de eso, pero sólo el rumor sólido como una roca de que han renovado Scrubs para una sexta temporada es suficiente para alegrarme este domingo gris y lluvioso. Y es que otro año más de J.D. es mucho. Una Posibilidad Más
Como alguien que ha seguido el trabajo de Abrams desde sus días en Felicity, no puedo evitar una mezcla de diferentes sensaciones en mi estómago. Por un lado, ser testigo de la carrera de Abrams es casi como ver a un hijo que se arriesga y triunfa, que ha ido escalando posiciones para ir conquistando metas cada vez más lejanas y exitosas: de Felicity a Alias, de Alias a Perdidos y de Perdidos al cine y a la producción (con su compañía, Bad Robot). Por otro lado, está el sentimiento egoísta de querer retenerle en el bolsillo del anonimato y las minorías: ¡es mi J.J.! Y luego está mi condición de trekkie, que también desea que la saga descanse unos años más antes de que alguien venga en su rescate. Abrams es un buen creador de personajes y sabe contar historias como nadie, pero no sé qué puede pasar cuando un ajeno a ese mundo coja las riendas de la saga. A pocos les gustó Star Trek Némesis con el tándem John Logan - Stuart Baird (a mí me entusiasmó) y el hecho de tener una enorme productora detrás, puede dar al traste con la visión de cualquier director y guionista. Me da mucho miedo que Abrams se estrelle. De todas maneras, savia nueva es lo que necesita el mundo trek y ahora mismo la estrella ascendente de J.J. parece ser lo que la Paramount busca. Bien por él. El universo de Star Trek siempre ha estado lleno de posibilidades. Ahora tiene una posibilidad más. |